Capibara, el roedor más grande del mundo: cuánto pesa, qué come, dónde vive y qué pasa en Nordelta

Javier Niño
Publicado el 1 de noviembre de 2026 a las 19:25
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Capibara a la orilla de un río en el Parque Estatal Encontro das Águas, en Brasil

Ningún roedor vivo es tan grande como el capibara (Hydrochoerus hydrochaeris). Un adulto pesa entre 35 y 66 kilos y mide de 1,06 a 1,34 metros de largo, según la ficha del Animal Diversity Web, del Museo de Zoología de la Universidad de Míchigan. Vive en buena parte de Sudamérica, de Colombia y Venezuela a Uruguay y Argentina, siempre cerca del agua, y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica en preocupación menor, la categoría de menos riesgo.

En España se le conoce como capibara; en Argentina, como carpincho, y en Colombia, como chigüiro. Es de la misma familia que las cobayas y las maras, y su pariente vivo más cercano es el moco (Kerodon).

DatoCapibara
Nombre científicoHydrochoerus hydrochaeris (Linnaeus, 1766)
PesoDe 35 a 66 kg en libertad; hasta 100 kg en cautividad
LongitudDe 1,06 a 1,34 m
Altura a los hombrosHasta unos 60 cm
Esperanza de vidaUnos 6 años de media en libertad (10 como máximo); hasta 12 en cautividad
Tamaño del grupoDe 3 a 30 animales, normalmente unos 10 adultos
Crías por partoDe 2 a 8, con 4 de media
GestaciónUnos 150 días
DepredadoresJaguar, anaconda verde, caimán de anteojos y ser humano
Estado en la UICNPreocupación menor (evaluación de 2016)

Fuentes: Universidad de Míchigan, Christiane Denys (peso en cautividad), Mammal Diversity Database y UICN.

Las hembras suelen pesar algo más que los machos. En un estudio con 39 capibaras salvajes de una zona agrícola del este de São Paulo (Brasil), los machos adultos dieron 54,1 kilos de media y las hembras, 62 (Ferraz, Bonach y Verdade, Biota Neotropica, 2005); es un solo lugar, así que vale como ejemplo y no como norma. En cautividad puede llegar a los 100 kilos, según Christiane Denys, profesora emérita del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, en un artículo de agosto de 2025 en The Conversation. Sus parientes fósiles eran mayores: Phugatherium y Protohydrochoerus, que vivieron hace entre 4 y 2,5 millones de años en la actual Argentina y Bolivia, pudieron pesar entre 110 y 300 kilos, según quién haga el cálculo.

Dónde vive y qué come

La Mammal Diversity Database, de la American Society of Mammalogists, lo sitúa en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Panamá no entra en la lista, ya que allí vive otra especie, el capibara menor (Hydrochoerus isthmius).

Dentro de ese mapa busca humedales: orillas de ríos y lagunas, esteros y bañados con pasto cerca. El agua es su refugio. Tiene membrana entre los dedos, nada y bucea bien, y cuando aparece un depredador el grupo da gritos de alarma y se mete en ella, explica Denys.

Capibara nadando en un río del Pantanal brasileño
El agua es el refugio del capibara: nada y bucea con soltura. Foto: Giles Laurent, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0, recortada

Es herbívoro. Come hierbas, plantas acuáticas y semillas, y de vez en cuando corteza y fruta. Sus dientes son de corona alta (hipsodontos, en lenguaje técnico) y no tienen raíces visibles. Además, vuelve a comerse parte de sus propias heces, como hacen los conejos, para aprovechar mejor el alimento. El Ministerio de Ambiente de Argentina indica que se alimenta sobre todo al atardecer y de noche, aunque el horario cambia con el sitio: puede ser diurno o nocturno según la presión de caza o la estación, añade Denys.

