¿Y si los árboles que plantamos en las zonas más secas pudieran “regarse solos”, usando solo el viento y la humedad del aire? Eso es, en esencia, lo que ha logrado Jia Mingxuan, un estudiante de 14 años de Mongolia Interior, en el norte de China. Su sistema de riego por condensación, hecho con tubos de acero de ferretería y botellas de plástico reutilizadas, no solo ha ganado el máximo galardón juvenil en la feria internacional de inventos iENA de Núremberg, también se ha convertido en una nueva herramienta para que los árboles recién plantados sobrevivan a la sequía y al viento de su región.
En un contexto en el que la desertificación avanza en muchas partes del planeta y donde plantar no siempre significa que el árbol llegue a adulto, la pregunta es directa. Qué tiene de especial este invento aparentemente tan simple y por qué está llamando la atención de expertos en restauración ecológica.
Cómo funciona el sistema que “cosecha” agua del aire
El dispositivo de Jia es un sistema de riego pasivo. A primera vista solo se ve un tubo de acero clavado en el suelo junto a un plantón y una pequeña pieza en la parte superior, fabricada con plástico reutilizado. Dentro ocurre lo importante.
El tubo aprovecha la diferencia de temperatura entre la parte enterrada y la superficie. Esa diferencia crea una ligera circulación de aire en el interior. El aire húmedo entra, se enfría al pasar por la zona más fría bajo tierra y el vapor de agua se condensa en forma de pequeñas gotas en las paredes internas. Esas gotas resbalan y acaban en la zona de raíces del árbol. Todo sin bombas, sin cables, sin depósitos externos y sin consumo eléctrico.
La clave está en que incluso en zonas áridas siempre hay algo de humedad en el aire, sobre todo de noche. El sistema no pretende sustituir a todos los riegos, pero sí aportar un goteo constante que marque la diferencia entre un plantón que se seca a los pocos meses y otro que consigue pasar los primeros años críticos.
De la cocina familiar a una feria internacional de inventos
La idea no nació en un laboratorio. Según cuenta Jia, el chispazo llegó una noche cualquiera en la cocina de su casa, al ver cómo el vapor se convertía en gotas sobre los azulejos fríos. Aquella imagen cotidiana se mezcló con una lección de física y con algo que el joven ya tenía en la cabeza desde niño, la dificultad de que los árboles prendan en los suelos arenosos y castigados por el viento de su comarca de Chifeng.
A partir de ahí empezó a dibujar, cortar tubos, probar con distintas formas de caperuza y a enterrar prototipos a varios metros de profundidad. Para medir la humedad tenía que desplazarse unos treinta kilómetros desde el internado donde estudia, muchas veces antes del amanecer para llegar a tiempo a clase. Esa constancia llamó la atención de su comunidad incluso antes del premio internacional.
En la edición juvenil de la Nuremberg International Invention Exhibition iENA se encontró rodeado de más de quinientos proyectos, algunos tan sofisticados como robots quirúrgicos o dispositivos de interfaz cerebro máquina. Él se presentó con tubos de acero y botellas recicladas. Pensó que no tenía nada que hacer. Sin embargo, el jurado valoró justo lo contrario, la aplicación ingeniosa de principios físicos básicos a un problema ambiental muy concreto, la supervivencia de los árboles en una región semiárida.
Una pieza más en la lucha contra la desertificación
El invento de Jia se enmarca en la llamada Gran Muralla Verde del Norte de China, el mayor proyecto de reforestación en marcha en el planeta. En la zona donde vive su familia, en los años sesenta el paisaje era casi desnudo, con lluvias en torno a 380 milímetros al año y dunas que avanzaban sobre tierras agrícolas. Hoy cerca de la mitad del condado está cubierta por bosques, aunque el ecosistema sigue siendo frágil y los plantones aún se pierden por falta de agua en los primeros años.
Allí ya se utilizan soluciones de alta tecnología, desde sistemas de monitorización basados en el satélite Beidou hasta plantaciones guiadas por datos para mejorar la tasa de supervivencia. El dispositivo de condensación no compite con estas herramientas, las complementa. Permite llevar un aporte de agua mínimo y constante justo donde más se necesita, incluso en parcelas remotas donde instalar riego por goteo, depósitos o energía resulta demasiado caro.
Actualmente Jia colabora con un equipo de investigación de Shanghái que estudia materiales más duraderos, como bioplásticos o aleaciones ligeras, para abaratar la producción a gran escala y reducir la huella ambiental del dispositivo. La idea es que pueda fabricarse en serie y adaptarse a distintos tipos de suelo y especie, desde plantaciones comunitarias en Asia hasta proyectos de restauración en otras zonas áridas del mundo.
Qué lecciones puede dejar a las zonas secas de España
Lo que ocurre en el norte de China no nos queda tan lejos como parece. Informes europeos señalan que la desertificación es ya una amenaza creciente en el sur del continente, con especial riesgo en el sur de Portugal, amplias zonas de España, el sur de Italia y parte de Grecia, Malta y Chipre. Según estimaciones recientes, más de tres cuartas partes del territorio español se encuentran en algún grado de riesgo de desertificación, una realidad que ya se nota en el retroceso de suelos fértiles y en la presión sobre el agua.
En este escenario, las grandes infraestructuras de riego y las soluciones de alta tecnología son importantes, pero no siempre llegan a todas partes. Los proyectos de reforestación en laderas, fincas pequeñas o zonas muy aisladas necesitan herramientas baratas, fáciles de mantener y que puedan gestionar las propias comunidades. Ahí es donde inventos como el de este estudiante chino encajan muy bien.
No hacen magia y no van a detener por sí solos el avance de la desertificación. Sin embargo muestran que, con creatividad y conocimiento básico de física, se pueden diseñar dispositivos que aprovechan al máximo cada gota, reducen la necesidad de transportar agua en camiones y dan una oportunidad extra a los árboles jóvenes que sostendrán los bosques del futuro. Y eso, en un país como España que ya vive sequías cada vez más frecuentes, no es poca cosa.
El reportaje original sobre la invención de Jia Mingxuan se ha publicado en Shining at iENA, Chinese teen’s grassroots invention combats desertification.
Foto: Xinhua/China Daily

















