Medina subraya que las administraciones deben incorporar el efecto del cambio climático en su planificación

Se trata, ha explicado, de que cuando un ayuntamiento revise su Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), se incorporen los efectos del cambio climático como uno de los elementos a tener en cuenta en la nueva génesis del plan; y lo mismo cuando se haga un plan territorial de la comunidad autónoma.

   «Estoy sugiriendo sencillamente que todo planeamiento debe incluir el cambio climático como uno de los elementos a considerar, de forma que cuando haya que hacer una revisión del plan, se estudie para los próximos 30, 50 años qué nos indica el cambio climático: que nos indica en términos de más o menos agua disponible, de más o menos playa disponible. Y tener en cuenta esos datos en la planificación», ha explicado.

   Medina, que ha participado este jueves en las VII Jornadas de Naturaleza y Medio Ambiente donde ha abordado los impactos del cambio climático en la costa española, ha especificado que en Cantabria el cambio climático afectará a playas y estuarios, siendo los segundos «la mayor joya» de la comunidad, y por tanto, «donde más atención tenemos que prestar».

   Como ejemplo ha citado las playas del Sardinero, que acaban en un paseo. «Cuando con mayores olas, con aumento del nivel del mar, nuestras playas retrocedan, tendremos que hacer algo para retroceder el paseo marítimo», ha advertido, puntualizando que no habla de «hoy ni el año que viene» sino de un largo plazo de «50, 60 años», cuando habrá que adecuarse a los cambios de la naturaleza, permitirlos.

   El problema de los estuarios se resuelve, igualmente, con planificación. «Hay zonas muy consolidadas que habrá que proteger y otras zonas menos consolidadas que habrá que esponjar y permitir que la naturaleza siga su curso», ha dicho.

   En este sentido ha citado otro ejemplo, el del Delta del Ebro, donde hay zonas que se están protegiendo con matas para evitar la inundación mientras que en otras se hace todo lo contrario, es decir, el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM) está comprando campos de arroz para permitir la inundación. «Y al final resulta más barata la opción de compra de terrenos que no tratar de proteger con un dique todo el entorno», ha asegurado.

   Al respecto, Medina ha señalado que el «principal problema» de Cantabria es que muchos de sus estuarios tienen muros, zonas que deberían ser inundadas con el ascenso del nivel del mar que ahora no se pueden inundar porque hay un muro, una finca. «Al igual que se ha hecho en el Delta del Ebro, habría que hacer un plan de adaptación que permita recuperar zonas para que sean inundadas; zonas que ahora no se pueden inundar por los usos que tienen».

   Es un plan «complejo» pero que no hay que hacer «mañana», ha insistido. Se trata de «algo que tiene que ocurrir en las próximas décadas» y que hay que enfrentar «no con una actuación puntual» sino con un planeamiento a nivel autonómico para adaptarnos al cambio climático.

   Y es que, ha subrayado, se están tomando medidas –como la del MARM en el Delta del Ebro, donde está subiendo el nivel del mar y acabará ocupando zonas que actualmente tienen otra ocupación–, pero «no hay que ser confiado» y es necesario dar «todavía más pasos», como la citada planificación.

CAMBIOS CONSTATADOS Y NO CONSTANTES

   Medina ha presentado en su ponencia los últimos trabajos realizados en el Instituto de Hidráulica Ambiental de la UC en relación con los efectos del cambio climático en la costa. Los estudios comenzaron en 2004 y ahora se están utilizando nuevas bases de datos, «mucho más precisas», que confirman las tendencias anunciadas en 2006.

   Así, el catedrático ha subrayado que el cambio climático no sólo existe sino que es «una evidencia». El nivel del mar está subiendo, no igual en todos los sitios, pero no sólo este factor es importante en términos de costa: están cambiando los vientos, el número de temporales, la dirección de las olas, y todos estos factores inciden «tanto o más» que la subida del nivel del mar.

   Esos cambios se han constatado y no son constantes a lo largo del litoral español, ha indicado, apuntando que mientras en zonas como el Golfo de Cádiz las olas son cada vez más pequeñas, en lugares como el Cantábrico, sobre todo en Galicia, los temporales «cada vez son más grandes, más numerosos y con olas más grandes».

   «Eso quiere decir que nos enfrentamos a un problema de una escala global, que requiere soluciones de escala global», que pasan por medidas de protección o adaptación «a las que nos tenemos que enfrentar para solventar el cambio climático».

ECOticias.com – ep

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