Liberan en una isla tranquila de Panamá a dos águilas equipadas con radio y después de 14 meses desatan el caos

Publicado el: 14 de febrero de 2026 a las 20:38
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Águila harpía en vuelo sobre la selva de Panamá tras su liberación en la Isla Barro Colorado.

Durante casi un siglo los monos y los perezosos de la Isla Barro Colorado vivieron sin mirar al cielo. No había grandes rapaces que se abalanzaran sobre ellos. Todo cambió cuando los científicos soltaron allí un macho y una hembra de águila harpía criados en cautividad y equipados con radioemisores. En solo catorce meses estas dos aves transformaron un bosque tranquilo en un lugar donde volver a estar alerta era cuestión de vida o muerte.

Una isla sin depredadores vuelve a mirar al cielo

El experimento, hoy clásico en biología de la conservación, buscaba responder a dos preguntas. ¿Un depredador tope criado por personas conserva el instinto de cazar cuando se abre la jaula? Y al otro lado, ¿qué ocurre con las presas cuando llevan décadas sin ver a ese enemigo? La pequeña isla panameña ofrecía un laboratorio natural perfecto para comprobarlo.



La Isla Barro Colorado se formó al inundarse parte de la selva durante la construcción del Canal de Panamá y desde los años veinte funciona como reserva científica gestionada por el Smithsonian Tropical Research Institute. Durante décadas no se habían registrado águilas harpías en la zona y los primates vivían sin riesgo real procedente del aire. Monos y perezosos se movían despacio por las copas y dormían a la vista. La selva parecía estable, pero le faltaba un eslabón.

Dos águilas criadas por humanos, de vuelta a la selva

En 1999 llegó el giro. Un macho joven de águila harpía criado en programas de conservación se soltó en junio y una hembra se incorporó en octubre. Ambos eran subadultos, llevaban radiotransmisores y procedían de proyectos coordinados con la fundación The Peregrine Fund y otras organizaciones especializadas en rapaces. Nadie les había enseñado a cazar en libertad. Aun así tardaron muy poco en hacerlo.



Según el estudio de la bióloga Janeene M. Touchton y sus colegas, el macho fue seguido durante 89 días y la hembra durante 205, entre junio de 1999 y agosto de 2000. En ese periodo el macho capturó 25 presas y la hembra 46, en total setenta y un animales. La mayoría eran mamíferos arborícolas de tamaño medio, sobre todo perezosos y varios tipos de monos que hasta entonces apenas habían tenido motivos para temer a un depredador en lo alto de los árboles.

Las cifras esconden varios detalles importantes. Aproximadamente la mitad de las capturas de ambos individuos fueron perezosos y el resto primates sociales. Las águilas convirtieron en éxito entre un tercio y la mitad de sus intentos de caza y lograron una presa cada tres o cuatro días. Aprovechaban especialmente los días nublados y la temporada de lluvias, cuando la actividad de sus presas cambia y la vegetación les ofrece más cobertura.

Todo esto ocurrió sin padres que les mostraran cómo hacerlo. Los autores del trabajo concluyen que las águilas harpías criadas en cautividad pueden adaptarse con rapidez a la vida salvaje cuando encuentran un hábitat que ofrece alimento suficiente. Para los programas de reintroducción en América Latina este resultado es una pieza clave. Indica que la cría en centros especializados no anula, al menos en esta especie, la capacidad de cazar por cuenta propia.

Cómo respondieron los monos

Pero la otra mitad de la historia está en las presas. Un estudio posterior con monos aulladores de Barro Colorado comprobó que en menos de un año estos primates pasaron de ignorar las llamadas del águila a responder con más vigilancia, menos tiempo comiendo y vocalizaciones de alarma específicas frente al peligro aéreo. Esa reacción se mantenía incluso meses después de que las rapaces fueran retiradas de la isla.

Qué significa para la conservación

En conjunto estos trabajos muestran que reintroducir un gran depredador no solo afecta a cuántos animales mueren, también modifica conductas y devuelve al ecosistema interacciones que se habían perdido. Las águilas harpías están consideradas una especie Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y en países como Panamá se trabaja para recuperar sus poblaciones mediante protección del bosque y liberación de ejemplares criados en cautividad. El caso de Barro Colorado es una referencia obligada cuando se habla de devolver depredadores a la naturaleza.

El estudio científico que describe el comportamiento de estas dos águilas harpías criadas en cautividad ha sido publicado en la revista Ornitología Neotropical.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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