Para los extranjeros sí es Santa Teresa el referente, sobre todo a partir de que algunas famosas estrellas “holiwodenses” se convirtieran en periódicos visitantes de sus bellas playas.
Curiosamente no es el referente principal de la zona, en especial para los nacionales que la visitan, pues más que de Santa Teresa, se habla de Montezuma y sobre todo de Mal País (lo correcto sería Malpaís, pero eso es cuento para otro día).
Para los extranjeros sí es Santa Teresa el referente, sobre todo a partir de que algunas famosas estrellas “holiwodenses” se convirtieran en periódicos visitantes de sus bellas playas.
Santa Teresa es parte del territorio de Cóbano, distrito del cantón central de Puntarenas, y está situado en el litoral Pacífico; su autoridad política inmediata es el Concejo Distrital de Cóbano.
Para llegar a aquellas tierras se tiene dos opciones: una es la del Ferry de Tambor que lleva vehículos y personas desde Puntarenas hasta Paquera. De allí se transita por una carretera en buen estado hasta Cóbano, para viajar luego hacia la población de Carmen y después a Santa Teresa.
La otra opción es viajar por tierra desde Nicoya y Nandayure con rumbo sur hasta Cóbano y de allí continuar el recorrido por un camino que va empeorando en cada uno de sus 15 kilómetros.

Así, una región y unas comunidades con creciente dependencia de las actividades turísticas, está en franco abandono por parte de las diferentes instancias responsables de su atención y apoyo.
Preocupaciones
La presencia e inversión de extranjeros encareció los terrenos en la zona y abrió un dorado negocio de bienes raíces que se mueve por la libre, de manera que las jugosas transferencias dejan muy poco o nada al fisco nacional y local. ¿Cuánto terreno está ya en manos foráneas? ¿Quién controla esos movimientos de terrenos y de construcciones que en no pocos casos son de millones de dólares?

E igual pareciera suceder con la recolección de impuestos, pues es la excepción y no la norma la entrega de facturas timbradas en los negocios. A lo anterior hay que sumar un hecho curioso y por qué no decirlo, sospechoso, como es la significativa cantidad de puestos de trabajo en manos de extranjeros; ¿acaso en regla?
Por años, los habitantes de la zona han sufrido por la escasez de agua, principalmente en el verano, lo que abrió las puertas a millonarios negocios de venta del líquido, situación que dichosamente está por ser superada con la construcción de un nuevo acueducto, que se espera entre en funciones muy pronto.

Pero al mal estado de la calle principal que discurre de sur a norte desde Carmen, hay que agregar el deficiente tratamiento de aguas servidas y aguas negras que ya comienza a hacer crisis inundando de malos olores algunos de los sectores céntricos de la zona.
Esta comunidad padece, además, por los irregulares servicios que le brinda el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). Los súbitos cortes del servicio eléctrico son frecuentes, con altibajos de energía que ocasionan problemas y pérdidas. La señal del servicio telefónico también es deficiente.
Belleza amenazada
Las bellezas naturales de esta región son enormes. Es atractiva incluso para gente que tiene acceso a lugares famosos alrededor del mundo. De esto lo que más llama la atención es la zona boscosa, densa en algunos sectores, que el viajante puede apreciar a lo largo del camino, en la franja de terreno que lo separa de la extensa playa.
La conservación de este bosque hay que reconocérselo al espíritu ecologista de los dueños de los terrenos y a las autoridades que han actuado con celo.

Y esa franja verde boscosa se repite como parte del paisaje de la playa. El respeto a la naturaleza y el cuidado del ambiente han sido la regla de oro. No obstante, las luces de alarma se han encendido.
Este esquema comienza a romperse con algunas construcciones recientes o en proceso, que prácticamente invaden la playa, en clara contravención de la normativa reguladora de tan delicada materia. ¿Cómo han sido tramitados esos permisos de construcción?
Esa pregunta, y sobre todo la respuesta preocupan, pues un debilitamiento de controles puede abrir la puerta a procesos de destrucción ambiental como los vividos en playas del Pacífico Central y Norte, y acabar con este tesoro, fuente de vida para muchas familias lugareñas.





















