Científicos descubren que una planta común es capaz de eliminar microplásticos del agua sustituyendo los químicos agresivos

Publicado el: 25 de abril de 2026 a las 15:31
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Científico filtra agua con extracto de moringa para eliminar microplásticos en laboratorio.

Abrir el grifo y llenar un vaso debería ser un gesto sencillo. Pero la conversación sobre los microplásticos ha llegado hasta ahí, a esa cocina de cualquier casa, y no siempre sabemos qué parte es alarma y qué parte es ciencia.

Ahora un equipo de la Universidad Estatal Paulista (UNESP), en Brasil, ha puesto números sobre la mesa y ha probado una alternativa inesperada. Un extracto salino de semillas de moringa (un árbol muy común en zonas tropicales) consiguió agrupar partículas de plástico para que un filtro de arena las atrapara, con resultados comparables a los coagulantes químicos habituales.



Qué han medido exactamente

El estudio se centró en un escenario muy concreto, agua potable de baja turbidez (agua relativamente clara). Los investigadores añadieron microplásticos envejecidos de PVC (a razón de 15 mg por litro) y también ácido húmico (10 mg por litro) para imitar la materia orgánica natural que suele complicar los tratamientos.

Las partículas de PVC tenían un tamaño medio D50 de 15 micras, lo bastante pequeñas como para escaparse de una filtración simple. En ese contexto, la mejor combinación fue 30 mg por litro del extracto salino de semilla de moringa y 9 mg por litro de sulfato de aluminio, trabajando a un pH de 6,0.



Con esas condiciones, el recuento con microscopía electrónica (SEM) confirmó una eliminación del 98,5% de los microplásticos con moringa y del 98,7% con el coagulante tradicional, junto con una reducción de turbidez por encima del 98%. Dicho de otro modo, el “truco” vegetal se acercó muchísimo al estándar industrial. El siguiente paso ya está en marcha con pruebas en agua real del río Paraíba do Sul, que abastece a São José dos Campos.

La clave está en que se peguen

Los microplásticos no son solo “trocitos” flotando. En el agua suelen tener una carga eléctrica superficial negativa, lo que hace que se repelan entre sí y también que les cueste quedarse atrapados en un filtro, como si resbalaran.

Ahí entra la coagulación, que básicamente consiste en neutralizar esa carga para que las partículas dejen de separarse y formen grupos más grandes. El extracto de moringa y el sulfato de aluminio hacen justo eso, y entonces un filtro de arena tiene más posibilidades de retener lo que antes se colaba.

En la práctica, es como cuando en un caldo se juntan impurezas en la superficie y se pueden retirar mejor. No es magia, es química, pero aplicada con un material de origen vegetal. Y eso se nota.

Menos pasos sin perder eficacia

Una parte interesante del trabajo es que comparó dos esquemas de tratamiento. Por un lado, la filtración directa (coagulación, floculación y filtración) y, por otro, la filtración en línea (coagulación y filtración, sin floculación).

Los autores observaron diferencias en el tamaño de los agregados según se floculara o no. Los agregados tras la coagulación estaban entre 43 y 46 micras, mientras que con floculación crecían hasta entre 61 y 66 micras.

Lo llamativo es que, aun así, la filtración en línea rindió igual de bien que la filtración directa para retirar microplásticos. ¿Qué significa esto en la práctica para quien vive en un pueblo pequeño o gestiona una instalación modesta? Que si se confirma a escala real, se podría simplificar el tratamiento sin perder rendimiento.

El punto débil que no conviene ignorar

No todo es perfecto, y aquí conviene bajar un punto el entusiasmo. El propio equipo señala que el extracto de moringa puede aumentar el carbono orgánico disuelto, en parte por materia orgánica residual que pasa al agua durante el proceso.

Ese aumento puede obligar a ajustar etapas posteriores del tratamiento si se busca mantener la misma calidad final. Además, los investigadores recuerdan que los coagulantes habituales, como el sulfato de aluminio, también pueden tener efectos secundarios sobre la materia orgánica del agua y encarecer el proceso dependiendo del contexto.

Aun así, el estudio aporta un matiz positivo. El extracto redujo el SUVA en un 88%, un indicador ligado a la fracción aromática de la materia orgánica natural, lo que sugiere que también puede ayudar a retirar parte de esa carga orgánica “complicada”.

Por qué esta noticia llega justo a tiempo

La presión para entender y controlar los microplásticos va en aumento, pero medirlos no es sencillo. El Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea ha trabajado en una metodología armonizada para muestrear, analizar y reportar microplásticos en el agua de consumo, precisamente porque hasta ahora había métodos muy distintos y era difícil comparar resultados.

Según el propio JRC, los niveles reportados en agua potable suelen estar por debajo de unas pocas decenas de partículas por litro, y algunos estudios recientes en Europa han encontrado rangos mucho más bajos (hasta 0,6 partículas por litro en determinados trabajos). Pero la clave está en el detalle, porque el resultado depende del tamaño que se mida y de cómo se haga el muestreo.

En paralelo, la Comisión Europea recuerda que la Directiva de Agua Potable revisada busca actuar sobre contaminantes emergentes como los microplásticos, y también promover el agua del grifo para reducir el consumo debotellas de plástico. Esto último conecta con algo muy cotidiano, la compra semanal, y con un problema muy grande, losresiduos.

Filtrar ayuda, pero la solución real empieza antes

Una tecnología de tratamiento puede ser útil, pero no debería servir de excusa para seguir ensuciando. Las instituciones europeas lo dicen sin rodeos, los microplásticos son ubicuos, persistentes y viajan de un lado a otro, con impactos ambientales claros y riesgos potenciales para la salud que todavía se investigan.

Por eso, además de mejorar filtros y coagulantes, el foco sigue estando en reducir plásticos en origen. Menos envases de un solo uso, mejor recogida y reciclaje, y menos pérdidas industriales de pellets y fragmentos que acaban en ríos y mares. No suena tan revolucionario como un “superfiltro”, pero funciona.

Y si eres consumidor, hay una idea práctica que se repite en muchas estrategias públicas. Apostar por el agua del grifo cuando es segura y está bien controlada ayuda a recortar residuos, y también reduce la exposición a todo lo que se desprende de botellas y tapones cuando pasan semanas al sol o en el maletero.

El estudio científico se ha publicado en ACS Omega.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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