En el invierno de 1912, un joven llamado Ralph Edwards llegó a un lago de las montañas de la Columbia Británica y no vio a ningún ser vivo, así que lo llamó Lonesome Lake, «lago solitario». Allí vivió más de cinco décadas y su familia alimentó durante los inviernos a los cisnes trompeteros que se refugiaban en el lago cuando la especie estaba al borde de la extinción.
La bandada invernal pasó de una treintena de aves a unas 600 en los años sesenta, según la BC Parks Foundation, que en 2021 compró la antigua granja para incorporarla al parque provincial de Tweedsmuir. El origen del nombre lo contó el propio Edwards en una entrevista de televisión de 1972 que recoge el registro oficial de topónimos de la provincia.
Un colono a 64 kilómetros del asentamiento más cercano
En 1913, Edwards recibió una parcela de 153 acres, unas 62 hectáreas, dentro de un programa público de colonización. La finca quedaba a unas 40 millas, unos 64 kilómetros, del asentamiento más próximo, según la página de la campaña de la fundación.
Lonesome Lake está a 69 kilómetros al sureste de Bella Coola, al pie de las cataratas Hunlen, un salto de 260 metros. Hoy lo rodea el parque de Tweedsmuir, el mayor de la provincia, con casi un millón de hectáreas.
La fundación cuenta que Edwards pasó casi una década solo, desbrozando el terreno y levantando una casa, con un paréntesis para servir en la Primera Guerra Mundial. Después se casó con Ethel y tuvieron tres hijos, que crecieron en una granja donde fabricaban desde los zapatos hasta la electricidad, con un generador movido por el río.
Grano a lomos de caballo para los cisnes
El cisne trompetero es el ave voladora más pesada de Norteamérica, con machos que superan de media los 11,8 kilos. La caza por sus plumas lo había dejado en una situación crítica, y la fundación sostiene que llegaron a quedar unos 100 en el mundo, de los que cerca de un tercio invernaba en este lago.
Las aves comían en los tramos de río que no se helaban, y cuando el hielo los cubría se quedaban sin alimento, algo que todavía ocurre en otros lugares, como muestra el caso de los cisnes atrapados y sin comida en un tramo de río sin congelar.
Según la fundación, en 1925 el Gobierno canadiense pidió a Edwards que alimentara a los cisnes en invierno. La familia subía el grano hasta el valle a caballo, y The Globe and Mail habló en 2004 de sacos de cebada de 45 kilos.
Con los años la tarea pasó a la hija pequeña, Trudy. La editorial de sus memorias, Hancock House, explica que su padre se la encargó en 1939, cuando ella tenía diez años, y que la mantuvo hasta 1989.
De una treintena de aves a 600
«La propiedad de Lonesome Lake es muy importante porque aquí es donde los cisnes trompeteros se salvaron de la extinción en la Columbia Británica, y en realidad en el mundo, en los años veinte, treinta y cuarenta», dijo Ric Careless, vicepresidente del patronato de la fundación, a CBC News en abril de 2021.
Aquellos cisnes estaban tan acostumbrados a la familia que fueron los únicos lo bastante mansos para capturarlos cuando Canadá prometió a la entonces princesa Isabel, futura Isabel II, un regalo de cisnes trompeteros en su gira de 1951. En 1952, con ayuda de Ralph y de Trudy, se capturaron cinco que viajaron en avión a Inglaterra, según la fundación.
La historia llegó al gran público en 1957 con «Crusoe of Lonesome Lake», la biografía que escribió Leland Stowe. El registro de topónimos atribuye a Ralph y Ethel Edwards haber hecho más que nadie para salvar a la especie, y en 1972 él recibió la Orden de Canadá por ese trabajo. Murió en 1977, a los 86 años.
