Investigadores de la Universidad James Cook (JCU) han comprobado que las praderas marinas de Trinity Inlet, en la bahía australiana de Cairns, volvieron a crecer tras perder el 98 % de su superficie intermareal. Los peces también regresaron, pero con otra mezcla de especies, según un estudio con datos de 1991 a 2025.
La doctoranda Darcy Philpott dirigió el trabajo, que la revista Estuarine, Coastal and Shelf Science publicó el 29 de julio. La universidad lo presentó en una nota de prensa el 6 de octubre.
Riadas, Yasi y agua turbia
Entre 2009 y 2011, un episodio fuerte de La Niña trajo lluvias e inundaciones al norte de Queensland. El ciclón tropical Yasi agravó los daños en 2011.
Las riadas llenaron el agua de partículas en suspensión, lo que se llama turbidez. Con el agua turbia, la luz llega peor al fondo, donde estas plantas la necesitan para crecer. Pasó algo parecido con la mancha blanca del Mar Menor.
Según la JCU, las praderas intermareales (las que quedan al aire con la marea baja) perdieron el 98 % de su superficie. La abundancia de peces bajó un 84 % y el número de especies, un 73 %. En 2014 ya no quedaban plantas en los dos puntos de muestreo. La pradera empezó a recuperarse al año siguiente.
167 arrastres desde 1991
El equipo estudió una pradera de Zostera muelleri, una hierba marina con flores que crece en el oeste de la bahía, entre el puerto deportivo de Cairns y Ellie Point.
Los autores compararon tres etapas: 1991 y 2000, con la pradera sana; 2014, sin plantas, y de 2023 a 2025, cuando la biomasa y la superficie de la pradera ya se acercaban a las de antes.
Según el estudio, el método no cambió en todo ese tiempo. Una barca arrastraba unos 100 metros una red de 1,5 metros de ancho con malla de 2 milímetros. Salían de noche, con marea alta y cerca de la luna nueva, cuando los peces esquivan peor la red. En total hicieron 167 arrastres y capturaron 11.224 peces de 190 taxones y 47 familias.

Robert Coles, coautor, formó parte del equipo que empezó estos muestreos en los años noventa. En la nota de la JCU recuerda que los registros de más de tres décadas «son increíblemente raros».
Philpott ve otra comunidad
Sin plantas, la media de peces por arrastre cayó de 90,1 a 14,2. El número de taxones bajó de 9,75 a 2,61 por arrastre. Con la pradera de vuelta subió hasta 8,78, cerca del 90 % del valor previo y sin diferencia significativa con la etapa sana.
Philpott lo resume así: «No fue simplemente un regreso a la misma comunidad de peces que había antes». Según la investigadora, la comunidad «se ha reorganizado» y se recupera «por una trayectoria distinta».
En los análisis estadísticos de los autores, la composición de especies de 2023 a 2025 seguía siendo distinta de la de 1991 y 2000 en los cuatro meses de muestreo, aunque menos que la de la etapa sin plantas.
Antes dominaban los peces que comen en el fondo y los omnívoros. En la recuperación ganaron peso los omnívoros y los que comen plancton, y los grupos quedaron más igualados.
Gobios, bremas y silver javelin
El estudio identificó 38 especies indicadoras, típicas de una etapa concreta. Antes de las inundaciones destacaban el gobio Glossogobius circumspectus y la brema Acanthopagrus berda, conocida en Australia como pikey bream. Sin plantas abundó Gerres oyena, una mojarra oportunista según los autores. En la recuperación sobresalen Pomadasys argenteus, el silver javelin, y el jurel Alepes djedaba.
Once especies vivían en la pradera antes y después, pero faltaban o eran raras en 2014. Es el caso de Pelates quadrilineatus, la más capturada, con el 19,5 % de los ejemplares, y del pez pipa Hippichthys cyanospilos, que usa las hojas para camuflarse y comer.
Los herbívoros faltaron por completo mientras no hubo plantas. Luego aumentó, por ejemplo, el pez conejo Siganus canaliculatus.

Gambas y pesca deportiva
Para Philpott, las praderas de Cairns «son un ecosistema extremadamente importante», porque los peces jóvenes y las gambas encuentran allí refugio y comida. Europa también debate cómo proteger las praderas marinas que no puede permitirse perder.
Según el artículo, las praderas de Trinity Inlet sostienen más de 154 especies de interés ecológico, recreativo o comercial. En 1993 la pesca de gambas de la bahía valía 1,24 millones de dólares.
La pikey bream, una de las especies que perdió terreno, también interesa a los pescadores deportivos. El Gobierno de Queensland le fija una talla mínima de 25 centímetros y un límite de 30 ejemplares compartido con otras dos bremas.
Tonia Sankey, de Fisheries Queensland, firma el estudio, que financiaron North Queensland Bulk Ports Corporation y BHP.
Los autores piden medir qué especies vuelven y qué papel cumplen, además de contar peces y hectáreas. Es una idea que vale también para quienes intentan restaurar praderas marinas en España con mallas biodegradables.
Ninguna pradera de control
La red de malla fina captura sobre todo peces pequeños y juveniles, así que puede quedarse corta con los grandes y más móviles. Los datos salen además de dos puntos de una sola pradera. El equipo no tenía una pradera de control ni series largas de temperatura, salinidad o agua dulce, así que no puede achacar todo el cambio de especies a la pérdida de plantas.
La JCU vigila cada año estas praderas para la autoridad portuaria Ports North. Su informe de 2025 las sitúa en mal estado general, tanto en la bahía como en el estuario. La biomasa y la superficie quedaron por debajo de su referencia.
El estudio completo se ha publicado en Estuarine, Coastal and Shelf Science, y sus autores no descartan que, con más tiempo y si la pradera sigue recuperándose, la comunidad de peces se acerque a la de antes de 2009.
Foto: JCU TropWATER









