Los coches diésel que se venden hoy día no suponen un problema real de contaminación, defiende un experto en motores

Un vehículo diésel actual contamina casi lo mismo que uno similar de gasolina. No está justificada, añade, desde un punto de vista científico la percepción de que los actuales vehículos diésel son más contaminantes.

El profesor titular de Motores Térmicos del Departamento de Energía de la Universidad de Oviedo, Juan Carlos Luengo, afirma que no existe base alguna desde el punto de vista científico para pensar que los actuales coches con motor diésel suponen un problema de contaminación. «No veo problema real en los vehículos nuevos de hoy en día», ha afirmado al ser preguntado sobre si suponen un peligro en esa materia.

Luengo ha explicado, a preguntas de Europa Press, que en septiembre de 2018 entró en vigor una nueva normativa en los que los niveles de todas las emisiones (monóxido de carbono, inquemados, óxidos de nitrógeno y hollines) que puede producir uno de esos coches son tan pequeños que son casi «despreciables». De hecho, un vehículo diésel actual contamina casi lo mismo que uno similar de gasolina. No está justificada, añade, desde un punto de vista científico la percepción de que los actuales vehículos diésel son más contaminantes.

«Los niveles de emisiones actuales son casi iguales y el diésel emite un 20 por ciento menos de CO2″, ha indicado. Lo cierto es que no existe regulación, ha explicado, en relación al dióxido de carbono (CO2). Es este un gas que es «inevitable» al quemar hidrocarburos y sólo se podría prescindir del mismo quemando hidrógeno, algo que resulta caro al ser sintético y «muy peligroso» en lo que se refiere al uso y almacenamiento. «Lo ideal sería renovar el parque de diésel y sacar del centro a los más antiguos, dejando a los nuevos, que no contaminan casi nada, excepto el CO2; pero ni en esto es elevada la cantidad, porque supone un 0,04 por ciento», ha argumentado.

«Las calefacciones de gas o gasóil emiten muchísimos más óxidos de nitrógeno que los coches y nadie se mete con ellas; las de carbón, además, grandes cantidades de hollines, que hacen que no deban usarse en ciudades», ha indicado Luengo. En relación al plan del Gobierno que contempla el fin de coches de combustión en el año 2040 y el fin de su uso para 2050, Luengo ha explicado que le parece «poco realista». Para conseguirse tendrían que venderse cientos de miles de vehículos eléctricos y la realidad es que se venden algo más de 10.000. Para conseguir ese objetivo, el Gobierno tendría que ampliar en diez o veinte años sus previsiones.

No obstante, este profesor titular de la Universidad de Oviedo ha querido recordar el caso de los camiones, autobuses, maquinara, barcos o aviones, donde el cambio a un sistema de motorización eléctrica es inviable. «La energía que necesitan es enorme y las baterías no sirven a día de hoy: seguirán movidos por motores de combustión alternativos o turbinas de gas en el caso de los aviones», ha indicado.

Centrales térmicas

En cualquier caso, Luengo ha considerado que el del diésel es sólo uno de los casos en los que no ve lógica entre lo que se dice a nivel de los responsables políticos y lo que ocurre realmente. En este punto se ha referido a lo que ocurre con las centrales térmicas, las que queman carbón, y a la pretensión del Ejecutivo de su cierre por motivos ecológicos.

Esta circunstancia tiene consecuencias directas en determinadas áreas geográficas, como Asturias, donde las centrales térmicas están bastante arraigadas. «No emiten ni óxidos de nitrógeno ni SO2», ha señalado Luengo. Sólo emiten CO2 Considera contradictorio que en España se asuma esos cierres como «inevitables» cuando en otros países de la Unión Europea están precisamente construyendo centrales de ese tipo. «En Alemana se han construido instalaciones que dan 17.000 megavatios en los últimos años; y aquí las queremos cerrar», ha dicho.

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