Un agricultor español recupera semillas de 1940, las siembra y consigue obtener tomates que de verdad saben como los de antes

Publicado el: 16 de mayo de 2026 a las 09:46
Síguenos
Cajas con tomates antiguos cultivados a partir de semillas tradicionales recuperadas por Emilio Medina en Palencia.

En una huerta de Villalcázar de Sirga, en Palencia, ha ocurrido algo que parece pequeño, pero no lo es. Emilio Medina, agricultor de 26 años y bombero forestal, ha conseguido que semillas antiguas vuelvan a dar fruto, entre ellas un tomate soriano fechado en 1916. La historia habla de tomates, sí, pero también de biodiversidad, memoria rural y futuro de la alimentación.

La conclusión es sencilla. Guardar semillas no consiste solo en meterlas en un bote o en una cámara fría. Para que una variedad siga viva de verdad, hay que cultivarla, probarla, seleccionarla y volver a sembrarla. Y eso, en un tiempo de frutas perfectas pero muchas veces sin sabor, tiene más importancia de la que parece.



Una huerta con memoria

La motivación de Emilio Medina viene de casa. Según ha contado, recuperó una tierra en la que habían trabajado sus bisabuelos Ponciano y Erundina, y desde ahí empezó a buscar semillas antiguas de los años 40 y 50. No era solo nostalgia. Era una forma de volver a tocar una parte de la historia familiar con las manos llenas de tierra.

Ese camino le llevó a hablar con personas mayores, rastrear semillas olvidadas y tirar de una red que no aparece en los escaparates. Él mismo lo resume con una frase clara, «semillas antiguas a la venta es muy complicado conseguir». En la práctica, muchas de estas variedades sobreviven gracias al intercambio entre vecinos, horticultores y pequeños guardianes de semillas.



El tomate de 1916

El caso más llamativo es el de un tomate soriano fechado en 1916. La semilla procedía de Matute de Almazán y, según la información publicada, fue conservada durante décadas en un frasco familiar hasta que volvió a ponerse en cultivo. Parece una escena de otro tiempo. Pero ha ocurrido en una huerta actual de Palencia.

El fruto no encaja con la idea de tomate de supermercado. Es más pequeño, irregular, acostillado y menos fotogénico. Pero ahí está precisamente parte de su valor. Medina lo describe como un tomate que «sabe a tomate», una frase sencilla que muchos consumidores entienden al primer bocado.

La primera cosecha viable ha permitido obtener nuevas semillas para seguir cultivándolo. Ese detalle es clave. No se trata de una rareza para una foto, sino de una variedad que puede continuar su camino si se cuida campaña tras campaña. No es poca cosa.

Por qué importa

¿Qué significa esto para alguien que compra tomates en una tienda? En gran medida, que el sabor, la resistencia y la diversidad no aparecen por casualidad. Durante décadas, buena parte de la agricultura comercial ha premiado variedades más uniformes, más fáciles de transportar y más rentables para grandes cadenas.

El problema es que, por el camino, se pueden perder aromas, texturas y adaptaciones locales. La FAO ya advirtió que la diversidad genética de los cultivos es fundamental para afrontar sequías, calor, salinidad, plagas y enfermedades. También estimó que entre 1900 y 2000 se perdió el 75 por ciento de la diversidad de los cultivos.

Bancos fríos y bancos vivos

Los grandes bancos de semillas cumplen una función enorme. La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, conserva copias de seguridad de semillas importantes para la alimentación y la agricultura. En su último depósito de 2026, el centro informó de 1.387.038 muestras aseguradas en la instalación ártica.

Pero una cámara no sustituye a una huerta. Conserva una copia, sí, pero no comprueba cada temporada cómo responde una planta al calor, a la sequía, al suelo o a las enfermedades. Ahí entra el trabajo de agricultores como Emilio Medina, que convierten la conservación en algo vivo, cotidiano y pegado al terreno.

Un patrimonio del pueblo

La colección de Medina supera las 1.200 variedades, muchas de ellas obtenidas fuera de los circuitos comerciales. Su fama ha crecido especialmente por los tomates, hasta el punto de ganar varios premios en festivales especializados. Pero el fondo de la historia va más allá del palmarés.

Cada semilla tiene un nombre, una persona detrás y una comarca. Algunas proceden de desvanes, paneras o huertas que ya no se cultivan. Otras han sobrevivido porque alguien, durante años, apartó unas pocas semillas del mejor fruto y las guardó para la siguiente temporada. Así de simple. Así de frágil.

La lección para el consumidor

Esta historia también deja una pregunta incómoda. ¿Queremos alimentos perfectos a la vista o alimentos con identidad, sabor y memoria? No hay una respuesta única, porque el mercado necesita cantidad y precios accesibles. Pero el consumidor sí puede valorar más los productos locales, las variedades tradicionales y esas piezas menos perfectas que muchas veces esconden más sabor.

Comprar en mercados de proximidad, preguntar por la variedad o apoyar a pequeños productores no va a resolver por sí solo la pérdida de biodiversidad agrícola. Pero ayuda. Y, sobre todo, manda una señal clara a quien cultiva. Lo antiguo no tiene por qué ser atrasado. A veces es justo lo que necesitamos para pensar mejor el futuro.

Mirar atrás para avanzar

El caso de este tomate de 1916 no es solo una curiosidad bonita. Es una advertencia amable, de esas que huelen a huerta recién regada. Nos recuerda que la sostenibilidad también se juega en detalles pequeños, como una semilla guardada en un tarro o una planta que vuelve a crecer después de más de un siglo.

En un mundo con más calor, menos agua disponible en muchas zonas y una alimentación cada vez más estandarizada, conservar variedades locales puede ser una herramienta de futuro. La memoria del campo no sirve solo para contar historias. También puede alimentar.

El reportaje original sobre la recuperación del tomate de 1916 ha sido publicado en Cadena SER.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario