La contaminación del aire en Logroño es aceptable

Los dos biomonitores utilizados (musgo y aligustre) son capaces de discriminar distintos niveles de calidad del aire en relación con 13 metales pesados y 18 hidrocarburos aromáticos policíclicos en el territorio estudiado.

Un innovador estudio realizado en Logroño y su área metropolitana durante la primavera del año 2018 concluye que la contaminación del aire en toda esta zona no es preocupante para la salud. El estudio se ha realizado mediante una nueva técnica de biomonitorización en la que se han utilizado 84 esferas de musgo y las hojas hasta los 3.000 árboles de aligustre que hay en la ciudad.

El consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente, Íñigo Nagore; la vicerrectora de Investigación de la Universidad de La Rioja (UR), Belén Ayestarán; el director de Instituciones de Caixabank en La Rioja, Iker Muguruza, y el investigador Javier Martínez Abaigar, han dado a conocer hoy los resultados del estudio. La investigación, que utiliza el dispositivo conocido como Mossphere, concluye que las concentraciones de contaminantes detectadas «fueron relativamente bajas y no se consideran preocupantes para la salud humana y de los ecosistemas», como ha apuntado el consejero.

No obstante, como ha puntualizado Martínez Abaigar, sí que se ha registrado «cierta contaminación difusa, sin focos específicos, en los polígonos industriales de Cantabria y La Portalada, así como en zonas de mayor volumen tráfico ligadas a vías como la Circunvalación y la AP-68″. Esta contaminación, añade, «afecta principalmente a la zona este del territorio, mientras que la zona oeste ha mostrado una mejor calidad del aire, probablemente favorecida por la dirección de los vientos dominantes».

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Los dos biomonitores utilizados (musgo y aligustre) son capaces de discriminar distintos niveles de calidad del aire en relación con 13 metales pesados y 18 hidrocarburos aromáticos policíclicos en el territorio estudiado. De este modo, es posible zonificar la ciudad y su área metropolitana, dando cumplimiento a la legislación que existe sobre la materia en Europa y España. En total, se instalaron 84 dispositivos Mossphere en puntos del área metropolitana de Logroño, formando una malla regular con una distancia media entre dos puntos de 575 metros.

Las esferas estuvieron colocadas en marzo, abril y mayo de 2018 y sirvieron para que los contaminantes presentes en la atmósfera se depositasen en ellas. Posteriormente, se analizaron 31 contaminantes (13 metales pesados y 18 hidrocarburos aromáticos policíclicos) en el musgo. El estudio se complementó utilizando un árbol ornamental (el aligustre, Ligustrum lucidum) como biomonitor de contaminación. Así, paralelamente a la recolección de las Mossphere, se recogieron hojas de aligustre en una malla de 500 metros de lado, en este caso íntegramente dentro de la ciudad, y se midieron los mismos contaminantes.

Esta especie se eligió porque es perennifolia y tiene hojas expuestas a los contaminantes durante todo el año. Además, está ampliamente distribuida por la ciudad, lo que permite diseñar una red homogénea de muestreo. Conforme a los datos obtenidos en el estudio, el biomonitor basado en musgo (Mossphere) ha sido mejor que el aligustre, pero ambos han mostrado resultados similares. Finalmente, como ha incidido el investigador, «alentamos a las administraciones competentes a continuar aplicando estas técnicas pioneras en biomonitorización para comprobar la evolución futura de la calidad del aire en el territorio estudiado».

Convenio de colaboración.

Este proyecto, realizado por investigadores de la UR y de Santiago de Compostela, se ha enmarcado en un convenio de colaboración suscrito entre ‘la Caixa’ y el Gobierno de La Rioja para el desarrollo de actuaciones en materia de «investigación, salud y medio ambiente». Mossphere es el resultado de un proyecto de investigación europeo en el que participaron 12 universidades (entre ellas la Universidad de La Rioja) y empresas de 5 países. Para producir este biomonitor se cultiva un clon de musgo (concretamente ‘Sphagnum palustre’, un musgo de turbera) en biorreactores en laboratorio, y se fija a una esfera porosa de material plástico.

Esta esfera con musgo se expone a los contaminantes colgándola de un soporte, y se recoge pasado un tiempo para analizar la concentración de contaminantes en el musgo y determinar así la calidad del aire. La Red de Biomonitorización fue desarrollada por el Grupo de Ecofisiología Vegetal, Cambio Climático y Medio Ambiente de la UR, en colaboración con el Grupo de Ecotoxicología de la Universidad de Santiago de Compostela, en el marco del mencionado convenio entre la Fundación La Caixa y la Consejería de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente.

El grupo de la UR está integrado por Javier Martínez Abaigar, Encarnación Núñez Olivera, Rafael Tomás Las Heras, Laura Monforte López, Gonzalo Soriano Sancha y Mª Ángeles del Castillo Alonso, mientras que el grupo de la Universidad de Santiago de Compostela lo componen Jesús Aboal Viñas, José Ángel Fernández Escribano, Alejo Carballeira Ocaña y Rita García Seoane.

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