En Kiev, una ola de frío con temperaturas cercanas a los 20 grados bajo cero ha congelado casi por completo el río Dnipró. En una estrecha franja de agua que aún queda libre se refugian decenas de cisnes, rodeados de hielo y con muy poco acceso a alimento. Vecinos se acercan cada día con bolsas de pan y pienso para mantenerlos con vida, mientras ellos mismos lidian con cortes de luz y calefacción tras el ataque más potente del año contra la infraestructura energética de Ucrania, lanzado en plena ola de frío con decenas de misiles y cientos de drones.
La imagen es bonita a primera vista. Decenas de aves blancas sobre un río inmóvil, con la ciudad al fondo. Pero detrás hay una historia de clima extremo, hábitos de migración alterados y una guerra que convierte el invierno en una herramienta más de presión.
Cisnes rodeados de hielo y vecinos haciendo de salvavidas
Las agencias que han documentado la escena describen una lámina de agua cada vez más estrecha, rodeada de hielo compacto, donde los cisnes se amontonan porque el resto del río está ya bloqueado por el frío.
En las orillas, familias y personas mayores llegan caminando sobre la nieve para lanzar comida a las aves. Una vecina de 64 años lo resumía así en declaraciones recogidas por Reuters. Decía que hay muchos cisnes, pero muy poca gente que pueda traerles alimento, y que lo que realmente le preocupa es que en este frío de 20 grados bajo cero no sobrevivirán si se quedan sin comida.
Los expertos recuerdan que los cisnes pueden soportar bajas temperaturas siempre que dispongan de suficiente alimento y de algún punto de agua libre de hielo para nadar y limpiar su plumaje. El problema llega cuando el hielo avanza más rápido que ellos y la comida natural desaparece bajo una superficie dura e inaccesible. Entonces dependen casi por completo de lo que la gente les lleve en bolsas y cubos.
Inviernos suaves y migraciones que se desajustan
Algunos vecinos explican que hay tantos cisnes porque los últimos inviernos fueron más suaves y eso desanimó a las aves a migrar hacia zonas más templadas. Con el tiempo, muchas han perdido el hábito de volar largas distancias y se han acostumbrado a pasar el invierno en Kiev, donde reciben alimento de los residentes.
Este testimonio encaja con lo que describen los científicos en Europa. Estudios sobre aves acuáticas señalan que los inviernos más templados permiten a muchas especies desplazar sus áreas de invernada hacia el noreste, mientras que los episodios de frío extremo las obligan a retroceder a toda prisa.
Al mismo tiempo, investigaciones recientes sobre fauna y estaciones muestran que el calentamiento está desajustando los ciclos naturales. En Francia, por ejemplo, se han observado árboles en flor y aves cantando en pleno diciembre, seguidos de golpes de frío que pillan a la fauna fuera de época. Se ha documentado que algunas especies retrasan o incluso omiten la migración, lo que las deja expuestas si llega un frío brusco como el de este invierno en Europa oriental.
En la práctica, esto significa que los cisnes del Dnipró no son solo una curiosidad invernal. Son una señal de cómo el clima cambiante puede alterar hábitos aprendidos durante miles de años y dejar a los animales atrapados en situaciones límite cuando el tiempo se vuelve extremo.
El invierno, convertido en arma contra la población civil
Mientras los cisnes pelean por cada metro de agua libre, el resto del país sufre las consecuencias de una nueva ofensiva contra su sistema energético. Según las autoridades ucranianas y medios internacionales, Rusia ha lanzado alrededor de 71 misiles y 450 drones contra centrales térmicas y subestaciones, en lo que se describe como el ataque más intenso del año contra la red eléctrica.
Las explosiones han dejado sin calefacción a miles de hogares y edificios en ciudades como Kiev, Dnipró y Járkov, justo cuando los termómetros marcan entre 19 y 23 grados bajo cero. Solo en la capital, fuentes municipales han contabilizado más de mil bloques de viviendas sin calor tras los últimos bombardeos.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha denunciado que los ataques se han producido precisamente en los días más fríos del invierno y que se está aprovechando el clima extremo para presionar a la población en pleno proceso de negociaciones en Abu Dabi.
Organizaciones humanitarias como Oxfam International advierten de que los ataques a infraestructuras energéticas no solo apagan luces. Provocan brotes de enfermedades relacionadas con el frío, dificultan la preparación de alimentos, especialmente para bebés, y golpean con más fuerza a quienes ya eran vulnerables, como familias pobres, personas mayores o minorías discriminadas.
Personas y fauna, la misma fragilidad frente al frío
En este contexto, los cisnes del Dnipró se convierten casi en un espejo. Mientras las aves se agrupan en una pequeña franja de agua y dependen del pan que les lanzan los vecinos, muchas familias hacen cola para cargar sus móviles en puntos de emergencia, intentan ahorrar cada grado en los radiadores cuando vuelven a funcionar y buscan mantas extra para pasar la noche.
El río congelado muestra hasta qué punto clima, guerra y energía están entrelazados. Un invierno más suave puede cambiar por completo la ruta de migración de un ave. Un invierno extremadamente frío, combinado con una red eléctrica atacada, puede poner en riesgo vidas humanas y animales al mismo tiempo.
La escena de Kiev es incómodamente clara. El hielo avanza, la franja de agua se estrecha y la ayuda ciudadana intenta tapar agujeros que son mucho más profundos. Detrás de cada bolsa de pan que cae al agua hay una pregunta que también vale para las personas. Cuánto tiempo se puede resistir cuando el frío aprieta y la energía falla.
El comunicado oficial “Turning winter into a weapon” sobre el impacto mortal de los ataques al sistema energético ucraniano ha sido publicado en la página oficial de Oxfam International.



















