El sistema de corrientes oceánicas está en su punto más débil en 1600 años y el colapso está cerca, lo peor son las consecuencias devastadoras para Europa

Publicado el: 25 de abril de 2026 a las 09:55
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Corrientes oceánicas AMOC en el Atlántico con flujo cálido y frío que regula el clima de Europa.

La gran “cinta transportadora” del océano Atlántico (la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC) acaba de recibir una mala noticia. Un análisis reciente sugiere que podría debilitarse mucho más de lo que indicaba el promedio de los modelos climáticos, con una caída cercana al 51% hacia el año 2100.

No hablamos de una curiosidad científica para expertos. Si la AMOC se debilita en serio, puede alterar el reparto de lluvias en zonas tropicales de las que dependen millones de personas para comer, modificar el clima europeo y sumar más subida del nivel del mar en el Atlántico sobre la que ya está en marcha. ¿Qué significa esto para alguien que vive en España o en cualquier país de Europa? Bastante más de lo que parece.



Qué es la AMOC y por qué importa tanto

La AMOC es un sistema enorme de corrientes oceánicas. Lleva agua cálida desde los trópicos hacia el Atlántico Norte, allí se enfría, se hunde y regresa en profundidad en sentido contrario, como un circuito que ayuda a repartir calor por el planeta. Por eso se la compara con un “cinturón” o una “cinta transportadora” del clima.

Esto se traduce en algo muy cotidiano. En buena parte, esta circulación ayuda a que Europa occidental tenga un clima más templado de lo que tendría por su latitud. Si cambia el “motor” del océano, cambia el mapa del tiempo y, a la larga, también lo que notamos en la calle, desde la agricultura hasta ese frío que se cuela en casa y empuja la factura de la calefacción.



Conviene añadir un matiz importante. AMOC no es exactamente lo mismo que “la Corriente del Golfo”, aunque el Gulf Stream forma parte del sistema. Mezclar ambos conceptos es fácil, pero entender la diferencia ayuda a no caer en titulares engañosos.

Lo nuevo del estudio que ha encendido las alarmas

Hasta ahora, los modelos climáticos ofrecían respuestas muy dispares sobre el futuro de la AMOC. En promedio, se hablaba de un debilitamiento de alrededor del 32% hacia final de siglo en un escenario de emisiones intermedio, pero con mucha incertidumbre entre modelos.

El equipo vinculado al CNRS y a Inria en Burdeos ha intentado reducir esa incertidumbre usando “restricciones observacionales”. Dicho de forma simple, han comparado proyecciones con observaciones reales del sistema climático (temperatura, salinidad y más variables) y han probado cuatro métodos estadísticos para ver cuáles ajustan mejor. La técnica que mejor funcionó fue una regresión lineal regularizada (una herramienta estadística avanzada, poco habitual todavía en este campo).

El resultado central es el que da vértigo. Su estimación apunta a un debilitamiento de alrededor del 51% para 2100, con un margen de incertidumbre menor, y además ese valor sería aproximadamente un 60% más fuerte que el sugerido por el promedio de modelos. En paralelo, otros análisis periodísticos destacan que los modelos “más pesimistas”, los que dibujan una caída grande, son los que mejor encajan con los datos observados.

Por qué preocupa tanto un debilitamiento grande

Cuando la AMOC pierde fuerza, no solo se mueve menos agua. Se reordena el reparto de calor y humedad, y eso puede desplazar patrones de lluvia a gran escala. El IPCC resume que un colapso de la AMOC podría provocar cambios bruscos en el clima regional y en el ciclo del agua, con un desplazamiento hacia el sur del cinturón de lluvias tropical y con señales de secado en Europa, entre otros impactos.

En Europa, el miedo no es una postal de “nieve en Londres” sin más. Los expertos advierten de inviernos mucho más duros en el oeste del continente, a la vez que podrían aumentar las sequías de verano en ciertas zonas. Es el tipo de combinación que complica la gestión del agua y tensiona sectores como la agricultura y la energía.

Y está el mar. Se ha avisado de que un cambio drástico de la AMOC podría añadir una subida del nivel del mar en la cuenca atlántica del orden de decenas de centímetros, en algunas estimaciones entre 50 y 100 centímetros, encima de la subida que ya esperamos por el calentamiento global. No es un “detalle técnico”, es una diferencia que cambia el riesgo de inundaciones costeras.

La salinidad y el agua dulce que puede frenar el sistema

La AMOC se sostiene por diferencias de temperatura y salinidad. En el Atlántico Norte, el agua se enfría, se vuelve más densa y se hunde, y ese hundimiento ayuda a tirar del sistema. Si el agua se vuelve menos salada (más “dulce”), su densidad baja y le cuesta más hundirse, lo que puede ralentizar la circulación.

Aquí entra un punto clave del nuevo trabajo. Según el CNRS, parte de la diferencia con el promedio de modelos se explica por corregir un sesgo relacionado con la salinidad superficial en el Atlántico Sur. Y no es un capricho geográfico, porque varios estudios señalan que esta región puede ser determinante para la estabilidad de la AMOC y para el riesgo de un punto de inflexión.

Además, algunos expertos recuerdan que hay factores que podrían empeorar el panorama si no están bien capturados en ciertos modelos. Stefan Rahmstorf, que lleva décadas estudiando la AMOC, ha insistido en que el agua dulce extra asociada a Groenlandia es un elemento a vigilar, porque “podría hacer que la realidad sea peor” si no se incorpora bien. En esa misma línea, ha calificado los nuevos resultados de “muy preocupantes” y ha dicho que le inquieta cada vez más la posibilidad de acercarnos al punto de no retorno a mitad de siglo.

Qué hay que tener en cuenta a partir de ahora

Primero, que “debilitarse” no significa “apagar de golpe mañana”. Los científicos trabajan con escenarios y probabilidades, y el océano tiene variabilidad natural, por eso el debate es tan intenso y tan técnico. Pero el mensaje que deja este estudio es que los escenarios duros ya no parecen tan fáciles de descartar como antes.

Segundo, que no partimos de cero. Investigaciones anteriores ya habían apuntado que la AMOC está en un estado débil comparado con muchos siglos atrás, y en 2021 se publicaron trabajos que hablaban de señales de alerta temprana compatibles con la aproximación a un umbral crítico. Dicho en claro, podría estar volviéndose más inestable.

Tercero, que esto conecta con decisiones muy terrenales. Reducir emisiones de CO2 y acelerar la transición energética no es solo “por el calor”, también es por evitar empujar sistemas naturales hacia cambios bruscos que luego son difíciles de gestionar. Y mientras tanto, adaptación significa mirar de frente riesgos como sequías, temporales y subida del mar, porque el reloj del clima no siempre va al ritmo de la política.

La nota de prensa se ha publicado en CNRS.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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