Las termitas de la madera seca son pequeñas, pero su “trabajo” puede salir carísimo cuando se meten en vigas, marcos, suelos o muebles. Además, suelen ir por dentro, sin ruido y sin avisar, hasta que un día aparece la señal típica (esos granitos o polvo de madera) y ya no hay vuelta atrás.
Ahora, investigadores de la Universidad de California en Riverside (UC Riverside) han probado una idea tan simple como efectiva, usar el olor de un compuesto del pino (pineno) para que las termitas se muevan hacia un punto con insecticida aplicado en la madera. En sus ensayos, la mortalidad subió de alrededor del 70% con insecticida solo a más del 95% cuando se añadió ese “olor a comida”.
Por qué estas termitas son tan difíciles
La especie estudiada es la “western drywood termite” (Incisitermes minor), una termita de madera seca que puede vivir dentro de una pieza de madera sin depender del suelo. Eso complica la detección, porque la colonia puede estar escondida en galerías internas y no siempre es fácil saber hasta dónde llega.
En la naturaleza, estas termitas ayudan a descomponer madera muerta, con apoyo de microorganismos en su intestino. El propio equipo recuerda que, en ese sentido, “son recicladoras”. El problema es que no distinguen entre un tronco caído y la madera estructural de una vivienda.
Cuando fumigar funciona, pero tiene peajes
Para infestaciones extendidas, una de las soluciones más usadas en Estados Unidos es la fumigación estructural con sulfuryl fluoride (fluoruro de sulfurilo). Suele ser eficaz si se aplica bien, pero implica sellar la vivienda y desalojarla durante un tiempo (personas, mascotas y plantas). Y, según explican tanto los investigadores como guías técnicas, no deja un efecto protector duradero, así que una casa puede reinfestarse pasado un tiempo.
Además, aquí entra la parte ambiental que cada vez pesa más. Un estudio en Communications Earth & Environment apunta que el fluoruro de sulfurilo se acumula en la atmósfera, tiene una vida atmosférica estimada de décadas (36 ± 11 años) y un potencial de calentamiento global muy alto (estimaciones recientes en torno a 4630 a 100 años). En ese mismo trabajo, los autores estiman que California aportaría entre el 60% y el 85% de las emisiones de este gas en Estados Unidos, y entre el 5,5% y el 12% de las emisiones globales.
El pineno, un “huele a cena” para las termitas
La nueva idea se apoya en dos compuestos volátiles presentes en muchas coníferas, e lalfa-pineno y el beta-pineno. Son parte del olor típico a bosque de pinos, y los autores recuerdan que este tipo de terpenos pueden representar una gran fracción de los aceites esenciales de coníferas.
¿Y por qué importa el olor? Porque, según el equipo, no parece actuar como feromona, sino como una pista asociada al alimento. Dong Hwan Choe lo explica con una imagen muy fácil de entender, “huele bien… hora de cenar”.
El salto del 70% a más del 95% no llega por casualidad
Cuando la infestación no está por toda la casa, existe una alternativa a la fumigación que muchos técnicos conocen como “taladra y trata”. Se perfora la madera para intentar llegar a la galería y se inyecta el producto en el punto adecuado. El gran problema es el de siempre, acertar con la zona donde está la mayor parte de la colonia.
En el estudio, los investigadores probaron si el pineno conseguía que las termitas salieran de su “zona de reunión” y se acercaran al área tratada. En uno de sus ensayos, con disolvente sin pineno solo un porcentaje pequeño de termitas aparecía en la zona tratada al cabo de 24 horas, mientras que con alfa-pineno o beta-pineno ese porcentaje subía de forma notable. Dicho de otra forma, el olor empujaba a más individuos hacia donde interesaba.
La parte más llamativa llegó al combinar la atracción con insecticida. UC Riverside resume el resultado de forma clara, con insecticida solo se quedaban alrededor del 70% de bajas, y con pineno se superaba el 95%. En el artículo científico se detalla que el beta-pineno aceleró el efecto de lfipronil en formulación acuosa, mientras que un polvo de borato (disodium octaborate tetrahydrate) no mejoró con la adición de pinenos en las condiciones probadas. Este matiz importa, porque indica que no es un truco universal para cualquier producto.
Menos química “en el aire”, pero sin bajar la guardia
Desde una mirada de sostenibilidad, el atractivo es evidente. Si una estrategia localizada funciona mejor, se podría reducir la necesidad de tratamientos de “toda la estructura”, que son más disruptivos y, en el caso de la fumigación, dependen de un gas con impacto climático. UC Riverside lo plantea como una vía para usar menos químicos sin perder eficacia.
Ahora bien, el insecticida usado en el trabajo también exige cuidado. El fipronil se ha asociado a toxicidad en insectos acuáticos y puede afectar a otros organismos si llega al medio ambiente. La buena noticia es que, en este enfoque, se inyecta dentro de la madera, lo que reduce la probabilidad de exposición “fuera de objetivo”, pero el riesgo cero no existe y por eso la aplicación debe ser profesional y controlada.
Qué significa esto para quien vive en una casa real
La pregunta inevitable es si esto ya está listo para el día a día. De momento, no hablamos de un producto doméstico “para mañana”, sino de una estrategia con pruebas controladas que necesita más validación en condiciones reales. También conviene recordar que el estudio se centra en una especie concreta de termita de madera seca, y no se puede dar por hecho que el mismo comportamiento se copie tal cual en otras especies o en otros contextos.
Mientras tanto, hay algo que sí cambia el enfoque. La lucha contra plagas no tiene por qué ser siempre “más y más químico”, a veces es entender el comportamiento y usarlo en tu favor. Y eso, cuando se traduce en menos gas, menos aplicación generalizada y menos molestias para el vecindario, se nota.
Para el lector, el mensaje práctico sigue siendo el de siempre, detectar pronto y preguntar bien. Si aparecen señales típicas (granitos de madera, alas desprendidas en época de vuelo o daños localizados), merece la pena consultar a profesionales y pedir que expliquen qué método proponen (fumigación, calor, tratamiento localizado) y por qué, porque cada técnica tiene sus límites. La diferencia es que ahora hay una línea de investigación que intenta que lo localizado funcione mejor, justo donde más falla.
El estudio ha sido publicado en el Journal of Economic Entomology.











