Limitar el pico del calentamiento global a 1,7 o como máximo a 1,8 °C exigiría reducir las emisiones un 18 % para 2030, un 45 % para 2035 y un 69 % para 2040 respecto a 2025.
Superar el aumento de 1,5 °C agravará sin dudas la crisis climática actual, pero cada décima que se logre restar o evitar sigue contando. El PNUMA afirma que el calentamiento global superará ese umbral y exige que se realicen recortes urgentes de las emisiones de GEI para limitar la duración y la magnitud del exceso.
El último informe acerca de la brecha de emisiones de 2026 plantea cuál sería la trayectoria que, hacia mediados de siglo, limitaría el pico a 1,7-1,8 °C. Para acercarse a ella, las emisiones deberían caer en un mínimo del 18% en 2030 y un 45% en 2035, con respecto a las de 2025.
La distancia que hay entre el ‘camino correcto’, que es el que indica el informe del PNUMA, y las políticas que están implementándose en la actualidad aún es considerable, puesto que, tal y como vamos, durante este siglo el aumento sería de 2,8 °C. El informe identifica cuáles son las medidas que podrían ayudar a alcanzar los objetivos propuestos para mitigar el calentamiento global y urge a que se acelere su aplicación.
El calentamiento global se agravará inexorablemente
El mundo va a superar el umbral de 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales en lo que respecta al calentamiento global, pero aún es posible que ese exceso sea «lo más bajo y breve posible» si los países reducen sus emisiones un 18 % para finales de esta década, un 45 % para 2035 y un 69 % cinco años después.
Es la conclusión del último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que dibuja un escenario en el que el pico de calentamiento global, previsto hacia mediados de siglo, se limitaría a 1,7-1,8 °C. «Superar no significa capitular», ha declarado el Secretario General de la ONU, António Guterres.
El informe constata que las oportunidades para intensificar la acción contra el calentamiento global son mayores que nunca. Desde la adopción del Acuerdo de París en 2015, las energías renovables han conocido un auge fulgurante, el suministro total de energía procedente del carbón y el petróleo ha crecido más despacio de lo previsto y las políticas climáticas han logrado reducir las emisiones en muchos lugares.
La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, ha subrayado el coste de no hacer nada: «Cada fracción de grado adicional y cada año extra de calentamiento por encima de 1,5 °C agravan los impactos y los riesgos climáticos, como las inundaciones mortales, las olas de calor y los incendios forestales que han arrasado numerosos países este año. Debemos hacer todo lo posible para limitar al máximo el pico de calentamiento global y volver a 1,5 °C a finales de siglo. Es posible».
Sin embargo, si las políticas actuales continúan, el calentamiento global alcanzará los catastróficos 2,8 °C a lo largo de este siglo y seguirá aumentando después, advierte el informe.
EEUU: el mayor emisor de 2025
El informe dice que Estados Unidos es el principal responsable del empeoramiento de las proyecciones. En 2025, el aumento de sus emisiones (133 megatoneladas de CO2 equivalente) superó con creces al de cualquier otro país, impulsado por una mayor demanda eléctrica y un repunte de la generación de carbón.
El siguiente mayor incremento fue el de Turquía (24,4 MtCO2e), seguido de Irán (18,9) e Indonesia (17,4). Además, el PNUMA advierte de que la retirada formal de Estados Unidos del Acuerdo de París es una de las dos razones por las que el panorama es peor que el del año pasado, junto a la revisión de las estimaciones históricas de emisiones.
El informe también constata que Estados Unidos es el único país del Anexo I que no ha presentado su inventario de emisiones desde 2024, y que, junto con Argentina y Arabia Saudita, es uno de los tres miembros del G20 que no han presentado nuevos objetivos de mitigación para 2035.
El estrechamiento de la brecha de emisiones es un ‘espejismo’
El PNUMA advierte de un efecto estadístico engañoso: la brecha de implementación global para 2030 parece haberse estrechado respecto al año pasado, pero «esto no refleja una acción política más fuerte».
La razón es que la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París llevó a eliminar su objetivo de contribución nacional de las agregaciones globales y a sustituirlo por las proyecciones de emisiones basadas en sus políticas actuales, que son más altas.
«Aparte de estos cambios, la brecha de implementación global para 2030 apenas ha cambiado», subraya el informe. Es decir, el aparente avance es un maquillaje contable, no una mejora real.
¿Qué hace cada quien en el mundo contra el calentamiento global?
El informe no atribuye el problema únicamente a Estados Unidos. En 2025, China, India, Indonesia y Rusia también registraron aumentos o variaciones en sus emisiones, aunque con matices: India rompió una tendencia de crecimiento rápido gracias al impulso de las renovables, mientras que China podría estar cerca de alcanzar su pico de emisiones en los próximos años.
En la última década, 124 países aumentaron sus emisiones (un total de +7,2 GtCO2e), frente a 63 que las redujeron (-1,8 GtCO2e). El G20, excluyendo a la Unión Africana, sigue representando el 76 % de las emisiones globales. Y de los 17 miembros del G20, solo 14 han presentado nuevos objetivos para 2035, y las nuevas contribuciones presentadas desde el año pasado tienen un impacto «casi nulo» en las emisiones proyectadas.
El informe también señala que los países con altas emisiones per cápita e históricas, como Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea, siguen por encima de la media mundial de 6,4 toneladas de CO2 equivalente por persona, mientras que India e Indonesia están muy por debajo.
Dejar de prometer y comenzar a ‘hacer’
El informe sobre el calentamiento global pide acelerar la implementación de los objetivos definidos en el primer «Balance mundial», el proceso que evaluó de 2021 a 2023 los progresos colectivos en la consecución del Acuerdo de París.
Entre ellos figuran triplicar la capacidad de las renovables y duplicar el ritmo anual de mejora de la eficiencia energética para 2030, abandonar los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, reducir las emisiones distintas del CO₂ y frenar e invertir la deforestación. Los progresos en la mayoría de estos objetivos siguen siendo insuficientes.
El segundo balance mundial, que comenzará el mes que viene en la COP31 de Antalya (Turquía), puede apoyarse en estos resultados para reafirmar las áreas prioritarias de mitigación, prolongar los objetivos cifrados hasta 2035 y 2040, y concretar las metas existentes.
El informe fija algunos hitos contra el calentamiento global: para mantenerse en el escenario de menor exceso, la proporción de carbón, petróleo y gas en el suministro energético total debería caer al menos un 55 %, un 15 % y un 5 % respectivamente para 2035 respecto a los niveles de 2025. En 2040, las reducciones necesarias serían del 75 %, el 30 % y el 35 %.
Hay demasiado CO2 en la atmósfera
La trayectoria de retorno a hasta los 1,5 °C consignados en el Acuerdo de París incorpora otra exigencia que es realmente decisiva para el calentamiento global: durante este siglo hay que retirar de la atmósfera y almacenar de manera permanente unas 320 gigatoneladas de dióxido de carbono, según ha explicado el PNUMA.
Ese volumen equivale a las emisiones de CO2 que fueron a para en la atmosfera durante el año 2024, pero multiplicadas por 8. El organismo reconoce que existen innumerables dificultades, tanto tecnológicas como socioeconómicas que son las que ponen en duda que se pueda alcanzar dicha meta, pero que ello no es óbice para dejar de intentarlo.












