Esperaban que migraran al Pacífico occidental, pero 9 tortugas verdes amarillas de Galápagos seguidas hasta 418 días no se alejaron de la reserva marina y usaron áreas de entre 24 y 27.316 km²

ECOticias.com El periódico verde
Publicado el 12 de octubre de 2026 a las 22:00
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Investigadores con una tortuga verde amarilla marcada con un transmisor satelital, junto a su barca

Entre agosto de 2015 y noviembre de 2018, un equipo de biólogos sacó a mano del agua poco profunda de cuatro islas de Galápagos a nueve tortugas verdes amarillas, les pegó un transmisor en el caparazón y las devolvió al mar. Una de ellas envió señales durante 418 días, y ninguna se alejó del archipiélago.

El resultado sorprendió a los propios investigadores, que contaban con ver a parte de estos animales cruzando el Pacífico. Lo que registraron los satélites fue una vida bastante sedentaria, pegada a la costa y repartida, como mucho, entre dos o tres islas.

Dos tortugas verdes distintas comparten las mismas aguas

La tortuga verde (Chelonia mydas) tiene en el Pacífico dos formas que se distinguen por el color y por la genética. La negra es la propia del Pacífico oriental, y la amarilla se ha relacionado con poblaciones del Indo-Pacífico occidental.

Galápagos es el único lugar conocido donde las dos conviven y comen las mismas algas. Aun así, las amarillas jóvenes crecen más deprisa que las negras, y nadie sabe todavía por qué.

De las negras se sabía bastante, porque estudios anteriores habían seguido a hembras después de poner huevos y algunas viajaron hasta Centroamérica o mar adentro. De las amarillas apenas había datos, y menos aún de los machos, que son mucho más difíciles de capturar que las hembras que suben a anidar a la playa.

Siete machos y dos hembras con transmisor

El trabajo lo firman Juan Pablo Muñoz-Pérez, de la Universidad San Francisco de Quito y la University of the Sunshine Coast, y John W. Rowe, profesor del Alma College (Estados Unidos) y autor de correspondencia, junto a investigadores del Galápagos Science Center, Costa Rica, México, Singapur y la organización Turtle Island Restoration Network.

Capturaron siete machos y dos hembras de tamaño adulto en Española, Floreana, Isabela y San Cristóbal. Cada transmisor mandaba su posición al sistema de satélites Argos, que calcula la ubicación con un margen de error de entre unos 250 metros y más de 1500 metros.

Tortuga verde amarilla bajo el agua junto a un miembro del equipo investigador
Una tortuga verde amarilla bajo el agua junto a un miembro del equipo investigador. Foto: Juan Pablo Muñoz-Pérez

Las tortugas recibieron nombres como Leandro, Cristian, Roberto, Ainoa, Bernardo o Sara. El seguimiento duró entre 45 y 418 días, con una media de 280,8 días.

Ninguna tortuga verde amarilla se alejó de Galápagos

«Esperábamos que migraran a playas lejanas del Pacífico occidental para reproducirse, pero, curiosamente, ninguna de nuestras tortugas marcadas con satélite salió siquiera de la Reserva Marina de Galápagos en los tres años de nuestro estudio», explicó Rowe en declaraciones recogidas por SciTechDaily en 2026.

Cinco de las nueve se quedaron casi todo el tiempo junto a una sola isla, cerca de donde las capturaron. Cristian, Roberto, Mike, John y Jason2 enviaron el 100 % de sus señales desde su isla de captura.

Las otras cuatro sí viajaron entre islas. Bernardo y Sara se desplazaron entre Isabela y San Cristóbal, y Leandro se movió entre Isabela y Española. Ainoa, marcada en la costa sureste de San Cristóbal, pasó después al oeste de Santa Cruz y acabó en el oeste de Isabela, el desplazamiento más largo de todo el estudio.

Según el estudio, los viajes entre islas ocurrieron entre abril y octubre, que en Galápagos coincide sobre todo con la estación fría. Los autores apuntan que los cambios de temperatura del mar y de comida disponible podrían estar detrás, aunque piden seguimientos más largos para comprobarlo.

Áreas de campeo muy distintas entre animales

El área de campeo es la zona que concentra el 95 % de las localizaciones de un animal. En estas tortugas fue de lo más variada, desde los 23,9 km² de Mike hasta los 27.316 km² de Ainoa.

El estudio presenta 1497,9 km² como valor medio del grupo, una cifra que coincide con la de Cristian y deja a cuatro tortugas por debajo y a cuatro por encima. La enorme zona de Ainoa hace que el promedio aritmético de la tabla del propio estudio sea casi el triple. Son áreas grandes si se comparan con la mayoría de poblaciones de tortuga verde del mundo, que suelen quedarse por debajo de 85 km².

Las hembras probablemente se irán algún día

El dato no significa que las amarillas no crucen nunca el océano. No se conoce que machos ni hembras de esta forma se reproduzcan en Galápagos, y todavía no se sabe dónde están sus playas de origen.

«Como no se conoce que las hembras de tortuga verde amarilla pongan huevos en las playas de Galápagos, creemos que acabarán dejando la zona para volver a sus playas natales del Pacífico occidental», dijo Muñoz-Pérez, en palabras recogidas también por Discover Wildlife.

El investigador lo comparó con las negras. «Algunas hembras de tortuga verde negra sí anidan en Galápagos: según el individuo, pueden vivir todo el año en el archipiélago, viajar a otras islas oceánicas cercanas o incluso a zonas de alimentación frente a Centroamérica y Sudamérica», añadió.

Lo que el seguimiento no puede demostrar

Los propios autores piden prudencia. La muestra es pequeña, nueve animales, y algunos machos de entre 82,5 y 92,5 centímetros de caparazón quizá no eran todavía adultos reproductores, ya que en esta especie suelen madurar por encima de los 90 centímetros.

El seguimiento tampoco fue lo bastante largo para cubrir un ciclo reproductor completo si estas tortugas crían cada varios años. «Nuestros resultados no deben interpretarse como prueba de que estas tortugas no realizan migraciones reproductivas transoceánicas», escriben.

La precisión de Argos también pesa. Los autores reconocen que las posiciones de baja calidad pueden inflar las áreas de campeo, y en el caso de John tuvieron que descartar su zona central porque el cálculo la situaba entera sobre tierra.

Proteger la costa de todas las islas

La conclusión práctica afecta a la gestión de la reserva, creada en 1998 y que junto a la Reserva Marina Hermandad suma casi 200.000 km² protegidos. Una tortuga que parece ligada a una isla puede necesitar meses después la costa de otra y el mar abierto que las une.

«Como cada tortuga puede depender de las aguas de varias islas, la calidad del hábitat donde se alimentan debe mantenerse intacta en todas ellas y no dejar que se degrade en ningún sitio», resumió Rowe.

El estudio aporta además una de las primeras descripciones de los movimientos de machos de tamaño adulto de esta forma, un grupo poco representado en los estudios de seguimiento por satélite, aunque ya hay proyectos con transmisores satelitales en machos de tortuga marina en otros mares. Y recuerda el papel de estos herbívoros en la costa, parecido al que tienen las tortugas marinas frente al alga invasora de Hawái.

El estudio completo se ha publicado en Frontiers in Amphibian and Reptile Science.

Las próximas preguntas pasan por usar marcas GPS de mayor resolución y seguir a los animales durante varios años, incluidos episodios de El Niño y La Niña, para saber cuándo y hacia dónde se marchan las amarillas.

Foto: Juan Pablo Muñoz-Pérez

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Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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