El Solsonès acaba de sumar dos nombres nuevos a su lista de vertebrados. No hablamos de una invasión ni de animales exóticos, sino de dos serpientes de montaña que hasta ahora no constaban en la documentación local de la comarca. La primera es la culebra de Esculapio (Zamenis longissimus), observada en Odèn a 1250 metros de altitud. La segunda es Hierophis viridiflavus, conocida como culebra verdiamarilla o serpiente verde y amarilla, localizada en 2023 en la Coma i la Pedra a 1600 metros.
Detrás de ambas citas está el biólogo David Guixé, especialista en seguimiento de fauna y hábitats e investigador del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya desde el año 2000. La noticia puede parecer pequeña, pero no lo es. En biodiversidad, cada observación bien identificada corrige el mapa y ayuda a saber qué vive realmente en un territorio. Y cuando hablamos de serpientes, conviene añadir calma. El hallazgo no significa que haya más peligro para las personas. Significa, sobre todo, que se conoce mejor la naturaleza que nos rodea.
Dos citas nuevas
La primera observación reciente corresponde a la culebra de Esculapio en Odèn. Según la información publicada, este ejemplar destaca por su tamaño, por su capacidad para moverse entre ramas y por su comportamiento inofensivo. Lo importante es que se convierte en una especie sin precedentes en el registro comarcal del Solsonès.
La segunda cita se remonta a abril de 2023. En aquel momento, Guixé localizó una Hierophis viridiflavus en la Coma i la Pedra, en prados de siega y zonas con presencia de pino silvestre. Es decir, en un paisaje de montaña donde bosque, pasto y claros conviven a poca distancia. No es poca cosa.
Que no estuvieran catalogadas antes no quiere decir que hayan aparecido de la nada. Quiere decir algo más sencillo y, a la vez, muy relevante. Hasta ahora no había una constatación local suficientemente clara para incorporarlas a la lista de fauna de la comarca.
La culebra de Esculapio
La culebra de Esculapio (Zamenis longissimus, antes Elaphe longissima) es una serpiente larga, esbelta y no venenosa. Las fichas especializadas señalan que suele medir alrededor de 155 centímetros, aunque algunos machos pueden llegar a los 200 centímetros. También explican que es buena trepadora y que puede aparecer tanto en el suelo como subida a árboles.
Su presencia en Odèn encaja con una especie asociada a zonas húmedas, bosques mixtos, bordes entre bosque y prado y áreas de montaña media. La UAB indica que en Cataluña se ha registrado hasta los 1750 metros, aunque aparece con más frecuencia entre los 600 y los 1200 metros. Por eso, una observación a 1250 metros resulta interesante, pero no absurda. En naturaleza, los límites rara vez son líneas perfectas.
Esta serpiente se alimenta de reptiles, aves y pequeños mamíferos. Puede buscar presas de forma activa y, si la presa es grande, usar la constricción. Dicho de otro modo, cumple una función ecológica silenciosa. Ayuda a mantener equilibrios que muchas veces solo echamos de menos cuando se rompen.
La serpiente verde y amarilla
La Hierophis viridiflavus es más llamativa a simple vista. Su coloración combina tonos oscuros con manchas amarillas o verdosas, y los ejemplares adultos suelen medir entre 120 y 130 centímetros, según la ficha de 3DVirtualHerp de la UAB. En la península Ibérica aparece ligada sobre todo al ámbito pirenaico, con un rango altitudinal frecuente entre 700 y 2000 metros.
Eso ayuda a entender por qué su hallazgo a 1600 metros en la Coma i la Pedra tiene sentido ecológico. La especie puede vivir en ambientes de montaña y también moverse por prados, claros, bordes forestales y zonas con vegetación baja. No es una serpiente que pase siempre desapercibida. Es rápida, activa y con carácter defensivo.
Aquí conviene ser claros. La culebra verdiamarilla puede morder si se siente acorralada o manipulada, pero no es venenosa. Su reacción no es una persecución ni un ataque gratuito. Es defensa. ¿Qué significa esto para un senderista o un vecino? Muy simple. No tocarla, no arrinconarla y dejarle una vía de escape.
Lo que cambia
Este tipo de hallazgos cambia algo más que una lista. Cambia la imagen que tenemos de una comarca. El Solsonès no es solo un paisaje bonito de montaña, bosques y pueblos pequeños. También es un territorio vivo donde aún quedan datos por completar.
En ciencia, la ausencia de una cita no siempre equivale a la ausencia de una especie. A veces significa que nadie la había observado, fotografiado, identificado o registrado con suficiente seguridad. Y ahí entra el trabajo de campo, ese que parece lento, pero sostiene todo lo demás.
También hay un mensaje útil para la gestión ambiental. Si una comarca actualiza su inventario de vertebrados, puede tomar mejores decisiones sobre carreteras, hábitats, actividades forestales o conservación de espacios abiertos. La biodiversidad no se protege con intuiciones. Se protege con datos.
Qué hacer si aparece una
La reacción más común ante una serpiente suele ser el susto. Es normal. En caminos de montaña, muros viejos o prados altos, verla moverse de golpe impresiona. Pero el miedo no debería acabar en daño al animal.
Lo recomendable es mantener la distancia, observar sin molestar y, si se quiere aportar información útil, tomar una fotografía desde lejos y anotar el lugar aproximado. En caso de duda, se puede consultar con agentes rurales, entidades naturalistas o personal especializado. Una imagen clara puede servir mucho más que intentar capturarla.
Matar serpientes por miedo es un error ecológico. Estos reptiles forman parte de la cadena natural, controlan pequeños animales y también sirven de alimento a otras especies. Además, algunas amenazas que sí se repiten en sus fichas de conservación son muy humanas, como los atropellos en carreteras.
Una señal para mirar mejor
El descubrimiento de estas dos serpientes no debe leerse como una alarma. Tampoco como una anécdota sin importancia. Está justo en medio. Es una señal de que la biodiversidad local todavía guarda piezas por encajar.
La montaña cambia con las estaciones, con el uso del suelo, con el clima y con la presencia o ausencia de personas que miran con atención. A veces basta una observación bien hecha para abrir una pregunta nueva. ¿Hay más ejemplares? ¿Son poblaciones estables? ¿Habían pasado desapercibidas durante años?
El siguiente paso será seguir observando. Con prudencia, con método y sin exageraciones. Porque conocer una serpiente no consiste solo en ponerle nombre. Consiste en entender qué nos dice sobre el lugar donde vive.
La información original sobre las dos observaciones ha sido publicada en NacióSolsona, y las características de las especies se apoyan en las fichas especializadas de la UAB y del Museu de Ciències Naturals de Granollers.









