El calor extremo convierte a los ecosistemas en una nueva fuente de CO₂. Las temperaturas extremas amenazan con transformar a la naturaleza en un emisor neto de carbono. Científicos españoles advierten que los ecosistemas terrestres están acelerando su respiración debido a que las olas de calor son cada vez más severas.
El suelo y la vegetación liberan dióxido de carbono mediante procesos celulares habituales. Sin embargo, el calor intenso combinado con abundante humedad rompe el equilibrio natural, superando con creces la absorción realizada por la fotosíntesis.
Los pastizales y zonas de matorral encabezan el incremento repentino de las emisiones orgánicas. Este comportamiento anómalo crea un peligroso bucle donde el sobrecalentamiento planetario potencia la expulsión constante de gases desprendidos por la propia vegetación.
Expertos del CREAF y CSIC instan a reforzar la gestión forestal y la agricultura regenerativa. Proteger la capacidad natural de absorción hídrica y vegetal resulta decisivo para contener los futuros picos térmicos a escala mundial.
El calor extremo convierte a los ecosistemas en una nueva fuente de CO₂
Los ecosistemas terrestres han actuado durante siglos como uno de los grandes aliados frente al cambio climático, capturando parte del dióxido de carbono que la humanidad libera a la atmósfera. Sin embargo, una nueva investigación advierte de que este equilibrio podría estar cambiando a medida que aumentan las olas de calor, la humedad y los fenómenos meteorológicos extremos.
El estudio, liderado por el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y publicado en Nature Communications, concluye que las condiciones climáticas extremas aceleran la denominada respiración de los ecosistemas, un proceso natural que incrementa la liberación de CO₂ y reduce la capacidad del planeta para compensar las emisiones humanas.
El calor extremo convierte a los ecosistemas en una nueva fuente de CO₂
La investigación explica que todas las plantas, raíces y microorganismos del suelo respiran, un proceso mediante el cual consumen energía y liberan dióxido de carbono. En condiciones normales, esta emisión queda compensada por la fotosíntesis, que captura carbono de la atmósfera.
El problema surge cuando las temperaturas alcanzan valores extremos y coinciden con una elevada disponibilidad de humedad. En ese escenario, la actividad biológica se acelera y la respiración aumenta hasta el punto de liberar más carbono del que la vegetación consigue absorber.
Los científicos alertan de que, si esta tendencia continúa intensificándose, numerosos ecosistemas podrían dejar de actuar como sumideros de carbono y convertirse en emisores netos de gases de efecto invernadero.
2024 ofreció una señal de alarma para la ciencia
Los investigadores utilizaron como referencia los datos de 2024, considerado el año más cálido registrado hasta la fecha, con una anomalía media de 1,55 ºC respecto a los niveles preindustriales.
Durante ese año también se observó el mayor incremento anual de CO₂ atmosférico desde que comenzaron las mediciones sistemáticas en 1958. Según el estudio, uno de los factores determinantes fue la combinación del intenso episodio de El Niño con temperaturas excepcionalmente elevadas.
Este contexto favoreció una fuerte reactivación de la vegetación y de los microorganismos del suelo, incrementando de forma extraordinaria la respiración de los ecosistemas y elevando las emisiones naturales de carbono.
Pastizales y matorrales lideran el aumento de emisiones
Aunque el fenómeno tuvo un alcance global, no todos los ecosistemas respondieron de la misma manera. Los matorrales y pastizales fueron los que más contribuyeron al aumento de las emisiones naturales, representando el 49 % de la anomalía registrada. Las masas forestales aportaron aproximadamente un 33 %, mientras que las tierras agrícolas concentraron el 18 % restante.
Estos resultados muestran que los espacios naturales más extensos y aparentemente resistentes al cambio climático también pueden experimentar profundas alteraciones cuando las condiciones meteorológicas extremas se prolongan durante largos periodos.
Los científicos advierten de un peligroso círculo vicioso
El investigador del CSIC en el CREAF, Josep Peñuelas, explica que el problema reside en la combinación de fenómenos extremos cada vez más frecuentes.
Primaveras especialmente lluviosas favorecen un intenso crecimiento de la vegetación. Sin embargo, cuando posteriormente llegan veranos muy cálidos, toda esa actividad biológica dispara la respiración de plantas y microorganismos, aumentando la liberación de CO₂.
Este proceso genera un círculo vicioso: el incremento de emisiones naturales contribuye al calentamiento global, que a su vez favorece nuevas olas de calor capaces de intensificar nuevamente la respiración de los ecosistemas.
La cuenca mediterránea, entre las regiones más vulnerables
Los autores subrayan que regiones como la cuenca mediterránea, donde las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas, podrían verse especialmente afectadas por esta dinámica.
Para reducir el riesgo, proponen reforzar la gestión forestal adaptativa, impulsar prácticas de agricultura regenerativa y acelerar la reducción de las emisiones procedentes de los combustibles fósiles.
Según los investigadores, proteger la capacidad de los ecosistemas para seguir absorbiendo carbono será una pieza clave en la lucha contra el cambio climático durante las próximas décadas.
La reducción de emisiones es perentoria
El estudio demuestra que el calor extremo no solo incrementa directamente las temperaturas del planeta, sino que también altera el funcionamiento natural de los ecosistemas, reduciendo su capacidad para actuar como barrera frente al exceso de CO₂ atmosférico.
Si bosques, pastizales y suelos comienzan a emitir más carbono del que almacenan, la lucha contra el cambio climático será todavía más compleja. Por ello, los científicos insisten en que reducir las emisiones humanas y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas naturales debe convertirse en una prioridad inmediata.
El calor extremo convierte a los ecosistemas en una nueva fuente de CO₂ en 15 segundos
¿Por qué el calor extremo hace que los ecosistemas emitan más CO₂?
Porque las altas temperaturas y la humedad aceleran la respiración de plantas y microorganismos del suelo, liberando más dióxido de carbono del que la vegetación consigue absorber mediante la fotosíntesis.
¿Qué ecosistemas liberan más carbono durante las olas de calor?
El estudio señala que los matorrales y pastizales representan el 49 % del aumento de emisiones detectado, seguidos por los bosques (33 %) y las tierras agrícolas (18 %).
¿Qué relación tuvo el año 2024 con este fenómeno?
2024 fue el año más cálido registrado, con una anomalía de 1,55 ºC, y coincidió con un intenso episodio de El Niño, circunstancias que favorecieron el mayor incremento anual de CO₂ atmosférico desde 1958.
¿Qué proponen los científicos para frenar este problema?
Los investigadores recomiendan reforzar la gestión forestal, fomentar la agricultura regenerativa y reducir de forma contundente las emisiones derivadas del uso de combustibles fósiles para mantener la capacidad de los ecosistemas de absorber carbono.
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