El mercurio en el pescado: el clima podría agravar el riesgo

Victoria H.M.
Publicado el 15 de octubre de 2026 a las 09:44
Síguenos
Piezas de atún para ilustrar la información sobre mercurio en el pescado y cambio climático

Es una buena noticia que las emisiones y contaminaciones por mercurio vayan bajando, pero eso no quiere decir que desaparezca todo el daño del pasado que a día de hoy sigue en la atmósfera.

Más de la mitad de todo el mercurio que llega hoy en día tiene su origen en el pasado, ya que procede de actividades humanas históricas tal y como han corroborado los investigadores Aryeh Feinberg y Alfonso Saiz-López, que pertenecen al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Lo grave viene ahora ya que por causa de los impactos del calentamiento global este mercurio que ahora está en suelos, hielos y océanos se puede poner en movimiento y favorecer su entrada en los ecosistemas acuáticos. Dicho de otro modo, se incrementa el riesgo de que se acumule en los peces que cada día comemos.

En un artículo, estos profesionales hablan de que el cambio climático suma una nueva dimensión al problema de la contaminación por mercurio. Comprender este proceso exige analizar cómo circula el metal por el medio ambiente, cómo puede transformarse en metilmercurio y por qué determinados organismos acuáticos lo acumulan a lo largo de la cadena alimentaria.

A partir de este hallazgo, con este artículo se pretende entender cómo estas emisiones actuales de mercurio merecen ser analizadas de cerca. Sin embargo, no es suficiente esto para evitar que el mercurio acumulado durante décadas siga siendo una amenaza para nuestra salud y la salud de los ecosistemas naturales.

Pescado con mercurio

Desde hace más de dos siglos sabemos que el mercurio, como elemento químico, no se destruye. Pero solo en las últimas décadas los científicos han comprobado que el emitido en el pasado sigue reciclándose entre el aire, los suelos y los océanos.

En el agua, algunos microbios lo transforman en metilmercurio, un compuesto muy tóxico que llega a nuestro plato a través de la cadena alimentaria.

En 1956 se identificó en Minamata (Japón) una grave enfermedad entre las poblaciones pesqueras locales, expuestas al metilmercurio que una planta química vertía a la bahía. El metilmercurio daña el cerebro y el sistema nervioso, y provoca problemas motores y del habla, pérdida de visión, coma e incluso la muerte.

Aquel caso alertó al mundo sobre la bioacumulación del metal, especialmente en grandes peces como los atunes. Las políticas contra el mercurio, reforzadas desde 2013 por el Convenio de Minamata de la ONU, han dado resultado: el mercurio en el aire baja en Europa y Norteamérica desde los años noventa.

Pero un artículo de perspectiva publicado en Science por Aryeh Feinberg y Alfonso Saiz-López, del Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF-CSIC), advierte de que el cambio climático puede reactivar el mercurio acumulado, el que ya se emitió en el pasado, lo que haría que los recortes previstos no sean suficientes.

“Si el cambio climático resultase en una mayor liberación de mercurio desde los sistemas terrestres hacia el océano, supondría un mayor riesgo de acumulación de mercurio en los peces”, explica Aryeh Feinberg.

El origen del mercurio

Solo el 30 % del mercurio que llega hoy a la atmósfera procede de emisiones humanas actuales. Un 10 % proviene de fuentes naturales, como los volcanes, y el 60 % restante es mercurio heredado: el que procede de actividades humanas del pasado y sigue circulando por el medioambiente, según los autores.

En esa herencia España tuvo un papel destacado desde hace más de 2000 años, cuando Roma extraía cinabrio en Almadén (Ciudad Real), la mina que produjo un tercio del mercurio mundial hasta su cierre en 2002. 

Más tarde, entre los siglos XVI y XIX, su mercurio cruzó el Atlántico para utilizarlo en la extracción de plata de América. Y el mercurio también fue el protagonista de la fiebre del oro de California, que se abasteció de la mina New Almaden. Con la Revolución Industrial, el carbón y la industria dispararon las emisiones.

Hoy, la principal causa de contaminación por mercurio es la minería de oro artesanal, que supone en torno al 40 % de las emisiones humanas, según la ONU. Estos mineros usan mercurio para atrapar el oro y luego queman la amalgama, que lo libera al aire y a los ríos.

Y librarse de él es lento: “El proceso de eliminar permanentemente el mercurio del medioambiente es su enterramiento en las profundidades del mar, un proceso que tarda alrededor de mil años”, añade Aryeh Feinberg, primer autor del artículo.

Si las emisiones humanas siguen bajando, el peso del mercurio heredado crecerá. Pero cómo le afecta el cambio climático está todavía en gran parte sin explorar.

Del deshielo al plato

Los incendios y el calor de los océanos pueden liberar el mercurio heredado, pero a Feinberg le preocupa sobre todo el Ártico, donde los suelos helados “contienen muchas veces más mercurio que todo el océano”.

“Uno de los mayores riesgos del cambio climático es el deshielo de estos suelos y la potencial liberación de mercurio de estas zonas”, reconoce el experto.

El riesgo llega a nuestra mesa por bioacumulación: el plancton absorbe el metilmercurio, que pasa a los peces pequeños y de ahí a depredadores como el atún o el pez espada, multiplicando su concentración en cada eslabón.

España es de los países europeos con más exposición al mercurio y esto está relacionado con que es una gran consumidora de marisco. “Nuestra dieta resulta particularmente vulnerable a un aumento de los niveles de mercurio en los peces”, advierte el prime autor.

En la Amazonía, las muestras humanas de varias comunidades indígenas ya superan los límites de seguridad internacionales porque la minería de oro artesanal contamina los ríos de los que se alimentan.

“El cambio climático podría agravar estos riesgos debido a los incendios más frecuentes y a la sequía, lo cual puede liberar más mercurio de la vegetación a los ríos”, señala el investigador del IQF-CSIC.

La necesidad de investigar y monitorizar

En la Amazonía, las muestras humanas de varias comunidades indígenas ya superan los límites de seguridad internacionales porque la minería de oro artesanal contamina los ríos de los que se alimentan.

La investigación y las políticas se han centrado en recortar las emisiones humanas. Pero el movimiento del mercurio depende de intercambios entre aire, tierra y mar que son sensibles al clima. Los riesgos podrían crecer aunque bajen las emisiones.

En la Amazonía, las muestras humanas de varias comunidades indígenas ya superan los límites de seguridad internacionales.

Los autores piden redes globales que midan el mercurio durante décadas, sobre todo en el Ártico y los trópicos, y modelos del ciclo completo del metal. “Estos datos son imprescindibles para predecir cómo influirá el cambio climático en la contaminación por mercurio en el futuro”, subraya Feinberg.

La OMS sitúa el mercurio entre las diez sustancias químicas más preocupantes: daña los sistemas nervioso, digestivo e inmunitario, los pulmones y los riñones, y el metilmercurio es especialmente peligroso para el feto y en la primera infancia.

Victoria H.M.

Victoria H.M.

Licenciada en Periodismo, itinerario cultural, desde el año 2005 y con más de 20 años de experiencia profesional tanto en medios convencionales escritos como en gestión de contenidos online y en agencias de comunicación y marketing digital. Formación y experiencia que he complementado con estudios de Marketing Digital, así como con un Máster por la Universidad de Barcelona en Gestión de Instituciones y Empresas Culturales.

Deja un comentario