El clima ha alterado el 77 % de la red de ríos de Europa entre 1951 y 2020. Lo dice un estudio del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, presentado el 26 de octubre. Y el resultado no apunta en una sola dirección.
En el Mediterráneo las sequías fluviales son más duras y largas, y en los Alpes empeoran a la vez crecidas y estiajes. ¿Y el ser humano? Pues ciudades, embalses y consumo de agua han cambiado por su cuenta el 35 % de esa red.
Cinco rumbos para los ríos
Junto al JRC firman el trabajo el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK) y las universidades de Szczecin y Bolonia. Se ha publicado en la revista Earth’s Future. Sus autores usaron el modelo hidrológico LISFLOOD para separar el efecto del clima del de los usos del suelo, los embalses y las extracciones de agua.
Con esa herramienta, el equipo distingue zonas que se «humedecen», con crecidas más fuertes y sequías más suaves, y otras que se «secan», justo al revés. Algunas se «aceleran», con los dos extremos al alza, y otras se «frenan». La quinta categoría, la estabilidad, es casi testimonial, porque el mapa del JRC solo la sitúa en las Cevenas francesas.

El Mediterráneo se seca
En la región mediterránea, el 28 % de la red fluvial tiende a secarse, con sequías más intensas y prolongadas. La península ibérica aparece en ese grupo. Cualquiera que haya visto un embalse a medias en agosto lo entenderá sin necesidad de mapas.
A escala europea, el balance tampoco sale equilibrado. Según el JRC, las regiones donde la sequía de los ríos ha empeorado de forma significativa triplican a las que han mejorado. Tres a uno.
Eso no quita que el sur sufra episodios de lluvia extrema, como la DANA que arrasó Valencia en 2024. Pero el estudio mide la tendencia de siete décadas, no un temporal concreto.
Alpes con crecidas y sequías
Arriba, en las montañas, el problema cambia de forma. El 36 % de la red de ríos alpina vive una «aceleración» hidrológica. Los cambios en la nieve y en el reparto de las lluvias agravan a la vez crecidas y sequías.
Según el mapa del JRC, Noruega, Italia y Escocia van por ese mismo camino. Suecia, Polonia y Rumanía están en el lado contrario, con extremos que se suavizan. Y las regiones atlántica y continental se mueven hacia lo húmedo, con crecidas que pesan más y sequías que pierden fuerza, de media.
Asfalto, bosques y grifos
El clima es lo que más pesa, pero los cambios en el uso del suelo ya afectan al 27 % de la red. De media, han agravado las sequías fluviales un 5,2 %. Además, las ciudades y las superficies selladas impiden que el agua se infiltre, así que escurre más rápido y engorda las crecidas locales.
Con los árboles aparece un matiz curioso, según el JRC. La reforestación aumenta el agua que consumen los bosques y puede rebajar el caudal en épocas secas. Es algo que ya se ha visto en los bosques españoles y su sed creciente.
Y queda el grifo de casa. El consumo creciente ha agravado las sequías en el 10 % de la red, un 3,6 % de media. El uso doméstico no ha parado de crecer y en 2020 ya era el sector que más agua gastaba.
Presas que frenan y evaporan
Con los embalses la historia es otra, ya que cientos de presas han afectado al 13 % de la red fluvial europea. Funcionan como un amortiguador que reduce tanto las crecidas como las sequías.
Según el comunicado del JRC, ese alivio tiene un precio, porque la evaporación desde los grandes embalses resta volumen total a los ríos. Lo que se gana en estabilidad se pierde, en parte, por el aire.
Por eso la Comisión vincula estos datos con la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica. Separar el clima de las presiones locales ayuda a saber dónde actuar primero. Aquí repasamos qué propone esa estrategia contra las fugas y el derroche.
La sequía del suelo, fuera
Conviene leer el estudio con sus límites delante. Solo analiza la sequía en el caudal de los ríos (la llamada sequía hidrológica), no la falta de humedad del suelo. Tampoco recoge lo ocurrido después de 2020, cuando la sequía extrema ha vuelto a poner a Europa contra las cuerdas.
Las tendencias, además, son medias de grandes regiones, y de un valle a otro la cosa puede cambiar mucho. El JRC sigue estudiando estos riesgos en su programa PESETA, en marcha desde 2006.
El comunicado oficial ha sido publicado en la web del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea.
Foto: © Unión Europea, 2024













