Una mancha de prendas rompe el color ocre del desierto de Atacama, cerca de Alto Hospicio. SkyFi la fotografió desde un satélite y confirmó que el vertedero textil puede distinguirse desde la órbita. La cifra de 60.000 toneladas ha dominado los titulares, aunque la imagen no permite calcular ese peso.
Las fuentes oficiales dibujan una realidad algo distinta y, aun así, enorme. Un informe de Naciones Unidas estima unas 30.000 toneladas, mientras la justicia chilena habla de decenas de miles repartidas entre varios focos. El comercio mundial de ropa usada se ha multiplicado por siete en cuatro décadas.
El satélite no es una báscula
SkyFi encargó una imagen de alta resolución tomada el 7 de enero de 2022. La fotografía muestra la extensión del depósito junto a la ciudad, pero no mide la ropa enterrada, la profundidad de los montones ni lo retirado o quemado. Sirve para localizar el problema, no para pesarlo.
Elia Stoyanova, de la Universidad de Arquitectura, Ingeniería Civil y Geodesia, y Viktor Vitov, de la Universidad de Minería y Geología San Iván Rilski, analizaron 25 imágenes de los satélites Sentinel-2 entre noviembre de 2016 y noviembre de 2024. Su estudio calcula que la superficie pasó de unas 35 hectáreas a cerca de 59 en fechas comparables. No es una montaña inmóvil, sino varios depósitos que crecen, se reducen y vuelven a extenderse.
Cómo llega la ropa
La moda rápida consiste en producir colecciones baratas a gran velocidad y sustituirlas pronto por otras nuevas. Ese ritmo empuja a comprar más y usar cada prenda menos tiempo. En 2022, cada persona de la Unión Europea consumió de media 19 kilos de textiles y se desecharon unos 12 kilos de ropa por habitante.
Las exportaciones europeas de ropa usada se triplicaron en dos décadas, hasta alcanzar 1,7 millones de toneladas anuales. En 2021, la Unión Europea representó el 30 por ciento del valor mundial exportado, seguida por China con el 16 por ciento y Estados Unidos con el 15 por ciento. Europa pesa mucho en este comercio, pero no está sola.
Chile recibió 126.000 toneladas de textiles usados en 2021. Cerca del 40 por ciento llegó por Iquique, donde se clasifica para venderlo en Chile o reenviarlo a otros mercados latinoamericanos. Naciones Unidas calcula que tres cuartas partes de las prendas importadas no son reutilizables, por lo que el excedente acaba convertido en residuo.
Un daño ya acreditado
El Primer Tribunal Ambiental de Chile acreditó en septiembre de 2025 un daño significativo en el suelo y el paisaje de cuatro sectores de Alto Hospicio. Los depósitos contenían ropa, neumáticos, escombros y otros desechos, porque no todo lo visible es textil. El fallo atribuyó al Estado una omisión en la prevención y fiscalización.
Marcelo Hernández Rojas, ministro titular en ciencias y redactor de la sentencia, afirmó que “existe un daño ambiental, el cual es de carácter significativo respecto de los componentes suelo y paisaje”. El tribunal no declaró probado el mismo nivel de daño en otros componentes. Así se evita presentar como certeza lo que la resolución no estableció.
La ropa abandonada, aun así, no es inocua. El Ministerio del Medio Ambiente de Chile advierte de microplásticos y contaminación de suelos y aguas, mientras Naciones Unidas señala que el vertido y la quema provocan graves consecuencias ambientales y sociales. Una camiseta sintética no desaparece como una hoja seca.
Europa no explica todo
Atribuir todo el vertedero a ropa procedente de Europa iría más allá de los datos disponibles. Una imagen orbital distingue superficies, no países de origen, marcas ni cadenas logísticas. La responsabilidad europea es relevante por su volumen exportador, pero el sistema es global y apenas permite seguir cada lote desde su origen.
Un informe de la CEPAL y la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa publicado en febrero de 2026 sostiene que la moda ultrarrápida ha elevado el volumen y reducido la calidad de la ropa usada. Propone normas técnicas y controles aduaneros para separar las prendas reutilizables de aquello que ya debe tratarse como basura. La idea es sencilla, aunque aplicarla no lo será.
Las medidas en marcha
Chile declaró los textiles producto prioritario de su Ley de Responsabilidad Extendida del Productor en junio de 2025. Productores e importadores deben registrarse y declarar lo que introducen en el mercado, pero las metas de recogida y tratamiento seguían pendientes de un decreto en 2026. El país estima más de 572.000 toneladas de residuos textiles al año, una cifra nacional que no debe confundirse con Alto Hospicio.
La sentencia ordenó al Estado presentar en seis meses un plan con diagnóstico, retirada segura, restauración del suelo, recuperación del paisaje y prevención de nuevos vertidos. También exige seguimiento público y objetivos verificables. Limpiar décadas de acumulación será bastante más difícil que retirar un único montón.
La Unión Europea también ha endurecido sus reglas. Desde enero de 2025 exige la recogida separada de textiles y en septiembre aprobó sistemas para que los productores financien su gestión, aunque evitar otra montaña exigirá producir menos y no exportar residuos como mercancía.
El informe oficial más reciente lo han publicado la CEPAL y la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa.



