Científicos holandeses tienen la solución para salvar al «clima» y pasa por construir una represa de 82 km en el estrecho de Bering para evitar la inversión de las corrientes oceánicas

Publicado el: 22 de junio de 2026 a las 15:36
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Recreación del estrecho de Bering entre Alaska y Siberia, donde científicos proponen construir una presa para estabilizar la AMOC.

Una presa gigantesca en el estrecho de Bering, entre Alaska y Siberia, podría ayudar a estabilizar una de las grandes corrientes oceánicas del planeta. Eso es lo que plantea un nuevo estudio de la Universidad de Utrecht, en Países Bajos, que analiza si cerrar ese paso entre el Pacífico y el Ártico serviría para reducir el riesgo de colapso de la AMOC, la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico.

La conclusión, eso sí, no es tan simple como construir un muro y arreglar el clima. Los modelos muestran que la idea podría funcionar en algunos escenarios, pero también podría empeorar la situación si la corriente ya estuviera demasiado debilitada. En otras palabras, estamos ante una propuesta extrema, no ante una solución lista para aplicarse mañana. Y eso cambia mucho la lectura.



Qué quieren cerrar

El estrecho de Bering separa Estados Unidos y Rusia por unos 80 kilómetros de agua. Es una zona remota, fría y con poco margen para la improvisación, porque conecta el océano Pacífico con el océano Ártico y permite el intercambio de agua entre ambos sistemas.

La presa propuesta no sería una sola pared recta en mitad del mar. Según la Universidad de Utrecht, estaría formada por tres partes, una de 38 kilómetros entre la costa rusa y la isla Gran Diómedes, otra de 4 kilómetros entre las dos islas Diómedes y una tercera de 38 kilómetros hasta Alaska. No es poca cosa.



Por qué importa la AMOC

La AMOC funciona como una gran cinta transportadora del Atlántico. Lleva agua cálida y salada hacia el norte, donde se enfría, se vuelve más densa y se hunde antes de regresar hacia el sur en profundidad. Gracias a ese movimiento, el océano reparte calor por el planeta.

El problema es que el calentamiento global puede alterar ese mecanismo. Cuando entra demasiada agua dulce por el deshielo y por otros cambios del sistema climático, el agua superficial pierde salinidad y puede hundirse peor. En la práctica, esto afectaría a temperaturas, lluvias, ecosistemas y hasta a la forma en que vivimos el clima en Europa.

La pista estaba en el pasado

La idea no sale de la nada. Jelle Soons y Henk A. Dijkstra miraron al Plioceno, un periodo de hace entre unos cinco y dos millones de años, cuando el nivel del mar era más bajo y el estrecho de Bering estaba cerrado por un puente terrestre natural. En aquel contexto, investigaciones previas apuntan a una AMOC más fuerte.

La pregunta era bastante directa. ¿Qué pasaría si esa conexión se cerrara de nuevo, pero esta vez con una obra humana? Suena a ciencia ficción, pero los investigadores lo han probado en modelos climáticos. Y ahí empiezan los matices.

Lo que dicen los modelos

Para comprobarlo, Soons utilizó modelos climáticos con distintos estados iniciales del océano. Esto es importante porque ningún modelo representa la realidad a la perfección, y menos cuando se habla de una intervención tan grande en una zona tan sensible.

En algunos escenarios, cerrar el estrecho de Bering ayuda a estabilizar la AMOC incluso cuando aumentan los niveles de CO2. En otros, ocurre lo contrario y la circulación se vuelve más vulnerable. El propio estudio señala que el cierre solo ampliaría el margen de seguridad si la AMOC todavía estuviera lo bastante fuerte en el momento de actuar.

Soons lo resume con prudencia. «Este estudio es una prueba de concepto. Hemos demostrado que hay escenarios en los que una presa así podría funcionar». Pero también añade que aún no saben hasta qué punto esos escenarios son realistas. Esa frase es clave.

El riesgo de llegar tarde

El tiempo sería decisivo. Si la intervención se hiciera pronto, podría apoyar la circulación oceánica en determinados modelos. Pero si la AMOC ya estuviera muy debilitada, cerrar el paso entre el Pacífico y el Ártico podría acelerar la inestabilidad.

Esto significa que la presa no sería un botón de emergencia universal. Cambiar la salinidad, las corrientes y el intercambio de agua entre océanos puede tener efectos diferentes según el estado previo del sistema. Y cuando hablamos del clima, los atajos suelen venir con letra pequeña.

Una obra con muchas consecuencias

Incluso si fuera técnicamente posible, el reto sería enorme. La Universidad de Utrecht recuerda que el lugar está muy aislado y que «no hay carreteras que lleguen hasta allí». Además, no hablamos de aguas costeras tranquilas, sino de una región con hielo marino, corrientes fuertes y una enorme dificultad logística.

También están las consecuencias ambientales. El estrecho de Bering es una ruta importante para mamíferos marinos, y modificar las corrientes y la salinidad afectaría a ecosistemas enteros. No sería solo una obra de ingeniería, sino una intervención directa en la vida del océano.

A eso se suma la parte política y social. ¿Quién decide cerrar un paso marítimo entre Rusia y Estados Unidos? ¿Qué ocurriría con las comunidades indígenas, la pesca y el transporte marítimo? Son preguntas incómodas, pero necesarias.

La solución de fondo sigue siendo otra

La presa del estrecho de Bering entra dentro de la geoingeniería, es decir, grandes intervenciones deliberadas sobre el sistema climático. Puede servir para explorar escenarios extremos, pero no sustituye la reducción de emisiones. Ese es el punto que conviene no perder de vista.

Jonathan Baker, oceanólogo de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, lo expresó de forma clara. «La forma más fiable de reducir el riesgo para la AMOC sigue siendo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero». Y, visto así, la presa no es una salvación mágica, sino una señal de hasta dónde está llegando la preocupación científica por el calentamiento global.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Science Advances.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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