Pueblos solares se encienden en la Puna

La luz y el calor del sol es de las pocas riquezas que la naturaleza da en abundancia a la norteña y árida Puna argentina.

Los habitantes de la norteña Puna argentina están lejos de todo menos del sol. Viven en aldeas pequeñas y dispersas, sobre un suelo árido y a miles de metros sobre el nivel del mar, que van camino a convertirse en “pueblos solares”.

 

En el norte de la noroccidental provincia de argentina de Jujuy, los pobladores comprueban que la energía del sol, una fuente limpia e inagotable, puede reemplazar a la leña, cada vez más escasa, mediante una serie de proyectos que desarrolla la Fundación EcoAndina.

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La Puna argentina, con alturas de entre 2.700 y 4.600 metros sobre el nivel del mar, es parte de la extensa altiplanicie andina compartida por Argentina, Bolivia, Chile y Perú.

 

La Fundación EcoAndina busca mejorar las condiciones de vida de las poblaciones locales, aprovechando la riqueza sustentable del sol, del viento y del agua, y manteniendo la identidad cultural e histórica de esas comunidades, muy vulnerables y con exiguos recursos materiales.

 

Desde que comenzó su labor, hace dos décadas, se instalaron en la zona unos 400 equipos de energía solar en 30 pueblos. Cocinas familiares y comunitarias, hornos panaderos, calefactores, colectores de agua caliente y riego por goteo son las técnicas y dispositivos que se desarrollan a partir de distintas aplicaciones de esta energía.

 

Además de cocinar en hornos tan efectivos como los de gas, las familias pueden acceder a calefacción y agua caliente para sus hogares. En las escuelas hay colectores solares para entibiar las aulas y paneles fotovoltaicos que producen electricidad.

 

Los proyectos se realizan con financiamiento de fuentes diversas. Uno de estos programas permitió desarrollar una tecnología para verificar la reducción de emisiones de dióxido de carbono por emplear las cocinas solares. La certificación permitirá obtener créditos de carbono que se venden en el mercado y dejan fondos para adquirir nuevos artefactos.

 

Las cocinas, para utilizar dentro o fuera de las viviendas, según el modelo, se fabrican en la región a bajo costo. Las más utilizadas son las «parabólicas», que emplean un panel de forma paraboloide en aluminio muy pulido para concentrar los rayos solares.

 

Estas técnicas permiten sustituir energías tradicionales que, al despedir gases contaminantes como el dióxido de carbono contribuyen al recalentamiento planetario.

 

En esa región de suelos áridos y semiáridos, con vegetación frágil y escasa, abandonar el consumo de leña contribuye a combatir la desertificación. La altura y sequedad del ambiente determinan que la vegetación crezca lentamente, y la gente debe ir cada vez más lejos en busca de madera.

 

Estudios de la Fundación indican que con una cocina solar, el consumo de leña en los hogares se reduce entre 50 y 70 por ciento.

 

Silvia Rojo, presidenta de EcoAndina, explicó a Tierramérica que tradicionalmente la población puneña cubría su demanda térmica con tres tipos de plantas leñosas: tolas, queñoas y yaretas. Pero su extracción provocó una grave desertificación, pérdida de diversidad de especies y daños a las cuencas hídricas.

 

La alternativa a la leña es el gas propano, que se vende en garrafas de 10 kilogramos y a precios muy elevados en esa zona alejada de urbes y carreteras. “El gas envasado cuesta casi 13 veces más por metro cúbico que el metano suministrado por la red pública en las ciudades”, señaló Rojo.

 

“Nuestro trabajo se concentra en ofrecer fuentes de energía térmica alternativas a la leña y a las garrafas de gas a unos 30 pueblos”, remarcó.

 

Hoy las aplicaciones solares “gozan de gran aceptación y demanda y por eso difundimos el concepto de ‘pueblos solares’”, dijo. Para alcanzar esa categoría, las comunidades son capacitadas con apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

 

El primer “pueblo solar” es Lagunillas del Farallón. “Es una categoría que jerarquiza a la comunidad y la llena de orgullo, porque la reconoce como usuaria de tecnologías limpias”, destacó.

 

El circuito se completa con otros pueblos que, en los próximos años, irán cubriendo las necesidades requeridas: Ciénaga de Paicote, Cabrería, Paicote, Cusi Cusi, San Juan y Oros, La Ciénaga, San Francisco, Casa Colorada y Misa Rumi.

 

El primer sitio donde trabajó EcoAndina fue Misa Rumi. Allí se encuentra una casa equipada completamente con energía solar y eólica que funciona desde 1997 como sede para trabajos de campo y sitio de investigación.

 

La Puna resulta propicia. Esa meseta elevada, parte de la cordillera de los Andes, es muy seca y su clima registra una gran amplitud térmica, explicó a Tierramérica el alemán Christoph Müller, que trabaja para EcoAndina en el área técnica.

 

En una misma jornada invernal, la temperatura puede pasar de 20 grados durante el día a 25 bajo cero en la noche. De día, el cielo está completamente despejado durante casi todo el año.

 

Esas características hacen de esta región una de las de mayor radiación del mundo, junto al Altiplano de Bolivia y las mesetas del Tíbet y Afganistán, y por lo tanto muy apta para explorar la energía solar.

 

Por ahora, las iniciativas se limitan a dotar de energía y calor a los hogares, centros comunitarios y escuelas, pero sus ambiciones podrían crecer.

 

Según Rojo, EcoAndina impulsa la idea de una generadora solar para suministrar electricidad a todo Jujuy sin emitir contaminar y casi sin costos de generación. De concretarse, sería la primera de América Latina, si bien Brasil y Chile también están en la carrera.

 

“No se podrá cubrir a todos los pueblitos del norte de la provincia por lo dispersos que están, pero éstos ya tienen sistemas fotovoltaicos comunitarios para generaciones puntuales por pueblo», dijo Rojo.

PNUMA

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