Greenpeace Eslovaquia presentó el 7 de octubre de 2026 un estudio sobre la sequía en Eslovaquia. Analiza once embalses, lagos, ríos y humedales del país. En nueve, el satélite europeo Sentinel-2 detecta plantas con más estrés hídrico entre 2017 y 2025. Lo firman la ONG y dos climatólogos del Instituto Regional de Climatología (Regionálny klimatologický inštitút, Regioclim).
El informe, titulado «Miznúca voda» («Agua que desaparece»), incluye los embalses de Veľká Domaša y Orava, lagos de los Tatras, el humedal de Senianske rybníky y el Danubio. En esos lugares la lluvia anual no baja, pero en los once sube el estrés por calor, por falta de agua o por ambas cosas.
Tres índices desde el satélite
El equipo usó tres índices calculados con imágenes de Sentinel-2, del programa europeo Copernicus: el NDMI estima el agua que hay en las hojas, el MSI mide el estrés por humedad y el NDRE refleja la vitalidad de la vegetación. En nueve de los once lugares, al menos dos de los tres apuntan a más estrés hídrico. Las caídas más claras del NDMI aparecen en Teplý Vrch, Senianske rybníky y Štrbské pleso.

Déficit de vapor al alza
El estudio pone el foco en el déficit de presión de vapor, que mide con qué fuerza el aire extrae agua del suelo y de las plantas y que crece con el calor aunque llueva lo mismo. Entre 1981 y 2026, esa demanda creció en Europa más de seis veces más rápido que la lluvia. «El paisaje se calienta, la atmósfera le quita más agua y los periodos secos se vuelven más frecuentes y más largos», explica la coautora Viera Rattayová, hidroclimatóloga.
En Eslovaquia, la temperatura media anual ya está 2,0 °C por encima de la del periodo 1961-1990, y la lluvia, sin bajar en el cómputo anual, se ha desplazado de la primavera y el verano hacia el otoño. Así falta agua cuando cultivos y bosques más la necesitan, y a eso se suma lo que tardan las plantas en recuperarse de la sequía.
Domaša, Senianske rybníky y Orava
En Veľká Domaša, un embalse del río Ondava en el este del país, los días dentro de una ola de calor pasaron de unos 10 a 38 al año y los meses con sequía grave y prolongada se multiplicaron por 5,8. Con emisiones muy altas, tendría unos 131 días de ola de calor al año a finales de siglo.
Senianske rybníky, un humedal protegido sobre todo por sus aves, ha subido unos 2,1 °C de media. Allí los días de ola de calor pasaron de 10 a 42 al año y las noches tropicales, de 0,4 a 4,3, una mezcla de calor y sequía que, según los autores, amenaza con hacer desaparecer el humedal.
La presa de Orava está en el norte, en una zona más fresca y húmeda, y aun así sus días de ola de calor pasaron de unos 11 a 36 al año. Sus meses de sequía grave se han multiplicado por 8,3, el mayor aumento de los once lugares, y los tres índices de satélite empeoran.
El verano de los 42,2 °C
El Instituto Hidrometeorológico Eslovaco (SHMÚ) confirma un año muy seco en su análisis del verano de 2026, publicado el 18 de septiembre. Ese verano fue el tercero más cálido desde 1931, con 1,8 °C más que la media de 1991-2020, y el 6 de agosto Dolné Plachtince marcó 42,2 °C.
Con la sexta lluvia de verano más baja desde 1881, a mediados de agosto el 90 % del país tenía sequía del suelo de marcada a extrema, y en la zona de Orava faltaban hasta 100 milímetros de agua en el suelo. El organismo considera el episodio más intenso que el de 2022 y prevé cosechas entre un 10 % y un 40 % más bajas.
Desde 1900, la estación del Danubio en Bratislava suma 572 días con el caudal medio bajo el umbral de sequía hidrológica extrema. Solo 28 cayeron en verano, todos en julio y agosto de 2026, y según Greenpeace el agua subterránea bajó ese año en más del 80 % de los pozos vigilados, otra señal del agotamiento del agua dulce.
Retener agua, no ampliar embalses
Para Dorota Osvaldová, que coordina la campaña de clima y energía de Greenpeace Eslovaquia, el dato de los nueve lugares muestra que «la sequía se ha convertido en un problema sistémico del paisaje eslovaco». A su juicio, ideas del primer ministro Robert Fico como el proyecto Studený potok o Málinec no la resuelven.
Esta sequía nace sobre todo de la evaporación y no se arregla con embalses más grandes, argumenta. «De lo que llueve, cada vez queda menos agua en el paisaje», resume en la nota de prensa de Greenpeace Eslovaquia, donde pide retener agua en el territorio, más renovables y menos consumo.

La plataforma europea Climate-ADAPT recoge medidas parecidas para la retención de agua en zonas agrícolas, como arar según las curvas de nivel o recuperar estanques, y recuperar humedales también ayuda a frenar la desertificación.
Nueve años de satélite, sin revisión
La serie de Sentinel-2 cubre solo de 2017 a 2025, y los autores, que la consideran corta, la cruzan con datos de clima y suelo. Los caudales de 2010 a 2023 no muestran una bajada anual significativa en todos los ríos estudiados, aunque según el informe los promedios anuales pueden esconder caídas en verano.
Se trata de un informe encargado por una ONG a climatólogos, no de un artículo publicado en una revista científica. El estudio completo, con las fichas de los once lugares, está en la web de Greenpeace Eslovaquia.
Foto: Andrej Barát / Greenpeace













