En agosto de 2018, Eileen Nielsen se presentó ante la comisión del condado de Lincoln, en Minnesota, para quejarse de lo que habían dejado las obras de un parque eólico en su finca: drenajes rotos y dos socavones. «Son tan profundos que se puede leer la cinta de alta tensión de los cables enterrados», dijo. «Nuestro arrendatario ni siquiera puede cosechar porque podría electrocutarse».
Un estudio de caso del Center for Rural Affairs sobre el condado de Adair, en Iowa, actualizado en julio de 2025, recoge que dos de los tres agricultores entrevistados sufrieron daños en sus drenajes y en sus cultivos durante la construcción de los aerogeneradores, y que el promotor les compensó después. Ese tipo de daño tiene una particularidad, y es que un tubo aplastado puede seguir funcionando a medias durante años, hasta que un año de lluvias fuertes deja el agua estancada en mitad del campo.
Lo que contaron los agricultores de Adair
Adair es el condado de Iowa con más aerogeneradores: más de 500, el 8 % de todos los del estado, con una capacidad de 1102 megavatios. Todos los grandes proyectos son de la eléctrica MidAmerican Energy y, como es habitual en Iowa, se levantan en tierras que los propietarios alquilan de forma voluntaria, un modelo que también convenció a un agricultor de Illinois que acabó viendo el alquiler de un aerogenerador como su plan de jubilación.
Ralph Lents y Sara Shepherd, que tienen un aerogenerador cada uno en sus tierras, contaron que las obras dañaron el drenaje de sus parcelas. «Los propietarios sufren con frecuencia daños en los drenajes por la compactación del suelo que provoca la maquinaria pesada durante la construcción de los aerogeneradores», escriben los autores del informe, que añaden que, según el contrato de arrendamiento, el promotor suele hacerse cargo de esos daños.
«Es un buen ingreso complementario. No te vas a comprar una granja con él, pero puedes usarlo para algunas reparaciones», dijo Lents, que negoció dónde iba el camino de acceso para que molestara lo menos posible en su explotación. Shepherd lo resume así: «El cheque ayuda, pero, al fin y al cabo, un solo aerogenerador no te va a salvar ni a hundir la explotación».
Los drenajes enterrados que mantienen el campo seco
En el Medio Oeste de Estados Unidos, muchos campos de maíz y soja tienen debajo una red de tubos perforados, de plástico o de barro cocido en las fincas antiguas. Recogen el agua que sobra en el suelo y la llevan hasta una zanja o un cauce.

Según la guía del servicio de extensión agraria de la Universidad Estatal de Dakota del Norte, firmada por el ingeniero agrícola Tom Scherer y el agrónomo Hans Kandel, un drenaje deficiente «puede retrasar las labores de primavera desde días hasta semanas». Además, meter la maquinaria en un suelo demasiado húmedo lo compacta, y las raíces se quedan cortas y sin oxígeno. Cuánto se pierde de cosecha depende del cultivo, del suelo y de cómo llueva ese año, así que no hay una cifra única.
Los tubos suelen ir enterrados a entre 0,9 y 1,5 metros de profundidad y separados entre unos 11 y 30 metros, según el ingeniero Ron Krizan.
Cables, caminos y grúas cruzan la red
Krizan, ingeniero profesional colegiado, dedicó dos columnas de la revista Wind Systems a este problema entre diciembre de 2011 y enero de 2012. Su punto de partida era claro: «La mayoría de los drenajes, si no todos, están mal cartografiados y no se pueden identificar hasta que uno se los encuentra en el terreno».
Un parque eólico necesita zanjas para los cables que unen los aerogeneradores, caminos para los camiones y pasillos para las grúas. «Con grúas de más de 500 toneladas, se puede dar por hecho que la mayoría de los drenajes que se cruzan durante la obra quedarán dañados y necesitarán algún tipo de reparación», escribió Krizan. Si son toneladas cortas estadounidenses, como es habitual en EE. UU., equivalen a unas 450 toneladas métricas.
El método de tendido también cuenta. «Cuando el cable se tiende con arado, el operario no tiene ni idea de si ha dañado un drenaje enterrado hasta que los problemas empiezan a aparecer en la superficie», advertía. Por eso recomendaba abrir zanja y preguntar antes a los propietarios, que conocen sus tuberías mejor que nadie.
