¿Un “planeta invernadero” suena a exageración de película? Los científicos empiezan a usar ese término con bastante seriedad. Un nuevo análisis publicado en la revista One Earth, firmado por William Ripple y un equipo internacional, alerta de que el sistema climático podría estar acercándose a un umbral que dispare un calentamiento casi imposible de frenar, aunque después reduzcamos las emisiones.
En la práctica, esto significa que varios grandes “reguladores” del clima podrían empezar a comportarse de forma muy distinta. El estudio reúne la evidencia sobre dieciséis elementos de vuelco, entre ellos las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida, el permafrost boreal, la selva amazónica y la gran cinta transportadora del océano Atlántico conocida como AMOC. Si alguno cruza su límite de estabilidad, puede desencadenar cambios rápidos que empujen a otros sistemas a caer en cadena.
Las cifras que manejan los autores son incómodas. Señalan que las temperaturas actuales son tan altas o más que en cualquier momento de los últimos 125 000 años y que la concentración de dióxido de carbono probablemente es la mayor de los últimos dos millones de años. Además, el planeta ya ha superado durante doce meses seguidos el umbral de 1,5 grados de calentamiento respecto a la era preindustrial, mientras se encadenan olas de calor, incendios, inundaciones y otros extremos que ya conocemos bien en Europa y en España, desde noches tropicales interminables hasta cosechas dañadas.
La Comisión Europea recuerda que 2024 fue el primer año completo por encima de 1,5 grados y que Europa es el continente que más rápido se calienta. Advierte de que, alrededor de ese nivel de calentamiento, aumenta el riesgo de cruzar varios puntos de inflexión, con impactos duraderos en el nivel del mar, los servicios de los ecosistemas y la seguridad alimentaria. No hablamos solo de osos polares sobre hielo derretido, hablamos de cultivos, infraestructuras costeras o esa factura de la luz que sube cuando las olas de calor disparan el uso del aire acondicionado.
Los científicos subrayan que ya se observan señales preocupantes. La capa de hielo de Groenlandia y parte de la Antártida occidental muestran comportamientos compatibles con un posible vuelco. El permafrost empieza a descongelarse y la Amazonia se acerca a un punto en el que podría dejar de ser un gran sumidero de carbono para convertirse en fuente neta de emisiones. Incluso el AMOC presenta indicios de debilitamiento, algo que podría alterar lluvias, monzones y el clima europeo que damos por hecho.
¿Qué se puede hacer ante un escenario tan serio sin caer en el catastrofismo paralizante? El propio equipo de Ripple insiste en que todavía estamos a tiempo de evitar la trayectoria de invernadero si actuamos con rapidez. Piden una reducción acelerada y socialmente justa del uso de combustibles fósiles, un despliegue masivo de energías renovables y la protección de bosques, humedales y otros grandes almacenes de carbono. Reclaman también gobiernos que integren estos riesgos en la planificación, desde la adaptación a olas de calor hasta la gestión del agua y de las costas.
La parte incómoda es que los umbrales exactos siguen siendo inciertos. La parte esperanzadora es que esa misma incertidumbre es un argumento fuerte para actuar ya y no esperar a que el clima nos confirme, por las malas, que hemos cruzado el punto de no retorno.
El estudio completo ha sido publicado en la revista científica One Earth.

















