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En 1869 un científico francés llevó polillas a Massachusetts para criar seda, escaparon de su jardín y 150 años después sus orugas siguen dejando sin hojas millones de hectáreas de bosque cada año

En 1869 un científico francés llevó polillas a Massachusetts para criar seda, escaparon de su jardín y 150 años después sus orugas siguen dejando sin hojas millones de hectáreas de bosque cada año

En 1869, el artista y naturalista francés Étienne Léopold Trouvelot llevó a su casa de Medford, en Massachusetts, una polilla europea llamada Lymantria dispar. Quería criar un insecto productor de seda más resistente, pero algunas orugas escaparon de los recintos instalados en su jardín.

Aquella fuga no quedó en una anécdota. La especie, conocida hoy como polilla esponjosa, se extendió por amplias zonas del este de Norteamérica y sus orugas pueden dejar sin hojas bosques completos. Un árbol sano suele superar un ataque aislado, pero los episodios repetidos agotan sus reservas y lo vuelven más vulnerable a la sequía, las enfermedades y otros insectos.

Un jardín cambió el bosque

Los documentos del Servicio Forestal de Estados Unidos sitúan la fuga en 1868 o 1869. Trouvelot advirtió del riesgo, pero la primera defoliación registrada no llegó hasta 1889, precisamente en las calles de su vecindario. Massachusetts intentó erradicar la población un año después, sin éxito.

Desde allí, la polilla avanzó hacia el oeste. La hembra de la población establecida en Norteamérica no vuela, algo que limita su expansión natural, pero el transporte humano terminó haciendo el trabajo más deprisa. Y ahí empezó el verdadero problema.

En 2022, la Entomological Society of America aprobó el nombre inglés “spongy moth”. La expresión alude a las masas de huevos, de aspecto esponjoso, que las hembras pegan a troncos y objetos. No es un detalle menor, porque esos huevos son también su principal billete de viaje.

La oruga hace el daño

La fase adulta no es la que desnuda los árboles. El daño forestal ocurre durante la etapa de oruga, que comienza en primavera al mismo tiempo que se abren las yemas. Durante seis u ocho semanas, las larvas comen con una intensidad difícil de pasar por alto.

Los robles están entre sus árboles favoritos, aunque se ha documentado su alimentación sobre más de 300 especies de árboles y arbustos. Las orugas jóvenes perforan las hojas y algunas se dispersan colgadas de hilos de seda que arrastra el viento. Las más grandes pueden dejar únicamente el nervio central.

¿Qué se ve desde fuera? En un brote intenso, un bosque de verano puede parecer un paisaje de invierno. Cerca de las viviendas también se acumulan orugas en paredes y troncos, mientras sus excrementos caen sobre patios, coches y zonas de recreo. Y eso se nota.

Los árboles pagan el precio

Muchos árboles de hoja ancha pueden producir una segunda tanda de hojas después de perder buena parte de la copa. Ese rebrote recupera la fotosíntesis, pero obliga al árbol a gastar energía almacenada para crecer, defenderse y superar los meses difíciles.

Un ejemplar sano puede soportar uno o incluso dos años consecutivos de defoliación severa. El riesgo aumenta cuando el ataque se repite, la copa ya está debilitada o coincide con una sequía. En esos casos pueden aparecer ramas muertas y mortalidad varios años después.

La escala acumulada impresiona. El Servicio Forestal calcula que, entre 1920 y 2020, la polilla esponjosa defolió más de 95 millones de acres, unos 38,4 millones de hectáreas, contando los episodios registrados. En algunos años, los brotes afectaron varios millones de acres.

Un polizón en la caravana

Cada masa puede contener hasta 1000 huevos y quedar adherida durante meses a leña, muebles de jardín, juguetes, remolques, barbacoas, vehículos o caravanas. Basta mover uno de esos objetos para llevar la plaga mucho más lejos de lo que viajaría por sí sola.

¿Qué significa esto en la práctica? Una mudanza, unas vacaciones en autocaravana o el traslado de leña pueden abrir un nuevo foco. Por eso el Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas de Estados Unidos mantiene cuarentenas y exige revisar los objetos de exterior antes de sacarlos de determinadas zonas infestadas.

La recomendación oficial es localizar las masas, retirarlas y destruirlas antes del transporte. Parece una tarea pequeña frente a un bosque entero, pero corta la ruta más rápida de expansión. A veces, la diferencia está en mirar debajo de una mesa de jardín.

Por qué los brotes regresan

Las poblaciones no permanecen siempre en niveles altos. Pueden pasar años casi inadvertidas y después crecer con rapidez cuando el tiempo y la disponibilidad de hojas les favorecen. Los brotes regionales suelen repetirse cada ocho o doce años y durar entre uno y tres.

La caída llega por una mezcla de hambre, depredadores, parásitos y enfermedades. Entre los controles naturales destacan un virus específico y el hongo Entomophaga maimaiga, que se propaga mejor con humedad y puede matar muchas orugas. Una primavera seca puede reducir esa ayuda natural.

Por eso un año tranquilo no significa que la plaga haya desaparecido. Puede estar simplemente en la parte baja de su ciclo. El bosque parece recuperado, pero la siguiente generación continúa esperando dentro de las masas de huevos.

Frenar es más realista que borrar

En las áreas donde la especie lleva décadas asentada, el programa nacional se centra en reducir los daños y ralentizar el avance. La erradicación se reserva principalmente para poblaciones nuevas y aisladas. Los organismos públicos usan trampas de feromonas y delimitan los focos antes de decidir si hace falta actuar.

Los tratamientos pueden incluir productos biológicos como Bacillus thuringiensis var. kurstaki y técnicas de confusión sexual. Pero no se aplican de forma automática. La extensión del brote y los posibles efectos sobre otras mariposas y polillas también importan.

En jardines y pequeñas propiedades, retirar huevos o proteger unos pocos árboles valiosos puede ayudar, pero no cambia un brote regional. Mantener los árboles bien regados durante una sequía y reducir otros factores de estrés les da más opciones para sobrevivir.

Una lección que dura siglos

Trouvelot buscaba una solución para producir seda, no crear una plaga. Sin embargo, su experimento muestra lo difícil que resulta prever todas las consecuencias cuando una especie sale de su entorno y encuentra alimento abundante, pocos enemigos y nuevas formas de viajar.

La lección sigue vigente para el comercio, la jardinería, el transporte y la investigación. Una introducción accidental puede ocurrir en minutos, mientras su control consume generaciones enteras. La biología no entiende de buenas intenciones.

La ficha técnica oficial que reúne la historia, el impacto ecológico y las medidas de control de la polilla esponjosa ha sido publicada por el Servicio Forestal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

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