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sábado, febrero 4, 2023

Europa pide consenso contra el cambio climático

«Serán menos de 25 o 30 años si no se trabaja sobre la concienciación pública, se logran acuerdos políticos y se desarrollan las herramientas tecnológicas necesarias», ha advertido.

El expresidente del Parlamento Europeo y ex dirigente socialista ha urgido a trabajar en pos del consenso político y la concienciación social para aplicar las medidas necesarias para luchar contra el cambio climático.

«Estamos dirigiéndonos contra un muro y, en lugar de frenar, estamos acelerando», ha defendido. Además, ha indicado que la frontera temporal para el aumento de la temperatura global del planeta entre dos y seis grados se sitúa en un margen de entre 25 o 30 años.

«Serán menos de 25 o 30 años si no se trabaja sobre la concienciación pública, se logran acuerdos políticos y se desarrollan las herramientas tecnológicas necesarias», ha advertido.

Borrell ha intervenido en la segunda jornada del curso de verano sobre ‘Política Energética y Cambio Climático’ en las que también han participado la ex ministra de Medio Ambiente y consejera del Consejo de Seguridad Nuclear, Cristina Narbona, y la ex secretaria de Estado de Cambio Climático Teresa Ribera, Borrell.

En este marco, ha defendido la necesidad del liderazgo de la UE en materia de lucha contra el cambio climático debido a que, según ha recordado, «los europeos tienen una responsabilidad especial y particular porque somos los causantes del problema, con las revoluciones industriales».

Igualmente, ha recordado que la UE representa «únicamente» el 11 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Produce 3,7 gigatoneladas de CO2 anuales frente a las 16 gigatoneladas que producen China y EE.UU. juntas, pese a que Narbona ha recordado que las exigencias de consumo de la Unión Europea influyen en las emisiones de otros países en los que la UE tiene centrada la producción de lo que consume, por lo que las emisiones derivadas de la actividad económica europea no se limitan a su propio territorio.

Los tres ponentes han destacado, sin embargo, el problema de «cohesión» y de «coherencia» de la unión para «tomar las decisiones para llevar a cabo lo que dice que van a hacer» debido, a juicio de Narbona, a la «miopía de la CE» y a la presencia de «postura muy variadas» entre los países de la UE.

En este sentido, la exsecretaria de Estado de Cambio Climático ha incidido, por un lado, en la inoperancia y el problema de «solvencia del modelo» de la UE que, a su juicio, se manifiesta también en los demás ámbitos de decisión política y, por otro, al «enorme miedo de cada uno de los responsables a la hora de tomar decisiones» cuando «no están seguros de que sean compatibles con la prioridad de la gente que es el bienestar y el desarrollo».

Por ello, Ribera ha señalado la necesidad de crear una «presión desde abajo» hacia quienes toman las decisiones para forzar la implantación de medidas que conduzcan a mitigar los efectos del cambio climático y a adaptarse a sus consecuencias.

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS Y AMBIENTALES

Los tres han coincidido en destacar la «enorme factura» que tendría un aumento de la temperatura media del planeta no solamente a nivel ambiental sino también económico para la UE.

De hecho, la consejera del Consejo de Seguridad Nuclear ha estimado que, en el escenario hipotético de que se produjese un aumento de 3,5 grados en la temperatura, el coste que supondría para los países de la UE se situaría en torno a los 190.000 millones de euros.

«El coste económico de no actuar será mucho mayor que el de actuar, aunque los tiempos son distintos» en ambas opciones, ha señalado Narbona.

Además, Borrell ha recordado que, dada la actual deriva de aumento global del consumo energética del incremento en el uso de fuentes de energía que producen emisiones de carbono, y la actual cartera de medidas políticas el aumento de la temperatura podría alcanzar los 6 grados en las próximas décadas.

En este sentido, han apuntado las consecuencias que un previsible aumento de la temperatura podría tener no solamente en el marco de la Unión Europea, donde la principal carga de las consecuencias tendría lugar en los países del sur (mientras que los del norte podrían llegar a obtener beneficios), sino especialmente sobre los países menos desarrollados y, por tanto, menos preparados para asumir las consecuencias derivadas del cambio climático.

DESAFÍO ÉTICO EXTRAORDINARIO

«África contribuye solo en un 4 por ciento de las emisiones de CO2 a la atmósfera pero recibe una partemuy notable de los efectos del cambio climático a través de sequías cada vez más prolongadas e inundaciones cada vez más notables», ha recordado Narbona, que ha urgido a actuar ante el «desafío ético extraordinario» que, a su juicio, supone la lucha contra el calentamiento global por parte de los países más desarrollados.

Junto con sequías, inundaciones y otros fenómenos ambientales, ha señalado también el desplazamiento de los cultivos hacia el norte y la aparición de enfermedades propias de zonas más tórridas en áreas que habían sido templadas, entre otras consecuencias derivadas del cambio climático.

Por todo ello, los ponentes del curso de verano de la UCM han apuntado a la preparación y las cumbres que se celebrarán este año en Lima (Perú) y en París el año que viene como dos momentos fundamentales en la acción global para mitigar el aumento de la temperatura de la Tierra.

Aún así, Ribera ha señalado que «ocurra lo que ocurra en las cumbres no será ninguna excusa para no ser mucho más activos en los círculos más cercanos, que es lo que viene haciendo Europa en los últimos años bajo el criterio de no hacer nada hasta que los demás se muevan. Hay que acabar con esa dinámica», ha urgido.

Entre algunas de las propuestas, el expresidente del Parlamento Europeo ha abogado por la implantación de un impuesto sobre el carbono que pusiese precio al coste ambiental que suponen estas emisiones, al aplicarse al sector energético, pondría «en pie de igualdad» las energías renovables con aquellas que emiten CO2 y, por tanto, haría innecesarias las subvenciones para el desarrollo de las energías limpias.

Además, Narbona ha indicado que «no existe ningún manual que explique cómo el bienestar material y el progreso económico y tecnológico son indisociables con el progreso ambiental y la reducción de emisiones de CO2» y ha recordado que en el periodo en que la UE ha reducido sus emisiones de forma más pronunciada (un 15 por ciento desde los compromisos de Kioto) su PIB ha crecido un 40 por ciento.

ep

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