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Durante siglos fueron protegidos por motivos religiosos y ahora la ciencia descubre que estos bosques guardan la clave para recuperar la naturaleza

Durante siglos fueron protegidos por la fe y ahora la ciencia demuestra que esconden la clave para recuperar los bosques.

Durante siglos fueron protegidos por motivos religiosos y ahora la ciencia descubre que estos bosques guardan la clave para recuperar la naturaleza

Un pequeño bosque protegido por la fe puede hacer más por la regeneración de la naturaleza que muchos árboles aislados entre casas y cultivos. Un estudio realizado en Vanzole, en los Ghats Occidentales de India, ha encontrado más especies de árboles gigantes y muchos más retoños dentro de las arboledas sagradas.

La clave no está solo en mantener árboles viejos en pie. También importa conservar el suelo, la vegetación baja, las aves que comen frutos y las costumbres de quienes han cuidado estos lugares durante generaciones. Para criar el bosque del mañana hace falta proteger el bosque de hoy como un conjunto.

Bosques protegidos por la fe

Las arboledas sagradas son pequeños fragmentos de bosque vinculados a deidades, antepasados y tradiciones locales. Las normas comunitarias suelen impedir la tala o la extracción de recursos, lo que ha mantenido zonas relativamente intactas incluso fuera de los parques nacionales.

India alberga más de 100 000 arboledas de este tipo, según recoge la investigación. El trabajo se centró en cuatro de ellas y en dos zonas habitadas de Vanzole, dentro de un paisaje donde se mezclan viviendas, agricultura y bosque.

Los científicos trabajaron con Namdev Shivgan y Anant Shivgan, dos conocedores locales que ayudaron a localizar los árboles e interpretar el terreno. Kevin Matteson, coautor del estudio, lo resumió así. «Los asentamientos son huertos cuidadosamente seleccionados, mientras que los bosques sagrados son cápsulas del tiempo ecológicas».

Más especies en poco espacio

El equipo midió 82 árboles gigantes pertenecientes a 20 especies. Se consideró gigante cualquier ejemplar con más de un metro de circunferencia en el tronco. Los datos se recogieron entre agosto de 2018 y mayo de 2019, aunque el estudio fue publicado en mayo de 2026.

En las arboledas se localizaron 44 árboles gigantes de 14 especies. En las zonas habitadas aparecieron 38 ejemplares de ocho especies. Además, 12 especies solo fueron observadas dentro de los bosques sagrados.

La diferencia cuenta una historia cotidiana. Cerca de las viviendas dominaban el mango y la jaca, árboles útiles por sus frutos. En las arboledas había una mezcla más variada de especies silvestres, entre ellas la beheda, apreciada también por sus usos medicinales.

Árboles altos y copas anchas

Los árboles de los pueblos tenían troncos más gruesos y copas más amplias. Tiene sentido, porque en espacios abiertos pueden extender sus ramas hacia los lados sin competir tanto por la luz.

Dentro de las arboledas ocurría lo contrario. Los ejemplares eran significativamente más altos, empujados hacia arriba por la vegetación vecina. Esa forma puede resultar útil para aves grandes que buscan lugares seguros donde posarse, alimentarse o anidar.

No es un detalle menor. Un árbol enorme funciona como una estación de servicio para la fauna, con frutos, ramas resistentes y huecos. Pero su valor crece cuando está rodeado de un bosque donde las semillas pueden convertirse en nuevos árboles.

Las aves plantan el bosque

Los cálaos y otras aves frugívoras comen frutos y transportan sus semillas. Después las dejan caer o las expulsan con sus excrementos, a veces lejos del árbol original. Es una reforestación natural, silenciosa y constante.

Los retoños de la palma cola de pez aparecieron bajo el 91 % de los árboles gigantes de las arboledas, frente al 47 % de los situados en los asentamientos. La media fue de 56 retoños por árbol en los bosques sagrados y de 4,9 en las zonas habitadas.

¿Qué significa esto en la práctica? Con Strychnos nux-vomica, que produce frutos grandes, los retoños aparecieron bajo el 77 % de los árboles de las arboledas y solo bajo el 5 % de los árboles de los pueblos. La diferencia sugiere que las aves grandes encuentran mejores condiciones dentro del bosque y que las semillas sobreviven allí con mucha más facilidad.

Un árbol aislado no basta

Los grandes árboles que quedan entre casas y cultivos siguen siendo importantes. Sirven como lugares de descanso, alimentación e incluso nidificación para las aves, además de conectar fragmentos de bosque separados.

Pero no sustituyen a una arboleda completa. En las zonas habitadas, el ganado, las pisadas y la retirada de vegetación pueden destruir los brotes antes de que crezcan. La semilla llega, pero muchas veces el futuro árbol no pasa de ahí.

También conviene mantener el matiz. El equipo no registró directamente cada visita de las aves y la presencia de un retoño no garantiza que alcance la edad adulta. Además, la muestra fue pequeña y no permitió comparar estadísticamente las cuatro arboledas entre sí.

El hormigón también amenaza

Las cuatro arboledas medían entre 2307 y 14 650 metros cuadrados, con una superficie media de 6587 metros cuadrados. Son espacios pequeños. Aun así, mantenían una diversidad y una regeneración que no aparecían con la misma fuerza en el paisaje habitado.

El problema es que en algunos lugares estos santuarios sencillos están cambiando. La construcción de grandes estructuras religiosas de cemento y la limpieza de la vegetación pueden dañar las raíces, eliminar el sotobosque y reducir el espacio donde germinan las semillas.

Sustituir una piedra o un pequeño altar por un templo de hormigón puede parecer una mejora. Desde el punto de vista ecológico, puede ser justo lo contrario. Y eso se nota bajo los árboles.

Conservar también a las comunidades

La principal lección es clara. Proteger la biodiversidad no consiste únicamente en cercar reservas o salvar animales concretos. También exige apoyar a las comunidades, respetar sus conocimientos y evitar que la conservación separe la naturaleza de la cultura que la ha protegido.

La Applied Environmental Research Foundation trabaja en la zona con restauración ecológica, estimaciones de carbono y programas que buscan aportar ingresos mediante el uso sostenible de especies como la beheda. En el fondo, se trata de que conservar el bosque también tenga sentido para quienes viven junto a él.

Los bosques sagrados son pequeños, pero actúan como viveros, refugios y puntos de conexión. Si desaparecen sus árboles gigantes, sus aves o sus tradiciones, no solo se pierde un paisaje antiguo, también se corta una parte del proceso que crea el bosque del futuro. 

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica PLOS ONE.

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