Los biólogos ponen el grito en el cielo: el Océano Índico se está volviendo más dulce a un ritmo sin precedentes

Publicado el: 8 de abril de 2026 a las 18:42
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Olas en el océano Índico al atardecer en una zona afectada por la reducción de salinidad del agua.

Una franja enorme del sur del océano Índico, frente a la costa suroeste de Australia, está perdiendo sal y ganando agua dulce a una velocidad que ha sorprendido a los oceanógrafos. Un equipo internacional liderado por la Universidad de Colorado Boulder calcula que la superficie dominada por aguas muy saladas se ha reducido alrededor de un 30% en las últimas seis décadas. 

Para hacerse una idea de la escala, el volumen de agua dulce añadido sería comparable a incorporar cada año cerca del 60% del agua dulce del lago Tahoe y, según otro cálculo del equipo, alcanzaría para abastecer de agua potable a toda la población de Estados Unidos durante más de 380 años.



Puede parecer un matiz técnico, pero la sal es una de las piezas que hacen que el océano «funcione». De media, el agua del mar ronda una salinidad del 3,5%, algo parecido a disolver una cucharadita y media de sal en un vaso de agua. Si esa pieza se mueve, cambia la mezcla de capas y el reparto de calor y nutrientes, con posibles efectos que pueden sentirse mucho más allá de Australia, incluso en Europa.

No es que llueva más allí

Lo primero que intentaron descartar los investigadores fue la explicación más obvia. En esa zona del Índico sur la evaporación suele ganar a la lluvia, por eso históricamente ha sido un mar especialmente salado.



Sin embargo, el trabajo concluye que el «dulcificado» no se entiende por cambios locales de precipitación. Al combinar registros de observación con simulaciones por ordenador, el equipo apunta a un cambio de fondo en los vientos de superficie y en las corrientes que transportan agua a gran escala.

La gran «reserva» de agua dulce del Indo-Pacífico

Buena parte del agua dulce extra no nace en el propio Índico sur. Llega desde una región tropical extensa donde las lluvias son frecuentes y la evaporación es menor, lo que deja aguas superficiales menos salinas durante buena parte del año.

Esa zona se conoce como reserva de agua dulce del Indo-Pacífico. No está aislada, porque se conecta con la circulación termohalina, una especie de «cinta transportadora» oceánica que redistribuye calor, sal y agua dulce entre cuencas y que ayuda a regular el clima a escala global.

Vientos que cambian la ruta del agua

El calentamiento global está modificando patrones de viento sobre el océano Índico y el Pacífico tropical. En la práctica, esos vientos reordenan las corrientes y empujan más agua dulce desde el Indo-Pacífico hacia latitudes más al sur.

El artículo científico entra en detalles sobre el mecanismo y no es poca cosa. Describe un refuerzo del flujo de agua a través de Indonesia hacia el Índico y un aporte mayor desde el giro subtropical, lo que abre una ruta distinta de transporte de agua dulce en los primeros 200 metros del océano. Y no es un detalle menor.

Además, los autores cuantifican el cambio con un dato directo. El contenido de agua dulce en el Índico sur habría aumentado un 6,5% por década desde los años sesenta. Lo relacionan con cambios de viento ligados a la expansión hacia los polos de la célula de Hadley (una gran circulación de aire en los trópicos) y al calentamiento de la zona cálida del Indo-Pacífico.

Menos sal significa más capas

Cuando el agua pierde sal, también pierde densidad. El agua más dulce tiende a quedarse arriba y se separa con más facilidad del agua más salada y densa de abajo, como si se reforzaran las «capas» del mar.

Esa estratificación reduce la mezcla vertical, que es el intercambio que permite que parte del agua superficial se hunda y que el agua profunda suba. Si esa mezcla se debilita, cuesta más que los nutrientes lleguen a la zona iluminada por el sol donde se alimenta el plancton. A cambio, el calor se queda más tiempo cerca de la superficie, justo donde muchas especies ya van al límite por el calentamiento.

En palabras del primer autor, Gengxin Chen, «los cambios en la salinidad podrían afectar al plancton y a las praderas marinas», que son la base de la cadena alimentaria. Si falla esa base, lo demás se resiente, desde peces pequeños hasta especies de interés pesquero.

Un aviso para el clima y para la biodiversidad

Los científicos advierten de que este cambio de salinidad puede modificar la relación entre océano y atmósfera. También podría interferir con grandes sistemas de circulación que actúan como reguladores del clima, porque pequeñas variaciones de sal alteran la densidad y eso afecta a los procesos de hundimiento y retorno de masas de agua.

Aquí conviene mantener el matiz. El estudio no afirma que la circulación global vaya a detenerse de golpe, pero sí apunta a que una reserva de agua dulce más grande puede añadir presión a un sistema sensible a estos aportes, especialmente cuando parte de esa agua acaba conectando con rutas que llegan al Atlántico.

¿Y qué significa esto para alguien que vive lejos del Índico? Que el océano no solo se calienta, también se reorganiza, y ese cambio suele notarse primero en la vida marina y en los patrones del tiempo. 

El estudio científico se ha publicado en Nature.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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