Un equipo de la Universidad de Míchigan ha encontrado hasta 6.800 células de hongos por mililitro en agua de pozos de gas a hasta 556 metros de profundidad, y 13 de ellos podrían ser especies nuevas

Adrián Villellas
Publicado el 5 de octubre de 2026 a las 18:44
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Hongos aislados del subsuelo de Míchigan vistos al microscopio

Un equipo liderado por la Universidad de Michigan ha encontrado entre 4.200 y 6.800 células de hongos por mililitro en aguas extraídas de seis pozos de gas. Las muestras proceden de una formación rocosa situada entre 247 y 556 metros bajo la superficie, lejos de la luz del sol.

Los investigadores también obtuvieron 205 cultivos puros y detectaron 13 grupos candidatos a especies todavía no descritas. El hallazgo amplía lo que sabemos sobre la biodiversidad subterránea y plantea una pregunta importante. ¿Qué papel desempeñan estos hongos en la transformación de la materia orgánica enterrada?

Las cifras de los hongos del subsuelo

DatoCifra
Profundidad de las muestrasEntre 247 y 556 metros
Pozos de gas muestreados6
Agua recogida80 litros por pozo, 480 en total (cálculo propio)
Células de hongos por mililitroEntre 4.200 y 6.800
Células por litroEntre 4,2 y 6,8 millones (cálculo propio)
Cultivos puros205
Grupos genéticos (OTU)689
Posibles especies nuevas13
Carbono de hongos frente a bacterias1 a 4,7 (cerca del 18 % del total, cálculo propio)

80 litros de agua de cada uno de seis pozos

El equipo recogió 80 litros de agua de cada pozo en recipientes estériles. Después combinó observaciones al microscopio, análisis de ADN y cultivos para estudiar qué organismos contenían las muestras. En total, 480 litros de agua de las profundidades.

Los pozos llevaban al menos diez años bombeando diariamente desde su perforación o última intervención. Además, los investigadores utilizaron controles para detectar posibles contaminaciones y excluyeron los hongos que también aparecieron en ellos.

Rocas de hace entre 359 y 383 millones de años

La formación Antrim Shale se originó en el Devónico Superior, hace aproximadamente entre 359 y 383 millones de años. Sus rocas conservan materia orgánica procedente de algas y madera que acabaron enterradas en el barro.

Esquema de la red alimentaria de hongos y microorganismos en las rocas del subsuelo
Esquema de los hongos y otros organismos del subsuelo rico en materia orgánica. Imagen: John Megahan / Universidad de Míchigan

¿Qué podrían aprovechar los hongos de esa despensa? Los autores proponen que algunos serían capaces de descomponer parte de esos restos, igual que sus parientes de la superficie degradan materiales vegetales resistentes.


El agua tiene otra historia. Tres de los seis pozos conservan una señal química compatible con agua de deshielo del Pleistoceno tardío, mientras que los demás muestran características de antiguas salmueras o de aportes más recientes.

689 grupos genéticos y 13 posibles especies nuevas

El análisis del ADN identificó 689 grupos genéticos de hongos, denominados unidades taxonómicas operativas. Esa cifra sirve para estudiar la diversidad, pero no equivale automáticamente a 689 especies diferentes y confirmadas.

Los 205 cultivos obtenidos en el laboratorio se distribuyeron en 67 grupos. De ellos, 13 quedaron por debajo del 98 % de similitud genética con los organismos de referencia, un umbral orientativo para buscar posibles especies nuevas.

Uno de los candidatos, identificado provisionalmente como Teichospora sp. QM01, quedó claramente separado de las especies conocidas de ese género en el análisis de parentesco. Aun así, los autores contemplan que pueda ser una especie aún no secuenciada o un linaje sin caracterizar, por lo que su identidad necesita más trabajo.

Del hongo de la madera a las arqueas del metano

Entre los hongos detectados aparece Irpex cf. lacteus, relacionado con la pudrición blanca de la madera. Este tipo de hongos resulta interesante porque puede descomponer la lignina, una sustancia que da resistencia a los tejidos vegetales y dificulta su degradación.

La hipótesis es que los hongos liberen compuestos sencillos a partir de la materia orgánica enterrada. Esos productos podrían alimentar a otros microorganismos, incluidas las arqueas que producen metano, y sostener así una cadena alimentaria lejos de la luz solar.

Los análisis indican que el metano de estos pozos procede principalmente de la transformación microbiana de carbono fósil. Sin embargo, todavía no permiten atribuir una parte concreta de esa producción a la actividad de los hongos.

1 parte de carbono de hongos por cada 4,7 de bacterias

El estudio también estimó cuánto carbono contenían los hongos frente a las bacterias y obtuvo una proporción mediana de 1 a 4,7. Se trata de una comparación de biomasa, algo distinto de contar cuántas células hay de cada grupo. Dicho de otro modo, de cada 5,7 partes de carbono de ambos grupos, una correspondería a los hongos, cerca del 18 %.

Ese cálculo exige cautela porque emplea factores desarrollados para microorganismos marinos. Los propios autores advierten de que todavía no se han validado para los hongos del subsuelo, así que conviene entenderlo como una primera aproximación.

El interés está en entender mejor qué ocurre con el carbono enterrado. “Los hongos deben incorporarse a los modelos del ciclo y almacenamiento de carbono en el subsuelo”, señala Tim James, coautor del estudio.

Crecer en el laboratorio no prueba actividad bajo tierra

Conseguir que un hongo crezca en el laboratorio demuestra que puede desarrollarse en esas condiciones. No demuestra por sí solo que estuviera activo a cientos de metros de profundidad, donde algunos organismos podrían permanecer en reposo.

Los cultivos se realizaron con oxígeno, mientras que la formación estudiada presenta condiciones predominantemente sin él. Esa diferencia puede favorecer la recuperación de unos hongos frente a otros y deja abierta la investigación sobre su funcionamiento real bajo tierra.

Los ejemplares conservados en el Herbario de la Universidad de Michigan permitirán a otros equipos estudiar estos organismos y precisar su identidad. El estudio se publicó el 29 de julio de 2026 en The ISME Journal.

Imagen: Quinn Moon y Ronan Montgomery-Taylor / Universidad de Míchigan

Adrián Villellas

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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