Así funcionan los refugios climáticos que protegen a personas y fauna del cambio climático

Publicado el: 7 de enero de 2026 a las 12:35
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Parque con árboles y agua funcionando como refugio climático

Los refugios climáticos ya no son una idea teórica, sino una necesidad cotidiana en un mundo cada vez más caluroso. Desde parques urbanos hasta valles escondidos en la naturaleza, estos espacios ofrecen sombra, agua y tranquilidad para personas, animales y plantas que buscan aliviar los efectos más duros del cambio climático.

En el ámbito urbano, los refugios climáticos suelen ser parques, jardines, bibliotecas, centros comunitarios o edificios públicos adaptados con vegetación abundante, sombra, ventilación natural y acceso a agua potable.



Durante episodios de calor extremo, estos espacios reducen la temperatura ambiente y ayudan a prevenir problemas de salud como golpes de calor, deshidratación o afecciones respiratorias, especialmente en poblaciones vulnerables como niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.

Refugios climáticos como defensa frente al aumento de temperaturas

Un refugio climático es una zona natural o urbana que ofrece unas condiciones ambientales benignas para protegerse de un contexto desfavorable, como el exceso de calor, la escasez de agua, el acceso deficiente a un hábitat adecuado, etc.



Se pueden encontrar refugios climáticos en un parque, un paseo o una rambla con arbolado y zona de fuentes o con acceso a agua natural, como pueden ser un río o una playa. Las condiciones de cada refugio climático determinan si benefician más a una especie o a otra –incluida la humana– dependiendo de las necesidades de cada una.

A través de la alianza Magnet entre el CREAF y la Escuela J. M. Peramàs de Mataró, cuatro voluntarios del CREAF, Mireia Banqué, Josep Barba, Florencia Florido y Albert Vilà, han preparado una guía didáctica para que los alumnos de 5º curso de esta escuela descubran si los parques de su ciudad pueden actuar como refugios climáticos.

Durante una salida de campo, los y las pequeñas investigadoras han descubierto lugares de Mataró que favorecen la mitigación del impacto del cambio climático y han observado que un refugio climático básico debe tener árboles y agua.

Un refugio climático es una zona natural o urbana que ofrece unas condiciones ambientales benignas para protegerse de un contexto desfavorable, como el exceso de calor, la escasez de agua, el acceso deficiente a un hábitat adecuado, etc.

Qué características hacen eficaz a un refugio climático

Cualquier zona arbolada con puntos de agua permantenes puede actuar como refugio climático. Esto se ha visto mucho durante el verano, con múltiples olas de calor que se han extendido durante más de tres meses.

Para medir la calidad de un posible refugio climático, se utilizan estos indicadores:

  1. Porcentaje de sombras naturales de árboles y arbustos.
  2. Porcentaje de superfície natural.
  3. Fuentes de agua potable para las personas y puntos de agua para los animales, como balsas o estanques.
  4. Varias elevaciones y orientaciones que forman motañitas, pequeños valles, microhábitats, entre otros, favorece que haya microhábitats, que pueden actuar como refugios climáticos.
  5. Tipo de vegetación: las especies de hoja caduca ofrecen sol en invierno y sombra en verano. Las de hojas más anchas hacen sombras más densas. Las autóctonas tienen requerimientos más adaptados al clima mediterráneo y esto permite ahorrar agua, puesto que no se tienen que regar de forma regular o abundante.
  6. Hábitat, descanso y escondrijos para dormir y reposar con tranquilidad, esconderse de los depredadores, etc.
  7. Interacción entre animales domésticos y salvajes: uno de los grandes problemas para las especies salvajes en los parques urbanos es la interacción con animales de compañía, como perros desatados o colonias de gatos.

Diferencias entre refugios urbanos y naturales

Los investigadores Albert Vilà y Josep Barba coinciden al decir que hay diferencias entre refugios climáticos en las ciudades y la naturaleza. Vilà afirma que la naturaleza es heterogénea y puedes encontrar una gran diversidad de microambientes que pueden actuar como refugios, a diferencia de las ciudades.

Por su parte, Barba explica que los refugios climáticos de la naturaleza pueden tener una conectividad con otros ecosistemas naturales que los pueden hacer mucho más accesibles, mientras que un refugio climático en las ciudades puede estar mucho más aislado. Este sería un filtro muy importante para averiguar qué especies pueden aprovecharlo, como demuestra un estudio del investigador Jofre Carnicer sobre la supervivencia de las mariposas en La Fageda d’en Jordà.

En el caso de las áreas urbanas, el efecto isla de calor (UHI, por sus siglas en inglés) es especialmente preocupante, puesto que aumenta el riesgo de sufrir golpes de calor, tanto en humanos como en otros animales y plantas. Por eso, hay proyectos para introducir refugios climáticos en las ciudades con bosques urbanos, como por ejemplo Uforest o Clearing House, o para llenar de naturaleza los patios de las escuelas con Transformem els patis.

En el caso de las áreas urbanas, el efecto isla de calor (UHI, por sus siglas en inglés) es especialmente preocupante, puesto que aumenta el riesgo de sufrir golpes de calor, tanto en humanos como en otros animales y plantas

Quién se beneficia más de estos espacios verdes

Todas las especies, incluida la humana, pueden beneficiarse, puesto que las necesidades de las personas y otras especies de animales y plantas son muy parecidas: refrescarse en verano, calentarse en invierno, descansar y dormir, alimentarse e hidratarse.

Por ejemplo, en Cataluña hay muchas especies arbóreas que solo se encuentran en hondonadas de valles y canales, como es el caso de los tejos de los canales de Montserrat. En el CREAF estudian las poblaciones de tejos de este macizo seco y caluroso que a pesar de las condiciones, esconde refugios con condiciones de humedad y temperatura adecuadas dentro de los canales de la cara norte de la montaña.

En el caso de los humanos hay determinados grupos que pueden obtener un mayor beneficio de los refugios climáticos, como las personas mayores o las poblaciones que viven en climas más extremos, entre otros.

Las poblaciones situadas en los límites climáticos de la distribución de la especie, como es el caso de algunas poblaciones de haya o tejo en la península Ibérica, existen porque precisamente hay refugios que los permiten sobrevivir en ambientes regionales que son desfavorables para la especie.

Con el cambio global los refugios toman cada vez más importancia, puesto que la Tierra sufre las consecuencias de las actividades humanas: la industrialización, la contaminación del aire y del agua, la deforestación, la agricultura intensiva, el desplazamiento de especies, entre otros. Una de las consecuencias más importantes es el calentamiento del clima de la Tierra, que comporta un aumento de la temperatura y de episodios climáticos extremos. 

En el Mediterráneo, por ejemplo, esperamos episodios de sequía, olas de calor y lluvias torrenciales más intensos y más frecuentes.

Estos cambios en el clima pueden tener un efecto muy negativo para las plantas, animales y personas y, por eso, los refugios climáticos ofrecen unas condiciones ambientales que permiten a los humanos y a otras especies paliar los efectos adversos del cambio climático.

El funcionamiento de estos refugios depende de la conservación de la biodiversidad, la conectividad entre hábitats y una adecuada planificación territorial. En las ciudades, integrar árboles, techos verdes y cuerpos de agua ayuda a disminuir el efecto de “isla de calor”. En zonas rurales y naturales, proteger áreas clave y restaurar ecosistemas degradados fortalece su capacidad de actuar como refugios.

Los refugios climáticos no solo son una respuesta de emergencia, sino una estrategia de adaptación a largo plazo. Seguir leyendo en ECOticias.com

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