La señal que vigilaban los meteorólogos ya ha aparecido en el Pacífico. El Centro de Predicción Climática de la NOAA ha confirmado que las condiciones de El Niño están presentes y que se espera que se fortalezcan hacia el invierno del hemisferio norte 2026-2027.
No estamos ante una catástrofe automática, pero sí ante un aviso serio. Cuando el Pacífico ecuatorial se calienta más de lo habitual, la atmósfera cambia el reparto de lluvias, calor y tormentas en distintas zonas del planeta. Y para India, la palabra que preocupa es clara. Monzón.
El aviso ya está activo
La NOAA explica que El Niño se ha desarrollado durante el último mes, con temperaturas de la superficie del mar por encima de lo normal en el Pacífico ecuatorial central y oriental. El índice semanal Niño 3.4 llegó a +0,7 °C, mientras que la zona Niño 1+2 alcanzó +2,1 °C.
No es un fenómeno que aparezca de golpe, como si alguien pulsara un interruptor. Primero se calienta el océano, después responde la atmósfera y, poco a poco, se reorganizan los vientos y las lluvias. Ahí empieza el problema.
Puede hacerse fuerte
La previsión de la NOAA apunta a que El Niño se intensificará durante los próximos meses. El organismo calcula una probabilidad del 63 % de que llegue a ser «muy fuerte» entre noviembre y enero, lo que lo situaría entre los episodios más grandes del registro histórico iniciado en 1950.
Pero conviene no pasarse de frenada. Incluso un El Niño muy intenso no provoca los mismos efectos en todos los lugares, ni garantiza sequías o inundaciones en una región concreta. Lo que hace es inclinar la balanza. Y eso, en meteorología, ya es mucho.
La OMM pide prepararse
La Organización Meteorológica Mundial ya había advertido de que las aguas cálidas del Pacífico tropical estaban alimentando el desarrollo de El Niño. Su actualización hablaba de una probabilidad del 80 % entre junio y agosto de 2026, y de opciones cercanas o superiores al 90 % de que continúe al menos hasta noviembre.
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, lo resumió con una frase sencilla. «Tenemos que prepararnos para un evento de El Niño potencialmente fuerte». La organización también recuerda algo importante, que no usa el término «super El Niño» porque no forma parte de sus clasificaciones operativas.
India mira al cielo
India es uno de los puntos más sensibles de esta historia. El Departamento Meteorológico de India prevé que la lluvia del monzón del suroeste entre junio y septiembre se quede en torno al 90 % de la media de largo plazo, con un margen de error de ±4 %. Eso significa que la lluvia por debajo de lo normal es el escenario más probable para el conjunto del país.
El dato no es menor. El propio IMD señala que la zona central del monzón, donde se concentran muchas áreas agrícolas dependientes de la lluvia, tiene más probabilidades de recibir precipitaciones por debajo de lo normal. En la práctica, esto puede traducirse en estrés para cultivos, embalses, pozos y generación hidroeléctrica.
El monzón ya arranca tocado
El aviso llega, además, con una primera señal que no invita a relajarse. En su previsión extendida del 11 de junio, el IMD indicó que la lluvia acumulada en India entre el 1 y el 10 de junio iba un 26 % por debajo de su media de largo plazo. No decide toda la temporada, pero marca el arranque.
¿Qué significa esto para una familia o un agricultor? Menos lluvia en el momento equivocado puede retrasar siembras, aumentar el uso de agua almacenada y apretar los precios si la cosecha se resiente. Es la clase de impacto que no siempre sale en una foto espectacular, pero se nota en la vida diaria.
Sequías, lluvias y calor
El Niño suele asociarse con más lluvia en algunas zonas y más sequedad en otras. La OMM recuerda que puede favorecer precipitaciones superiores a lo normal en partes del sur de Sudamérica, el sur de Estados Unidos, el Cuerno de África y Asia central, mientras que puede traer condiciones más secas a Australia, Indonesia, el Caribe y partes del sur de Asia.
También hay efectos sobre los ciclones. Durante el verano boreal, las aguas cálidas de El Niño pueden alimentar huracanes en el Pacífico central y oriental, mientras dificultan la formación de huracanes en el Atlántico. Es una especie de cambio de carril en la energía de la atmósfera.
El calor de fondo
La clave de este episodio no está solo en El Niño. Está en que llega sobre un planeta ya más caliente, con océanos que llevan años batiendo marcas y con olas de calor más duras en muchas regiones. La OMM matiza que no hay pruebas de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de El Niño, pero sí puede amplificar sus impactos porque una atmósfera más cálida retiene más energía y humedad.
En el fondo, eso significa que el mismo fenómeno natural puede golpear sobre un terreno más vulnerable. Más calor implica más demanda de agua, más consumo eléctrico por refrigeración y más riesgo para personas mayores, niños y trabajadores al aire libre. Ese calor pegajoso de verano que ya todos conocemos no es un detalle menor.
Ahora toca vigilar
La buena noticia es que El Niño no llega sin avisar. Los modelos estacionales permiten preparar reservas de agua, ajustar calendarios agrícolas, reforzar alertas tempranas y anticipar riesgos de calor, inundaciones o incendios. No evita el golpe, pero puede reducirlo.
La lectura correcta no es entrar en pánico. Es mirar los datos y actuar con tiempo. El comunicado oficial más reciente ha sido publicado por el Centro de Predicción Climática de la NOAA en su discusión diagnóstica del ENSO.












