En un avance inaudito de la biología la ciencia confirma que los polluelos de esta especie segrega un líquido fétido con bacterias y disparan heces para ahuyentar a los depredadores

Publicado el: 27 de junio de 2026 a las 20:42
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Abubilla común alimentando a sus polluelos en el nido dentro de una cavidad de árbol

La abubilla común es una de esas aves que se reconocen casi al primer vistazo. Su cresta, su pico largo y curvado y sus alas con franjas blancas y negras hacen que parezca salida de una ilustración antigua. En España es una vieja conocida del campo, los huertos y los caminos soleados.

Pero su rasgo más sorprendente no está en el plumaje. Está dentro del nido. Cuando un depredador se acerca demasiado, los polluelos pueden lanzar heces malolientes hacia el atacante, mientras la hembra y las crías usan secreciones de la glándula uropigial que la ciencia relaciona con bacterias beneficiosas. Suena desagradable. Y precisamente por eso funciona.



Un ave imposible de confundir

La abubilla común (Upupa epops) aparece en las fichas de SEO/BirdLife como un ave de aspecto inconfundible, con tonos ocres en la parte delantera del cuerpo, alas blancas y negras y una cresta que suele desplegar cuando se posa, se inquieta o entra en cortejo. Es una imagen muy de campo, de esas que muchos han visto alguna vez junto a una cuneta o en un terreno abierto.

La ficha de la asociación húngara MME/BirdLife Hungary recoge para esta especie una longitud corporal de 26 a 28 centímetros y una envergadura de 42 a 46 centímetros. No es un ave grande, pero se hace notar. Y eso se nota más aún cuando abre la cresta como un abanico.



Un nido con olor a alarma

La abubilla no construye un nido vistoso en las ramas. Prefiere cavidades. Puede criar en huecos de árboles, antiguos agujeros de pájaros carpinteros, muros, montones de piedras, cobertizos o incluso huecos cerca del suelo. En buena parte, depende de que el paisaje conserve pequeños refugios.

La hembra pone normalmente varios huevos y se encarga de incubarlos, mientras el macho lleva comida. Después, los dos adultos participan en la alimentación de los polluelos. Y ahí aparece una de las defensas más llamativas de esta especie. Si las crías se sienten amenazadas, pueden dirigir excrementos fétidos hacia el animal que se acerca al nido.

No es una simple anécdota de naturaleza. Un estudio publicado en la Rivista Italiana di Ornitologia registró 17 intentos de depredación en cuatro nidos de abubilla en una zona rural mediterránea de Italia. Según el trabajo, las secreciones uropigiales y los fuertes siseos de pollos y hembras dentro de la cavidad salvaron las puestas en esos ataques observados.

La ciencia del mal olor

La explicación va más allá de «huele mal y punto». La glándula uropigial está situada cerca de la base de la cola y en muchas aves produce una sustancia usada para cuidar el plumaje. En la abubilla, durante la reproducción, esa secreción cambia y se vuelve más oscura, olorosa y cargada de microorganismos asociados a la defensa.

Un estudio de 2026 publicado en Animal Microbiome plantea que la glándula uropigial de la abubilla europea funciona como un «órgano simbiótico». En palabras sencillas, sería una estructura capaz de favorecer ciertas bacterias beneficiosas y mantenerlas organizadas en un espacio concreto del cuerpo. No es poca cosa.

Los investigadores compararon secreciones y superficies de huevos en poblaciones europeas y observaron que las comunidades bacterianas de la glándula eran más conservadas que las de las cáscaras. Además, encontraron una compartimentación especial en las glándulas de abubillas en fase de cría, algo que no aparecía igual en individuos fuera de ese momento reproductor.

Mucho más que un pájaro bonito

La abubilla también cumple un papel silencioso en el campo. Se alimenta sobre todo de presas animales como insectos, gusanos, orugas, grillos, escarabajos y saltamontes. Por eso se la puede ver caminando por el suelo, picoteando aquí y allá, como si revisara el terreno palmo a palmo.

La misma ficha de MME/BirdLife Hungary señala que suele encontrarse cerca de explotaciones ganaderas, donde aprovecha insectos y gusanos presentes en el estiércol. Dicho de otra manera, forma parte de esa red natural que ayuda a mantener a raya a muchos invertebrados en paisajes agrícolas tradicionales.

¿Qué significa esto en la práctica? Que perder abubillas no es solo perder un ave bonita. También es empobrecer esos paisajes de mosaico, con huertos, viñas, frutales, pastos y pequeños refugios, que durante siglos han dado alimento y sitio de cría a muchas especies.

La amenaza está en el paisaje

A escala global y europea, la abubilla figura como especie de «preocupación menor» en la ficha de MME/BirdLife Hungary. Eso no significa que pueda olvidarse. En Hungría, por ejemplo, aparece protegida por la legislación nacional, con un valor de conservación asignado de 50 000 forintos.

El problema es más sutil. La intensificación agrícola reduce insectos, elimina huecos, simplifica el paisaje y deja menos zonas donde alimentarse o criar. La revisión sobre la situación de la abubilla en Hungría ya advertía de que los cambios de hábitat ligados a la agricultura intensiva y la falta de cavidades adecuadas pueden limitar a la especie.

Por eso las soluciones no siempre pasan por grandes obras. A veces basta con conservar árboles viejos, respetar muros con huecos, reducir insecticidas cuando sea posible y mantener parcelas más variadas. En la práctica, una caja nido bien colocada puede ser una vivienda. Para una abubilla, eso puede cambiar una temporada entera.

Una defensa incómoda, pero eficaz

La naturaleza no siempre protege a sus crías con garras, dientes o fuerza bruta. A veces lo hace con olor. En el caso de la abubilla, ese olor sirve como aviso, barrera y posible defensa microbiana para huevos, polluelos y hembras reproductoras.

Puede parecer una estrategia extraña vista desde casa. Pero en un nido oscuro, dentro de un tronco o un hueco de piedra, cada segundo cuenta. Si una serpiente, una rata o una pequeña rapaz mete la cabeza, el mensaje tiene que ser rápido y claro. Mejor no seguir adelante.

La abubilla nos recuerda algo sencillo. La biodiversidad está llena de soluciones raras, eficaces y muy afinadas por la evolución. Algunas son hermosas. Otras huelen fatal. Pero todas cuentan una parte importante de cómo la vida se abre paso.

El estudio más reciente ha sido publicado en Animal Microbiome.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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