Sin embargo, y a pesar de que pueda resultar contradictorio, más del 70 por ciento de la gente que sufre inseguridad alimentaria son agricultores de áreas rurales de África
La agricultura familiar ha sido el sustento de muchas poblaciones a lo largo de los tiempos, contribuyendo a la economía local, a la seguridad alimentaria y, por supuesto, a la conservación de la biodiversidad.
Sin embargo, y a pesar de que pueda resultar contradictorio, más del 70 por ciento de la gente que sufre inseguridad alimentaria son agricultores de áreas rurales de África, Asia, Latinoamérica y Cercano Oriente, limitados por las condiciones agroecológicas, demográficas, socioculturales y territoriales, pero también por la falta de acceso a los recursos naturales y a los mercados, al crédito y a la tecnología.
Con la pretensión de corregir esta situación, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió en su momento proclamar el 2014 como “Año Internacional de la Agricultura Familiar”, llamando la atención sobre la falta de eficacia de las políticas que se han venido aplicando en el mundo para reducir el hambre.
Y es que, con las políticas sociales, ambientales y agrícolas adecuadas, la agricultura familiar puede contribuir a erradicar la pobreza, siendo el doble de eficaz que otros sectores productivos, pero también a proteger el medio ambiente y a alcanzar el verdadero desarrollo sostenible.
El objetivo ahora es identificar vacíos y oportunidades para promover el cambio hacia un crecimiento más equitativo y equilibrado, aquél que logre conjugar de forma armoniosa el progreso económico, la preservación del entorno y la cohesión social.
A pesar de que los recursos naturales son cada vez más escasos, lo cierto es que la demanda de alimentos seguirá en aumento a medida que la población mundial vaya incrementando, de ahí la importancia que en este contexto tiene la agricultura familiar, que a día de hoy cuenta con más de 500 millones de explotaciones en el mundo que están contribuyendo a estabilizar la población en zonas rurales, a preservar los valores culturales e históricos y a generar renta y consumo.
Y en este escenario se enfatiza el papel de la mujer por la aportación de mano de obra agrícola. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la estima en un 43 por ciento, mientras que UNIFEM habla del 60-80 por ciento.

















