Los biólogos celebran un hito mundial: las tortugas marinas desarrollan un papel clave para frenar el alga invasora que amenaza los arrecifes de Hawái

Publicado el: 26 de abril de 2026 a las 07:54
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Tortuga marina verde alimentándose de alga invasora Chondria tumulosa en un arrecife de Hawái.

En el noroeste de Hawái, en un rincón del Pacífico tan aislado que cuesta imaginarlo en un mapa, una alfombra de alga roja se está extendiendo sobre el coral. Y, de repente, aparece un aliado inesperado, las tortugas marinas verdes hawaianas (honu).

Un estudio publicado en la revista científica Coral Reefs ha documentado por primera vez a estas tortugas alimentándose de forma activa de Chondria tumulosa, una macroalga con rasgos invasores que amenaza el equilibrio de los arrecifes. La conclusión principal suena bien a medias, porque el “pastoreo” puede reducir biomasa, pero también abre una pregunta incómoda, si las tortugas se mueven entre atolones, ¿podrían ayudar sin querer a dispersar fragmentos del alga?



Un alga que ahoga el coral

Chondria tumulosa se detectó por primera vez en 2016 en Manawai (Pearl y Hermes), dentro del Monumento Marino Nacional Papahānaumokuākea. Los científicos aún no tienen claro si llegó desde otra región o si era una especie local que pasó desapercibida hasta “desbocarse”, por eso en la literatura se describe como “criptogénica” (de origen incierto).

La escena que describen los investigadores ayuda a entender el problema sin tecnicismos. En una inmersión de 2019, buzos de NOAA esperaban ver corales con colores vivos y peces herbívoros típicos del arrecife, pero se encontraron grandes mantos de alga roja que estaban cubriendo el fondo. Debajo, el coral quedaba reducido a esqueletos.



Los números confirman que no se trata de un brote pequeño. La Universidad de Hawái señala que el alga se ha expandido a más de 101 kilómetros cuadrados de hábitat arrecifal y que forma mantos densos de más de seis centímetros de grosor, capaces de sofocar corales vivos y desplazar especies nativas. Otro trabajo en PeerJ describe un aumento de 115 veces en la superficie observada por satélite entre 2015 y 2021 en Manawai.

Las honu entran en escena

El nuevo estudio se apoya en dos pruebas sencillas, pero muy directas. Por un lado, grabaciones submarinas con una cámara fija (tipo GoPro) desplegada en Kuaihelani (Midway) durante junio y julio de 2025, y por otro, la necropsia de una hembra adulta hallada muerta en la zona.

Las imágenes muestran a tres tortugas verdes mordiendo los mantos de Chondria tumulosa durante unos 50 minutos. En un momento especialmente llamativo, una hembra dio hasta 18 mordidas en 95 segundos y dejó “claros” de entre cinco y 15 centímetros, bastante más grandes de lo que suelen conseguir peces o erizos en la misma zona.

La necropsia completó el dibujo. Los autores identificaron fragmentos del alga en el esófago, el buche y las heces de la tortuga, y estimaron que, en el material vegetal recién consumido, Chondria tumulosa representaba aproximadamente un 25%. Dicho de otra forma, no estaba “probando” el alga, la estaba comiendo en serio.

Control natural con letra pequeña

Que un herbívoro nativo consuma una especie problemática puede ser una buena noticia para el arrecife. En el propio resumen del artículo, los investigadores señalan que el vídeo demuestra el potencial de la tortuga verde para retirar una cantidad importante de biomasa, algo valioso cuando el alga cubre el sustrato como si fuera una moqueta.

Pero este control natural tiene letra pequeña. Tammy Summers, bióloga del U.S. Fish and Wildlife Service y coautora del trabajo, lo resume con un matiz clave, “es alentador porque señala a la tortuga verde como un megaherbívoro nativo con el potencial de suprimir la biomasa de C. tumulosa, pero también plantea interrogantes sobre si los fragmentos excretados durante sus migraciones podrían acelerar la propagación del alga”.

El riesgo no es una paranoia de laboratorio. NOAA ya advertía de que esta alga se rompe con facilidad en fragmentos y que su forma favorece que se mueva y colonice nuevas zonas, incluso enganchándose a equipos si no se desinfectan bien, por eso describen prácticas como remojar material en una solución de lejía al 6% para evitar transportar restos.

Rutas de tortugas

Aquí entra un detalle que a veces se pierde cuando solo miramos el vídeo. Los investigadores recuerdan que cerca del 96% de la nidificación de la tortuga verde hawaiana ocurre en Lalo (French Frigate Shoals) y luego los animales se dispersan a distintas áreas de alimentación por el archipiélago.

En la práctica, eso significa movimiento constante entre atolones y zonas de forrajeo. Si los fragmentos de Chondria tumulosa sobreviven al tránsito digestivo y salen viables, la tortuga podría convertirse sin querer en un “transporte” biológico de un punto a otro. El propio artículo plantea esa posibilidad como un efecto negativo potencial que obliga a investigar más.

La profesora Celia Smith (Universidad de Hawái en Mānoa) lo encuadra como una cuestión de gestión real, no solo de ecología. “Nuestro esfuerzo conjunto con múltiples socios para evitar que esta alga se arraigue en las principales islas hawaianas debe incluir un plan para aumentar el número de tortugas marinas verdes autóctonas, así como intensificar los esfuerzos para identificar todas las rutas que podrían permitir que Chondria se propague hasta Oʻahu”, señaló.

ADN ambiental como alarma

Cuando se habla de invasiones biológicas, la detección temprana suele marcar la diferencia. Por eso los autores recomiendan reforzar el seguimiento en Lalo con técnicas de ADN ambiental (eDNA), que permiten rastrear la presencia de una especie a partir de pequeñas “huellas” genéticas que quedan en el agua.

Este enfoque no sustituye a las inmersiones ni a los mapas, pero puede funcionar como alarma temprana en lugares remotos. Es como enterarte de que hay humo antes de ver el fuego. Y en arrecifes frágiles, cada semana cuenta.

Además, el eDNA encaja con otra realidad del monumento, su tamaño y su aislamiento lo convierten en un sitio difícil de vigilar “a ojo” todo el tiempo. Por eso, combinar herramientas (vídeo, necropsias, satélite y muestreos de agua) puede ser la forma más realista de seguir la pista al alga antes de que dé el salto.

Lo que está en juego

Papahānaumokuākea no es un arrecife cualquiera. Es una de las mayores áreas marinas protegidas del planeta y está reconocida como sitio de Patrimonio Mundial, con arrecifes, lagunas y atolones que funcionan como refugio para muchas especies.

La lectura práctica es doble. Por un lado, las honu podrían convertirse en una pieza útil dentro de un control biológico natural, especialmente si su presencia ayuda a romper mantos densos y a abrir espacio para que el coral y las algas nativas respiren. No es poca cosa.

Por otro, el mismo movimiento que hace a las tortugas esenciales para el ecosistema obliga a afinar la vigilancia y la bioseguridad, porque el enemigo se propaga a base de fragmentos. En el fondo, la solución no será una sola, sino una combinación de monitoreo, prevención y gestión adaptativa. Y eso se nota.

El estudio ha sido publicado en Coral Reefs.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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