En Minnesota pasó algo así. Robert Olsen, administrador ambiental del condado de Lincoln, contó en la misma reunión que el promotor iba a abrir zanja con contratistas locales detrás para reparar, «pero a mitad del proyecto cambiaron a tender las líneas con arado, y así no hay forma de saber si has cortado algo», según recogió el Marshall Independent. Richard Nielsen, que también acudió a la reunión, fue más directo: «Me gustaría que apagaran los aerogeneradores hasta que lo resuelvan».
Por qué el daño tarda años en aparecer
En su segunda columna, Krizan explicaba que hay dos señales: los socavones, de entre 5 centímetros y más de 1,2 metros, que se abren cuando la tierra se cuela por un tubo de barro roto, y la más común, un tubo aplastado que deja pasar cada vez menos agua.
«No es raro que un drenaje parcialmente aplastado acabe acumulando tanto sedimento que deje de funcionar del todo entre tres y cinco años después del daño inicial», escribió. Y añadía que el daño no se nota «en años especialmente secos ni en años con lluvias bien repartidas», porque los drenajes están pensados para evacuar el agua de las lluvias fuertes.
Krizan también avisaba de que «muchas veces el punto más mojado no es donde realmente está roto el drenaje», sino donde el agua ha acumulado presión suficiente para salir a la superficie. Su consejo a los constructores era escuchar al agricultor: «Si indican que hay un drenaje roto en la zona, normalmente lo mejor es dar por hecho que tienen razón».
Diez años después seguían las reparaciones en Iowa
En diciembre de 2019, los responsables de los distritos de drenaje del condado de Hardin, en Iowa, debatieron qué exigir a un nuevo parque eólico. Según el acta de la reunión, Lee Gallentine, de la ingeniería Clapsaddle-Garber Associates, explicó que en el proyecto de Bradford, en el vecino condado de Franklin, los contratistas fueron reparando los drenajes sobre la marcha y que diez años después todavía se hacían reparaciones porque no se sabía que se habían dañado durante la obra.
En la misma reunión, el agricultor Jason Marten contó que trabaja junto a dos aerogeneradores cerca de Garden City y que el terreno está mojado alrededor de las bases. El supervisor del condado BJ Hoffman relató que varios expertos del sector daban por hecho que todos los tubos eran de plástico, cuando muchos son de barro cocido, y que un contratista le preguntó si uno de esos tubos con solo 10 centímetros de tierra encima aguantaría el paso de maquinaria pesada. Probablemente no, le respondió.
Reparar bien exige mapas y seguimiento
En Illinois, el Departamento de Agricultura del estado negocia con las empresas acuerdos de mitigación del impacto agrícola antes de que empiecen las obras de parques eólicos, oleoductos y líneas eléctricas, con el fin de que las tierras afectadas recuperen «su capacidad anterior a la construcción». Entre los documentos públicos hay esquemas sobre cómo reparar un drenaje.
Krizan aconsejaba anotar cada reparación con sus coordenadas GPS y fotos, situarlas en un mapa, entregar las fotos al propietario y guardar una copia, porque «puede que tengas que seguir reparando esos drenajes durante varios años después de la construcción».
El servicio de extensión de la Universidad de Wisconsin recomienda revisar los drenajes cada año, al principio de la primavera durante el deshielo o después de lluvias fuertes. Avisa de que los registros «a menudo están incompletos o no existen, sobre todo en las fincas más antiguas». Controlar por dónde corre el agua también fue lo que movió a un agricultor de Ohio que cambió su forma de cultivar al ver cómo la lluvia abría surcos en sus campos.
Lo que estos casos no demuestran
Son testimonios de unos pocos condados, no una encuesta. Lo que cuenta el estudio de Adair sobre los propietarios sale de entrevistas con tres agricultores, y ninguna de estas fuentes calcula cuántas fincas del Medio Oeste tienen hoy drenajes dañados sin reparar. El informe tampoco dice si las compensaciones devolvieron a esos campos el drenaje que tenían.
Las columnas de Krizan son de 2011 y 2012, y el acta de Hardin resume lo que se dijo, sin citas literales. Además, Illinois tiene acuerdos de este tipo para oleoductos, gasoductos, tendidos eléctricos y plantas solares, así que el riesgo no es exclusivo de los parques eólicos, un matiz que conviene tener presente frente a los bulos sobre la energía eólica.
El informe sobre el condado de Adair es del Center for Rural Affairs y su última versión es de julio de 2025.
En la última de sus dos columnas, Krizan lo dejaba así: «Dañar drenajes en zonas agrícolas puede ser inevitable, pero adelantarse a los problemas y hacer bien las reparaciones es sin duda el mejor remedio, aparte de no tocarlos».
Imagen: Mary Ellen St. John / James St. John / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)