Un macho al mando y grupos de hasta 30

Igual que los flamencos, otra especie que vive en grupo en los humedales, el capibara hace vida en manada, por lo general con un macho y varias hembras. Denys explica que ese macho dominante defiende un territorio de entre 10 y 200 hectáreas, y que la densidad puede llegar a 15 animales por hectárea. En la reproducción, las fuentes no coinciden del todo: Míchigan da una camada al año de 2 a 8 crías, con el destete a los tres meses y la madurez a los 18, y Denys habla de hasta dos camadas anuales de 3 a 5 crías y de madurez entre los 14 y los 18 meses.

Por qué parece amigo de todos

Circulan muchas imágenes de capibaras tumbados junto a caimanes o con aves sobre el lomo. Los estudios sobre cómo reaccionan al riesgo de depredación apuntan a gestión del riesgo, no a amistad.

Un trabajo publicado en 2022 en Animal Behaviour comparó los capibaras del Pantanal brasileño, donde abundan jaguares y caimanes, con los de los Esteros del Iberá, en Argentina, donde los grandes depredadores se extinguieron a mediados del siglo XX. Los del Pantanal formaban grupos más pequeños, pasaban más tiempo comiendo y se quedaban más cerca del agua, su vía de escape (Avila y otros, 2022). Los autores proponen que elegir sitios seguros es lo que les rebaja el riesgo.

En el sur del Pantanal, además, el jaguar apenas lo caza. Diez jaguares seguidos con collar GPS entre 2001 y 2004 mataron 438 presas: el 31,7 % era ganado, el 24,4 % caimanes yacarés, el 21 % pecaríes y solo el 2 % capibaras (Cavalcanti y Gese, Journal of Mammalogy, 2010). Allí cayeron más de diez veces más yacarés que capibaras.

Con los caimanes hay más bien una tregua. La zoóloga Elizabeth Congdon, de la Bethune-Cookman University, explicó a Earth.com que es muy raro ver a un cocodrilo o un caimán cazar un capibara en libertad, porque un adulto sano no compensa el riesgo de salir herido. Las crías sí son vulnerables, y de hecho el caimán de anteojos figura en la lista de depredadores de Míchigan. Lo contamos con más detalle en por qué un capibara puede dormir junto a un cocodrilo sin que pase nada.

Las aves que se le suben encima tampoco son exactamente amigas. Sazima y Sazima describieron a jacanas, tordos, tiranos ganaderos y caracaras quitando garrapatas y tábanos a los capibaras, y uno de ellos llegó a tumbarse de lado para que lo limpiaran (Biota Neotropica, 2010). El trabajo habla de simbiosis de limpieza y no mide si el capibara sale ganando, que es lo que haría falta para hablar de mutualismo, la relación en la que ganan las dos especies. Su fama de animal pacífico tiene más que ver con cómo conviven especies que comparten orilla que con su carácter.

Un pájaro picabuey posado sobre el lomo de un capibara
Un picabuey (Machetornis rixosa) sobre el lomo de un capibara, una escena habitual que no implica amistad. Foto: Charles J. Sharp, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0, recortada

Ni agresivo ni buena mascota

No es un animal agresivo. Ante una amenaza, lo primero que hace es huir, aunque puede atacar si se ve acorralado o si defiende a sus crías, según recogía Mongabay Latam en un reportaje de agosto de 2021. En ese mismo trabajo, la presidenta de la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM) avisaba de que puede ser reservorio de enfermedades como la brucelosis y la leptospirosis, así que el contacto directo no es buena idea.

Tenerlo en casa tampoco lo es. Denys habla de una “capibaramanía” en redes sociales desde 2020, con capibaras como mascota en China, Canadá o Rusia, y opina que eso se parece al maltrato, ya que el animal necesita mucho espacio, agua y vivir con otros de su especie. Esa fama, alimentada por su aspecto tranquilo, lo ha convertido en un animal muy popular, como pasa en México con el ajolote.