El incendio que borró la granja en 2004
En julio de 2004, un incendio forestal que avanzaba despacio por el sur de Tweedsmuir se avivó de golpe y alcanzó la finca. «La granja original ha desaparecido, ha ardido por completo hasta los cimientos», contó a The Globe and Mail Terry Brandt, antiguo operador de hidroaviones ya retirado y amigo de John Edwards, hijo de Ralph, que vivía solo allí a los 77 años.
Brandt explicó que a John lo sacó un helicóptero cuando el fuego estaba ya a unos pasos, y que también ardió la granja que Trudy había levantado cerca. «No queda nada. Todos los edificios estaban entre los árboles altos», añadió.
La compra de la finca para el parque
Cuando la nieta de Ralph, Susan Turner, puso a la venta la parcela del extremo sur del lago, la fundación lanzó una campaña para reunir 695.000 dólares canadienses antes del 1 de mayo de 2021. Careless temía que un comprador la convirtiera en un destino de pesca turística, con helicópteros e hidroaviones que molestaran a los cisnes, a los grizzly y a los peces. «Habría sido una pérdida enorme», dijo a CBC News.
Más de 100 donantes aportaron cerca de 700.000 dólares en cuatro semanas. «Fue increíble la cantidad de gente que escribió diciendo que de niños habían oído la historia de los cisnes trompeteros y que siempre les había inspirado», explicó Andy Day, director ejecutivo de la fundación, a Black Press Media.
Como pasó con Enos Mills y el parque nacional de las Montañas Rocosas, la vida de un colono ha acabado ligada a un espacio protegido, en este caso un paso de salmones, truchas y grizzly con bosques maduros de abeto de Douglas.
Un botánico en el lago en 2025
En el verano de 2025, el botánico voluntario Ken Marr, conservador de Botánica jubilado del Royal BC Museum, llegó en hidroavión para hacer el primer inventario completo de plantas de la finca. «Hay emoción, hay curiosidad, no sabes qué vas a encontrar; quieres hacerle justicia al lugar», dijo a la fundación.
Entre los 193 ejemplares que recogió había dos especies que crecían muy lejos de su área conocida, una de ellas a casi 450 kilómetros al norte de donde se esperaba. Marr y su colega Colleen vieron además decenas de sapos jóvenes en las praderas húmedas. «Es una señal de lo vivo que está este valle», comentó.
Cada mañana, una pareja de cisnes, probablemente descendientes de los que casi desaparecieron, nadaba en el otro extremo del lago. «Es increíble saber que este lugar está protegido para siempre», dijo Marr.
Lo que las cifras no aclaran
La recuperación del cisne trompetero tuvo muchos más actores. Estados Unidos protegió por completo a la especie en 1924 y en 1935, cuando solo se conocían 69 ejemplares en los estados contiguos, creó el refugio de Red Rock Lakes, según el Servicio de Pesca y Vida Silvestre.
Ese organismo recuerda que en 1968 el primer censo aéreo completo de Alaska contó 2847 cisnes trompeteros, una población que entonces apenas se conocía. La especie nunca dependió solo de Lonesome Lake, aunque la bandada del lago fuera clave en Canadá. Pasa lo mismo con otras especies que rozaron la extinción, como el loro más pesado del planeta, que bajó a 51 ejemplares, cuya recuperación sumó varios frentes a la vez.
Las fuentes tampoco coinciden en todo. CBC habló de 80 hectáreas y de cuatro cisnes para la entonces princesa Isabel, y la fundación da 62 hectáreas y cinco aves; la fundación fecha en 1925 el encargo del Gobierno y la editorial de Trudy, en 1933 el inicio de la alimentación. Las cifras de 30 y 600 cisnes proceden de la fundación y de relatos periodísticos, no de un censo científico publicado.
El relato del inventario botánico se ha publicado el 17 de diciembre de 2025 en la web de la BC Parks Foundation.
Marr admite que queda otra orilla por explorar y un antiguo claro de cultivo por revisar, así que el lago que salvó a los cisnes todavía guarda especies por catalogar.
Imagen: David Stanley / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)














