El CSIC pone cifras al riesgo climático para la migración del atún rojo: la pesca no puede ignorarlo

Sandra M.G.
Publicado el 5 de noviembre de 2026 a las 15:51
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Migración del atún rojo entre el Atlántico y el Mediterráneo vinculada a las temperaturas superficiales del mar
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La migración del atún rojo está asociada a estrechas ventanas térmicas: el calentamiento podría alterar sus corredores y deja a las administraciones ante una exigencia ineludible de mejorar la gestión pesquera.

La situación del atún rojo es cada vez peor

La migración del atún rojo plantea un enorme desafío que la gestión pesquera no puede ignorar más. Los científicos del IEO-CSIC y del Imedea han comprobado las temperaturas superficiales entre el Atlántico y el Mediterráneo. El calentamiento marino de sus rutas podría desplazar o comprimir los corredores si la situación no se revierte.

La investigación ofrece una herramienta clave que permitiría proteger a esta especie. También eleva las exigencias en cuanto a la gestión de su pesca: capturarlos sin valorar el tema ambiental significa evitar dar solución a una arista relevante del problema.

No demuestra que las rutas ya hayan cambiado por el calentamiento. Su advertencia es condicional, pero merece atención: conservar el atún exige estudiar cómo cambia su hábitat. La respuesta política debe estar a la altura del conocimiento disponible.

La migración del atún rojo pone a prueba la gestión pesquera

El estudio fue publicado en Fisheries Oceanography e identifica 2 ventanas térmicas claramente diferenciadas. En la entrada al Mediterráneo, las temperaturas superficiales estaban entre los 17,4 y 19,3 grados, pero a la salida hacia el Atlántico, el intervalo había cambiado y era de 18,4 a 22 grados. Los investigadores centraron su análisis en el estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz.

Combinaron los datos de las marcas electrónicas implantadas en atunes con la información satelital que les aportaba la temperatura superficial. Así relacionaron los movimientos registrados con las condiciones del mar. La migración del atún rojo aporta una serie de evidencias ambientales que deben ser tenidas en cuenta al gestionar la especie.

El alcance tiene límites claros: esos intervalos no son fronteras absolutas de supervivencia ni demuestran que los ejemplares no puedan aparecer fuera de ellos. Exagerar el resultado debilitaría precisamente lo que lo hace valioso: aportar referencias observadas para comprender sus desplazamientos.

Pero respetar esos límites tampoco justifica ignorar el hallazgo. Las administraciones disponen de una herramienta adicional para evaluar el hábitat. Una gestión que prescinda de información ambiental relevante tendría que explicar por qué renuncia a mejorar sus decisiones sobre esta especie.

El mar puede cambiar las rutas: ignorar el clima no es gestionar

Los autores elaboraron un índice de adecuación térmica para localizar áreas y periodos con temperaturas compatibles con las observadas durante los viajes. Después lo aplicaron a 13 años de datos de temperatura superficial, examinando la variabilidad espacial y temporal.

La migración del atún rojo queda así vinculada a un entorno cambiante. Las condiciones oceanográficas influyen en sus movimientos, distribución y comportamiento. Las capturas, por tanto, no pueden interpretarse como si el mar fuera un escenario fijo y ajeno al análisis.

El estudio plantea una amenaza concreta: si el uso del hábitat térmico permanece tan restringido como sugieren los resultados, el calentamiento progresivo podría desplazar o comprimir los corredores. También podría alterar cuándo pasan los peces y dónde coinciden con las pesquerías.

Es una posibilidad, no una transformación ya demostrada por este trabajo. Precisamente por eso exige seguimiento y evaluación. Esperar a disponer de un problema consumado para incorporar el clima sería una respuesta pobre frente a una investigación que permite formular preguntas mejores.

Las almadrabas y la biodiversidad merecen algo más que rutina

Enrique Sánchez-Fabrés, primer autor e investigador del Centro Oceanográfico de Baleares, destaca lo importante que es comprender la influencia ambiental a la hora de conservar y gestionar la especie. Señala los posibles efectos sobre la capturabilidad en pesquerías tradicionales, entre ellas las almadrabas.

La migración del atún rojo tiene además una dimensión ecológica muy importante, que rebasa el interés comercial. Este superdepredador desempeña un rol fundamental en su área de distribución. Reducir su gestión al volumen capturado ignoraría el equilibrio de los ecosistemas que sostienen sus desplazamientos.

La investigación forma parte de TunaMed, el Observatorio de Hábitats de Túnidos del Mediterráneo, coordinado por el centro balear. Su trabajo estudia la variabilidad ambiental y el cambio climático en túnidos y otros grandes pelágicos. La migración del atún rojo necesita esa continuidad científica.

Un cálculo resume la diferencia entre las fases: la ventana de entrada abarca 1,9 grados y la de salida 3,6, casi el doble. No son márgenes de tolerancia fisiológica, sino las amplitudes de los intervalos observados. La migración del atún rojo merece decisiones capaces de manejar esa complejidad: simplificarla para sostener inercias pesqueras sería dar la espalda al conocimiento.

Sandra M.G.

Sandra M.G.

Inicie mi trayectoria en ECOticias.com como colaboradora y después desempeñé el puesto de redactora, especializada en temas como medio ambiente, cambio climático, energías renovables, sostenibilidad y ecología. Ganadora de varios premios literarios.

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