A unos 4000 metros de altitud, en los páramos de Ecuador, Juanito saca cada mañana a sus ovejas del corral y camina con ellas unos 40 minutos o más hasta los pastos. Según AS, tiene 71 años, cuida de unos 150 animales y no tiene ninguna intención de marcharse del lugar donde nació.
«Aquí vivimos tranquilos. Somos felices con la tranquilidad», cuenta este pastor ecuatoriano a Josué y Elie, los creadores del canal de YouTube Ecuador y sus paisajes, que pasaron tres días con él y con su familia. Su historia ha vuelto a circular el pasado mes de septiembre a raíz de un reportaje del diario AS firmado por Lucía Martín Payo.
El vídeo del que salen sus palabras se publicó el 17 de agosto de 2022, dura casi 37 minutos y supera ya los 2,1 millones de reproducciones. AS no aclara si la edad de Juanito y el tamaño de su rebaño son los de aquella grabación o los de ahora.
Una familia panzaleo que nunca se fue
Juanito pertenece a la cultura indígena panzaleo, y su familia ha mantenido durante generaciones una forma de vida muy ligada al campo. «Mi papá y mi mamá también nacieron aquí. Por eso no nos hemos ido», explica.
Viven en chozas sencillas de barro y paja. La leña les sirve para calentarse y para cocinar, y por la noche duermen sobre colchones de paja con varias mantas encima, según recoge AS.
Tiene seis hijos y seis nietos, y algunos de ellos todavía viven con él. Haber podido sacar adelante a su familia en ese lugar lo considera una suerte. «Gracias a Dios hemos vivido tranquilamente aquí», afirma.
Una jornada que empieza en el corral
La rutina se repite cada día desde hace años. Juanito saca a las ovejas, las lleva hasta las zonas donde pueden pastar y vuelve con ellas, una costumbre que en su familia ha pasado de padres a hijos.
La familia cultiva y recoge parte de lo que come. De vez en cuando bajan al pueblo más cercano para comprar lo que les falta y vender parte de lo que producen, así que su aislamiento tiene matices.
En las caminatas lleva una flauta andina y toca mientras sigue al rebaño. Incluso bromea con ella y asegura que «me quiere más que mi mujer».
Para él, vivir lejos de la ciudad es una de las grandes ventajas de su vida en la montaña. Según AS, asegura que allí arriba «ni siquiera llegan las enfermedades», una frase que habla de su experiencia y que el reportaje no acompaña de ningún dato médico.
El páramo guarda agua en su suelo
El terreno por el que camina Juanito es un páramo, el pastizal de altura que cubre las laderas de los Andes desde Venezuela hasta Perú, entre 3000 y 5000 metros de altitud. Son paisajes que todavía dan sorpresas a los científicos, como el escarabajo de alas diminutas hallado a 3700 metros en Ecuador.
«Como los glaciares, los páramos actúan como enormes esponjas, almacenando y liberando agua», explicaba en 2013, en un reportaje recogido por el diario ecuatoriano El Universo, Bert De Bievre, coordinador del Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina (Condesan). «Pero en general, los páramos guardan mucha más agua en su suelo que los glaciares», añadía.
Ese suelo se ha medido con detalle. En 2005, Wouter Buytaert y otros tres investigadores publicaron en la revista Hydrological Processes un estudio sobre los páramos del sur de Ecuador, entre 3500 y 4500 metros de altitud, cubiertos por andosoles hísticos, unos suelos volcánicos muy ricos en carbono orgánico.
En sus muestras, el agua retenida podía superar los 2000 gramos por cada kilo de suelo seco, más del doble de su propio peso. «El páramo se caracteriza por una respuesta hidrológica lenta y una buena regulación del agua», escriben los autores, que lo atribuyen a la combinación de una gran capacidad de almacenamiento y una alta conductividad. La conductividad hidráulica mide la facilidad con la que el agua atraviesa el suelo.
Quito bebe del agua de los páramos
De esa regulación depende buena parte del agua de las ciudades andinas. «Las ciudades en los Andes enfrentarán enormes presiones por el agua en el futuro», decía en el mismo reportaje Wouter Buytaert, especialista en aguas andinas del Imperial College de Londres.
«El crecimiento de la población será probablemente el motivo más grande de la disminución del agua disponible per cápita. Pero algunas ciudades son especialmente vulnerables a los cambios en los páramos», añadía el investigador, en un país que ya ha perdido la tercera parte de la superficie de sus glaciares.
Patricio Falconi Moncayo, ingeniero de Epmaps, la empresa de agua de Quito, lo contaba con un caso concreto. «Recientemente compramos una gran hacienda bajo el volcán Antisana para proteger el páramo», explicaba. Junto a otras medidas, esa compra debía ayudar a abastecer el embalse de La Mica, que da servicio a 600.000 habitantes del sur de la capital.
Proteger el terreno también devuelve vida a la montaña, como ha ocurrido en otro lugar del país donde venados y pumas han regresado a un páramo de Ecuador.
El ganado pesa menos que el arado
¿Y las ovejas? Un equipo encabezado por Patricio Crespo, de la Universidad de Cuenca, en el que también participaban Rolando Célleri, Buytaert y De Bievre, comparó pequeñas cuencas vecinas del páramo húmedo con distintos usos del suelo, en un trabajo publicado en 2010.
Las plantaciones de pino reducían el agua que salía de la cuenca cada año, porque los árboles evaporan y transpiran más. Con el ganado ocurría otra cosa. «El pastoreo de ganado no parece afectar a la respuesta hidrológica, principalmente debido a la baja densidad animal», escriben los autores.
Donde sí se notaba el cambio era en los cultivos, que reducían la función reguladora de la cuenca, con crecidas mucho mayores y un caudal base más bajo, el que mantiene los ríos entre lluvia y lluvia. Buytaert y su equipo ya habían advertido en 2005 que estos suelos «son muy propensos a cambios estructurales irreversibles causados por los cambios de uso del suelo».
El papel de los rebaños en la montaña también se debate en España, donde Navarra apuesta por los pastos montanos y el valor del pastoreo frente al cambio climático.
Lo que esta historia no permite saber
Ni la descripción del vídeo ni el reportaje de AS precisan en qué páramo vive Juanito ni cuántas hectáreas recorre su rebaño. El diario brasileño O Povo sitúa la escena en Burrucachí, un dato que no figura en la descripción del vídeo ni en el artículo español.
Sin esa información no se puede saber si 150 ovejas suponen una carga baja o alta para su terreno, ni compararlas con las cuencas que estudió la Universidad de Cuenca, situadas en el sur del país. La baja densidad animal que describen los autores se refiere a esas cuencas concretas.
Además, han pasado más de cuatro años desde la grabación, y ninguna de las fuentes consultadas cuenta cómo siguen hoy Juanito y su familia.
El reportaje original de Josué y Elie se publicó el 17 de agosto de 2022 en el canal de YouTube Ecuador y sus paisajes.
Juanito lo resume a su manera: «Nosotros somos felices aquí con la tranquilidad y trabajamos con los 150 borreguitos».
Imagen: Ecuador y sus Paisajes / YouTube













