Cambio climático

El año todavía no ha terminado y el planeta ya ha pulverizado varios récords climáticos: la llegada de El Niño podría empeorarlo todo

El Niño ya está activo y amenaza con agravar un año marcado por récords de calor, incendios y deshielo en todo el planeta.

El año todavía no ha terminado y el planeta ya ha pulverizado varios récords climáticos: la llegada de El Niño podría empeorarlo todo

El Niño ya no es una posibilidad lejana. El último diagnóstico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirma que está activo, seguirá fortaleciéndose durante 2026 y tiene un 97 % de probabilidades de continuar hasta comienzos de la primavera boreal de 2027. Entre octubre y diciembre, la opción de que alcance la categoría de «muy fuerte» llega al 81 %.

El cambio frente al escenario de mayo es enorme. Entonces, la previsión situaba en un 61 % la posibilidad de que apareciera en julio. Ahora ya está aquí, mientras el planeta acumula un máximo invernal de hielo marino ártico en mínimos históricos, más de 150 millones de hectáreas quemadas en los primeros meses del año y un junio excepcionalmente cálido en Europa occidental.

El pronóstico ha cambiado muy deprisa

La NOAA confirmó la formación de El Niño el 11 de junio. Menos de un mes después, su Centro de Predicción Climática informó de que las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental seguían calentándose y de que el índice semanal Niño 3.4 había alcanzado una anomalía de 1,2 °C.

La categoría de «muy fuerte» se determina por cuánto se aparta la temperatura del mar de su promedio en una zona concreta del Pacífico. Para octubre, noviembre y diciembre, la NOAA calcula un 81 % de probabilidades de que esa anomalía llegue o supere los 2 °C.

Eso colocaría al episodio entre los mayores registrados desde 1950, pero no garantiza los mismos efectos en cada país. Un fenómeno más intenso inclina algunas probabilidades, aunque no permite saber por sí solo cuánto lloverá, qué temperatura hará o dónde se producirá el próximo incendio.

Qué es El Niño en la práctica

El Niño es la fase cálida de la Oscilación del Sur de El Niño, conocida como ENSO. Aparece cuando se calientan de forma persistente las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental y cambia la circulación de la atmósfera. Suele repetirse cada dos a siete años y durar entre nueve y doce meses.

Ese calentamiento desplaza las zonas de lluvia, altera corrientes de aire y puede elevar temporalmente la temperatura media mundial. No actúa como un interruptor idéntico en todas partes. Más bien, inclina la balanza hacia determinados tipos de tiempo.

Para julio, agosto y septiembre de 2026, la Organización Meteorológica Mundial prevé más opciones de lluvia por debajo de lo normal en gran parte de Australia, el subcontinente indio, el Caribe, zonas de Centroamérica y el noroeste de Sudamérica. En el sur de Europa aparece una señal más húmeda, pero con menor confianza. Es una probabilidad, no una sentencia.

El planeta ya llegaba recalentado

El Niño no crea el cambio climático. Es un fenómeno natural y temporal que se desarrolla sobre un planeta calentado durante décadas por las emisiones de gases de efecto invernadero. Por eso, sus consecuencias pueden ser hoy distintas a las de hace medio siglo.

Frederike Otto, climatóloga del Imperial College de Londres y cofundadora de World Weather Attribution, lo resumió así. «El cambio climático provocado por el ser humano influye mucho más en la probabilidad y la intensidad de los fenómenos extremos que ENSO».

La Organización Meteorológica Mundial calcula que las temperaturas medias anuales entre 2026 y 2030 estarán entre 1,3 y 1,9 °C por encima del periodo preindustrial. También estima un 86 % de probabilidades de que uno de esos años supere a 2024 como el más cálido registrado. Un año por encima de 1,5 °C no equivale a rebasar de forma permanente el objetivo de París, que se evalúa a largo plazo.

Los incendios son la gran preocupación

Entre enero y abril, el fuego había afectado a más de 150 millones de hectáreas, alrededor de un 20 % más que el anterior máximo de la serie reciente. África concentraba unos 85 millones y Asia alrededor de 44 millones, con una actividad especialmente elevada en sabanas africanas, el sudeste asiático y el noreste de China.

Hay un matiz importante. La superficie detectada por satélite incluye bosques, matorrales, pastizales, sabanas y terrenos agrícolas. También puede recoger quemas planificadas o fuegos para gestionar vegetación, por lo que no toda hectárea quemada equivale a una hectárea de bosque destruido.

Aun así, el riesgo es serio. Un periodo húmedo produce hierba y vegetación, mientras una sequía posterior convierte ese crecimiento en combustible. Un El Niño fuerte puede favorecer calor y falta de lluvia en Australia, Indonesia o partes de la Amazonia. El problema aparece cuando el suelo ya está seco y el aire parece una estufa.

El hielo y Europa ya han dado señales

El hielo marino del Ártico alcanzó su máximo anual el 15 de marzo con 14,29 millones de kilómetros cuadrados. El dato quedó empatado estadísticamente con 2025 como el máximo invernal más bajo de los 48 años de observaciones por satélite y fue 1,36 millones de kilómetros cuadrados inferior al promedio de 1981 a 2010.

Europa también ha sentido ese calor pegajoso que ya conocemos demasiado bien. Junio de 2026 fue el más cálido registrado en Europa occidental, con una media de 20,74 °C y una anomalía de 3,06 °C sobre el periodo de 1991 a 2020. En España, Francia, Alemania, Italia y el Benelux, el mes quedó entre 3 y 5 °C por encima de lo habitual.

Estos récords no pueden atribuirse automáticamente a El Niño. Algunos comenzaron antes de que el fenómeno se consolidara y responden a una mezcla de variabilidad natural, condiciones regionales y calentamiento global. El Niño añade presión, pero no es el único motor.

Qué conviene vigilar hasta 2027

Los efectos de El Niño suelen hacerse más visibles cerca de su pico, normalmente entre noviembre y febrero. Su impacto sobre la temperatura mundial puede notarse con más fuerza durante el segundo año, por lo que 2027 estará bajo especial vigilancia.

En la práctica, puede haber más calor, presión sobre el agua, humo, pérdidas agrícolas y demanda eléctrica para refrigerar viviendas y centros de trabajo. Los gobiernos necesitan preparar sistemas sanitarios, reservas de agua, redes eléctricas y avisos tempranos antes de la emergencia.

La Organización Meteorológica Mundial no utiliza la expresión «super El Niño» porque no forma parte de sus categorías operativas. Hablar de un episodio «muy fuerte» es más preciso, pero no cambia la idea principal. El Niño acabará desapareciendo, pero el exceso de CO₂ seguirá ahí.

El último diagnóstico oficial del ENSO ha sido publicado por el Centro de Predicción Climática de la NOAA.

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