El plan de resiliencia climática plantea incorporar los riesgos del calentamiento a las inversiones y las infraestructuras, con unas necesidades de adaptación de 70.000 millones de euros anuales.
Construir una carretera, decidir dónde invertir o adjudicar una obra pública exige mirar al clima que viene. Bruselas apuesta por que la resiliencia climática forme parte de las decisiones políticas y económicas de los Veintisiete, empleando como referencia un escenario de calentamiento global de tres grados para finales de siglo.
La propuesta busca anticiparse a unas pérdidas que ya pesan sobre la economía europea, puesto que los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos ocasionaron unos 200.000 millones de euros en daños directos entre 2022 y 2025. La Comisión Europea plantea pasar de la respuesta tras la catástrofe a una prevención en base a las futuras condiciones de calor, inundaciones y sequía.
El nuevo marco contempla integrar estos riesgos en las infraestructuras, las inversiones y la coordinación económica europea. Prepararse para ese escenario complementa la reducción de emisiones. El paquete deberá negociarse con el Consejo y el Parlamento Europeo y propone que los países tengan listos sus planes nacionales de resiliencia climática en diciembre de 2030.
La CE apuesta por la resiliencia climática
La Comisión Europea quiere que los países de la UE incorporen sistemáticamente los riesgos climáticos a sus decisiones políticas y económicas, con un calentamiento global de tres grados para finales de siglo como referencia, con el fin de adaptar Europa a una realidad climática cada vez más extrema.
Este es uno de los objetivos del nuevo marco europeo de resiliencia climática que presentó este martes el Ejecutivo comunitario, que incluye medidas legislativas para anticiparse a los efectos del cambio climático sobre las infraestructuras, las inversiones y los distintos sectores económicos.
«Europa no está suficientemente preparada y es nuestra responsabilidad minimizar los costes y el sufrimiento que eso supone», dijo la vicepresidenta de la Comisión Europea responsable de una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera.
La propuesta del Ejecutivo pretende instaurar una cultura de prevención que permita pasar de reaccionar ante las catástrofes a prepararse para ellas porque «no podemos seguir actuando como si el clima no hubiera cambiado», apuntan fuentes comunitarias.
Los modelos con los que trabaja Bruselas apuntan a un calentamiento global de dos grados para mediados de siglo y de tres grados para 2100, un escenario que la Comisión quiere utilizar como referencia común para evaluar riesgos y diseñar medidas de adaptación, aunque se utilizan también escenarios en los que Europa se sobrecalentaría hasta 5 grados.
Desde el Ejecutivo subrayan que prepararse para ese escenario no supone renunciar a los objetivos de reducción de emisiones, sino complementar los esfuerzos con medidas para afrontar las consecuencias.
Legislar sin tanta burocracia
La iniciativa llega en un momento delicado en el debate político europeo, marcado por el retroceso de algunas iniciativas medioambientales y las presiones para reducir las cargas administrativas sobre las empresas, lo que obliga a la Comisión a buscar un equilibrio entre nuevas exigencias de prevención y simplificación normativa.
El objetivo es que la evaluación de riesgos se incorpore a decisiones como las licitaciones públicas, la planificación de infraestructuras o las inversiones, teniendo en cuenta las condiciones climáticas futuras. También se prevé integrar el análisis de la resiliencia climática en el Semestre Europeo, el mecanismo de coordinación de las políticas económicas de la UE.
Este miércoles, la Comisión Europea lanzará una herramienta digital, denominada «European Climate Viewer» (Visor Europeo del Clima), para visualizar los riesgos climáticos en distintos escenarios y territorios, con aplicaciones como la evaluación de la vulnerabilidad de las redes ferroviarias.
No adaptarse tiene costes muy altos
Entre 2022 y 2025, las pérdidas económicas directas derivadas de fenómenos meteorológicos y climáticos extremos ascendieron a unos 200.000 millones de euros en la UE, frente a una media anual de 8.600 millones en la década de 1980. «Cada euro invertido hoy en resiliencia climática contribuye a proteger los empleos, las empresas y los medios de vida del mañana», declaró el comisario europeo de Clima, Wopke Hoekstra.
La Comisión estima que adaptar la economía europea requerirá inversiones de unos 70.000 millones de euros al año en resiliencia climática, pero señala que estas pueden generar retornos de entre dos y diez veces su valor en pérdidas evitadas, o incluso superiores en algunos casos.
Según estimaciones conservadoras de la Comisión, el calor provocó pérdidas equivalentes al 0,17 % del PIB de la UE entre abril y septiembre de este año, mientras que solo una cuarta parte de los daños climáticos están asegurados. Los riesgos del calentamiento ya figuran incluso en la información financiera que las grandes tecnológicas ofrecen a los inversores.
Anthropic, el gigante de la inteligencia artificial creador de Claude, advertía ayer, lunes, en su folleto de salida a bolsa de que «unas temperaturas medias más elevadas pueden incrementar el consumo de electricidad y agua necesario para refrigerar los equipos» y, con ello, aumentar sus costes operativos.
Las fuentes citaron además las recientes lluvias torrenciales en Valencia para ilustrar las consecuencias económicas de una prevención insuficiente y advirtieron de que las empresas pueden reconsiderar sus inversiones en territorios vulnerables si no se refuerza su protección.
Pero Bruselas aspira no solo a reducir costes, sino a crear riqueza. El mercado mundial de las tecnologías de adaptación podría alcanzar 3,5 billones de euros en 2050, y Europa quiere capturar gran parte de ese negocio.
El paquete legislativo, que deberá negociarse con los Estados miembros (el Consejo) y con el Parlamento Europeo, no contará con financiación adicional específica, ya que los recursos necesarios se incluyen en la propuesta de presupuesto plurianual de la UE para 2028-2034, actualmente en negociación.
Según la propuesta de la Comisión, los Veintisiete deberían tener listos sus planes nacionales de resiliencia para diciembre de 2030.
Una urgencia climática que ya es realidad
La urgencia ya estaba cuantificada antes de esta propuesta. La primera Evaluación Europea de Riesgos Climáticos, que fue publicada en 2024 por la Agencia Europea de Medio Ambiente, identificó 36 grandes riesgos para Europa: más de la mitad exigían medidas adicionales inmediatas y ocho eran especialmente urgentes.
Entre las prioridades de dicha evaluación figuraban proteger a la población del calor y reforzar las defensas frente a inundaciones e incendios. Ese diagnóstico evidencia por qué las decisiones de inversión actuales resultan vitales: muchas medidas de adaptación necesitan años para estar operativas.