Preocupación menor, según la evaluación de 2016

El capibara no está en peligro de extinción. La evaluación de la UICN que consta, firmada por F. Reid, es de 2016 y lo coloca en preocupación menor. Denys sostiene que las poblaciones silvestres no parecen disminuir, pero enumera amenazas: la caza por su carne y su piel (las granjas de cría alivian parte de esa presión), la caída de las lluvias desde 2020, los incendios del Pantanal, la deforestación en los Llanos y las presas hidroeléctricas que secan algunas zonas. El ministerio argentino añade que ha bajado en algunas regiones por la presión de caza y que sus poblaciones suelen verse afectadas por enfermedades infecciosas y parasitarias. La caza y la pérdida de humedales ya las repasamos con motivo del Día de Apreciación del Capibara de 2026.

Nordelta, el barrio levantado sobre su humedal

En Argentina, el carpincho se ha hecho famoso por Nordelta, un complejo de barrios cerrados de Tigre, al norte de Buenos Aires, construido desde 1999 sobre un humedal. Los carpinchos no llegaron allí: ya estaban. En 2021, especialistas del CONICET y de la UBA, con el aval de la SAREM, recordaban que el barrio está dentro del área original de la especie, en “uno de los hábitats más aptos”, y atribuían el aumento de avistamientos a la poca gente en la calle durante la pandemia, la bajante del Paraná, los incendios del Delta y los lagos y el césped del propio barrio. Su receta era no trasladarlos, por complejo y caro, y poner carteles, cámaras, lomos de burro, cercos para proteger a las mascotas y zonas de pasto.

La población ha crecido desde entonces. El estudio de impacto ambiental acumulativo de Nordelta, cuyo autor principal es Daniel Loponte, cuenta 266 carpinchos en 2021 y 803 en 2025, y avisa de que pueden estar acercándose a lo que el sistema es capaz de sostener. En enero de 2026, el biólogo Ignacio Crudele (CONICET) hablaba de más de 700. Así ha ido el conflicto:

  • 2025. Se anuncia un traslado piloto de unos 70 animales a una reserva de 60 hectáreas en una isla del Delta, con vacunas anticonceptivas aplicadas con dardos. Las organizaciones ambientales lo rechazan.
  • Octubre de 2025. La jueza María Paula Venere, de San Isidro, revoca la cautelar del juez Guillermo Ottaviano que frenaba obras, fumigaciones y la castración química, y habla de “superpoblación”.
  • 12 y 13 de enero de 2026. Un operativo de Flora y Fauna de la provincia de Buenos Aires empieza en el Barrio Silvestre para capturar carpinchos y llevarlos a una reserva privada de Tigre. Según los protectores, el 13 de enero retiran a seis, tres hembras y tres machos; no hay datos oficiales porque no estaban los veedores.
  • 16 de enero de 2026. La Cámara de lo Contencioso Administrativo de San Martín, tras una apelación de la asociación Callejero Casa Quiere, prohíbe nuevas reubicaciones hasta que exista un estudio de impacto ambiental acumulativo, según informa Cadena 3 ese día.
  • Agosto de 2026. Audiencia pública sobre ese estudio, que abre la secretaria de Gobierno de Tigre, con más de 40 oradores. La mayoría critica el efecto de la urbanización sobre el humedal y pide más protección para los carpinchos; otros, entre ellos algunos vecinos, plantean el crecimiento de la población y los accidentes.

La crónica de esa audiencia no recoge ninguna decisión. A 29 de octubre de 2026, es lo más reciente que hemos podido contrastar, y la última decisión judicial que hemos podido confirmar es la prohibición de nuevos traslados de enero de 2026.

Javier Niño

Javier Niño

Javier Niño es Policía Nacional desde 2017 y redactor especializado en empleo, derecho laboral y Seguridad Social, con más de 7 años de experiencia escribiendo. En ECOticias.com sigue la actualidad del medio ambiente, la energía y la sostenibilidad, con especial atención a cómo las nuevas normas y las sentencias afectan al día a día de los ciudadanos.

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