Cambio climático

Los océanos han absorbido el 90% del exceso de calor del planeta y los científicos alertan de que están llegando a una situación crítica

Los océanos absorben el 90% del exceso de calor del planeta y los expertos alertan de un deterioro cada vez más acelerado.

Los océanos han absorbido el 90% del exceso de calor del planeta y los científicos alertan de que están llegando a una situación crítica

El océano está amortiguando buena parte del golpe climático, pero esa protección tiene un coste. La Tercera Evaluación Mundial de los Océanos de Naciones Unidas advierte de que las presiones causadas por el ser humano son graves, se acumulan y siguen acelerándose.

La señal más clara está en el nivel del mar. Durante la década comprendida entre 2013 y 2023 subió una media de 4,3 milímetros al año, más del doble que los 2,1 milímetros anuales registrados entre 1993 y 2002. El informe, presentado el 8 de junio de 2026, reúne el trabajo de aproximadamente 600 expertos de 86 países y, aunque el tercer ciclo se desarrolló entre 2021 y 2025, la ONU señala que la mayoría de capítulos actualizan sobre todo los cambios observados entre 2018 y 2023.

El mar sube cada vez más rápido

La subida se debe principalmente a dos procesos. El agua ocupa más espacio cuando se calienta y, además, el deshielo de glaciares y grandes capas de hielo añade más agua al océano. Parece una variación pequeña medida en milímetros, pero se acumula año tras año.

¿Qué significa esto para una familia que vive cerca de la costa? Las mareas altas pueden llegar más lejos, las tormentas parten de un nivel de agua más elevado y la erosión gana terreno en playas, deltas y zonas urbanizadas. No ocurre igual en todos los lugares, pero el riesgo ya está aumentando.

El océano acumula el calor

El mar ha absorbido más del 90 % del exceso de calor retenido por el planeta desde 1955 y alrededor del 30 % del CO2 liberado por la quema de combustibles fósiles. Sin ese enorme colchón natural, el calentamiento del aire habría sido todavía mayor.

El problema es la velocidad. Cerca del 16 % de todo el aumento del calor oceánico registrado desde 1955 se produjo entre 2018 y 2023, aunque ese periodo representa solo una pequeña parte de la serie. El calentamiento relativo más intenso se ha observado en gran parte del Atlántico y en las zonas meridionales de los océanos Índico y Pacífico.

Las corrientes también están cambiando

Las corrientes marinas reparten calor, nutrientes y oxígeno por el planeta. También condicionan lluvias, temperaturas regionales, pesquerías y la llegada de especies a nuevas zonas. Cuando ese gran sistema cambia, los efectos pueden sentirse muy lejos del punto de origen.

La evaluación reconoce que todavía existen incertidumbres importantes. La circulación del Atlántico continúa siendo una prioridad científica porque su evolución podría influir especialmente en Europa, pero los modelos y los estudios disponibles no ofrecen una única respuesta sobre la magnitud ni el ritmo de esos cambios. Ahí sigue una de las grandes preguntas.

El plástico ya está en todas partes

Las emisiones mundiales de residuos plásticos se estiman en 52,1 millones de toneladas al año. En las capas superiores del océano habría unos 24,4 billones de fragmentos de microplásticos, mientras que más de 4000 especies marinas ya aparecen afectadas por distintos tipos de basura.

Estas partículas proceden de envases, textiles, neumáticos, pinturas, cosméticos, artes de pesca y objetos mayores que se rompen poco a poco. El plástico no desaparece cuando deja de verse desde la orilla. Puede hundirse, viajar con las corrientes o entrar en la cadena alimentaria, con costes para la pesca, el turismo y la limpieza de las costas.

La profundidad sigue siendo desconocida

A pesar de los avances tecnológicos, solo el 27,3 % del fondo marino estaba cartografiado en 2025. Las zonas profundas siguen siendo algunos de los ambientes menos estudiados de la Tierra, justo cuando crece el interés por sus minerales y recursos biológicos.

No se puede gestionar bien lo que apenas se conoce. Faltan datos sobre especies, microorganismos, genética, ruido submarino, contaminantes y la respuesta de los ecosistemas profundos al calentamiento. Además, la capacidad científica y el acceso a tecnología siguen siendo muy desiguales entre países.

Millones de personas viven cerca del riesgo

Aproximadamente el 37 % de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros de la costa y cerca del 11 % reside en terrenos situados a menos de 10 metros sobre el nivel del mar. Esto convierte la salud oceánica en un asunto cotidiano, no en un problema lejano reservado a científicos y barcos de investigación.

Puertos, ciudades, turismo, pesca, energía y transporte dependen de una costa estable y de ecosistemas funcionales. Pero esas mismas zonas concentran vertidos, aguas residuales, infraestructuras y consumo de recursos. En el fondo, el mar recibe buena parte de lo que hacemos en tierra.

Hay avances legales, pero no bastan

Una de las noticias positivas es la entrada en vigor, el 17 de enero de 2026, del acuerdo internacional sobre biodiversidad marina en zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional. Este marco permite avanzar en áreas protegidas, evaluaciones de impacto ambiental, recursos genéticos marinos y cooperación científica en gran parte del océano abierto.

Pero la ONU advierte de que la gobernanza continúa fragmentada. La pesca, el transporte marítimo, la contaminación, la conservación y el clima suelen regularse mediante organismos y normas diferentes, lo que deja huecos y dificulta responder a presiones que actúan al mismo tiempo.

António Guterres lo resumió con una frase sencilla. «No podemos seguir tratando el océano como si no tuviera límites», afirmó el secretario general de la ONU, que pidió una relación basada en la ciencia, el derecho internacional y la responsabilidad compartida.

Qué debe cambiar ahora

No existe una sola medida capaz de reparar el océano. La evaluación apunta a reducir las emisiones que calientan el planeta, frenar la contaminación durante todo el ciclo de vida del plástico, gestionar mejor la pesca, restaurar hábitats y ampliar la observación científica, especialmente en el mar profundo.

También hace falta preparar ciudades y comunidades para una subida del nivel del mar que ya está en marcha. Rafael González-Quirós, coordinador conjunto del grupo de expertos, advirtió de que «la necesidad de un océano sano y resiliente nunca ha sido más urgente». El reloj corre, y el agua también.

La Tercera Evaluación Mundial de los Océanos ha sido publicada en el portal oficial World Ocean Assessment de Naciones Unidas.

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