Un nuevo tipo de tiburón está mutando y ahora tiene dientes especiales para triturar huesos con facilidad

Publicado el: 14 de febrero de 2026 a las 18:42
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Primer plano de la boca de un tiburón blanco mostrando sus dientes afilados y aserrados bajo el agua.

Un estudio con ejemplares de Australia muestra que, en torno a los tres metros de longitud, el gran depredador sustituye dientes finos con cúspides accesorias por piezas más anchas y aserradas y reorganiza la función de toda la mandíbula

El gran tiburón blanco no nace con la dentadura que lo ha convertido en icono del océano. La desarrolla a medida que crece. Un trabajo reciente con animales de la población australiana muestra que cuando se aproximan a los tres metros de longitud estos tiburones experimentan una transformación marcada de sus dientes. Las piezas juveniles, más delgadas y con pequeñas cúspides laterales en la base, dan paso a dientes más anchos, gruesos y fuertemente aserrados. El resultado se parece a una batería de hojas dentadas preparada para seccionar carne densa y estructuras resistentes, en línea con una dieta que incorpora mamíferos marinos de gran tamaño.



La investigación, firmada por la bióloga Emily Hunt y un equipo internacional y publicada en la revista científica «Ecology and Evolution», analiza la forma y el tamaño de los dientes de casi un centenar de tiburones blancos de distintas edades. Mediante técnicas de morfometría clásica y modelos estadísticos complejos, los autores identifican un punto de inflexión en la dentición cuando el animal alcanza una talla intermedia. El paso de dientes estrechos con cúspides accesorias a piezas más anchas y aserradas coincide con un aumento de la capacidad de corte de la mordida y con un cambio documentado en la dieta, desde presas fundamentalmente piscívoras hasta la inclusión regular de mamíferos marinos.

En los juveniles, la dentadura responde a otra lógica. Los dientes son más finos y puntiagudos y las cúspides accesorias funcionan como pequeñas garras laterales que ayudan a sujetar peces y calamares, organismos rápidos y escurridizos. Conforme el tiburón crece, esas cúspides se hacen menos visibles y la corona del diente se ensancha y engrosa mientras el borde aserrado se marca con mayor claridad. Para los autores, este diseño prioriza el corte eficiente de tejidos gruesos, compatible con presas de gran tamaño y con el esfuerzo mecánico de arrancar grandes porciones de carne en pocos segundos.



La transformación no se limita a un tipo de diente aislado, sino que afecta al conjunto de la boca. El estudio confirma que la dentadura del tiburón blanco presenta diferencias sistemáticas según la posición en la mandíbula. En la parte frontal predominan dientes más simétricos y triangulares, útiles para agarrar, perforar e iniciar el corte de la presa. Hacia los laterales aparecen piezas más planas y laminares, mejor adaptadas a desgarrar y cizallar tejidos durante los movimientos de balanceo de la cabeza. Otros trabajos sobre la morfología funcional de la mandíbula en esta especie ya habían descrito esta heterodoncia posicional y habían señalado que la combinación entre dientes de sujeción y dientes de corte explica la potencia de los ataques sobre focas y otros mamíferos marinos.

También se detectan diferencias entre la arcada superior y la inferior. En la práctica, los dientes inferiores actúan como un anclaje que mantiene a la presa en la boca incluso cuando realiza movimientos defensivos, mientras que los superiores concentran buena parte de la capacidad de corte y desmembramiento. Esa distribución de tareas refuerza la eficacia del ataque en ráfagas cortas de alta velocidad, que en el caso del tiburón blanco pueden rondar los cincuenta kilómetros por hora según datos recopilados en la literatura científica.

La clave ecológica está en el momento en que se produce la metamorfosis dental. Estudios previos ya sugerían que en torno a ese tamaño intermedio el tiburón blanco abandona una dieta basada sobre todo en peces para incorporar cada vez más mamíferos marinos. La nueva investigación aporta una pieza que faltaba, al documentar cómo la forma del diente y la arquitectura de la mandíbula se ajustan a la nueva exigencia mecánica de cortar tejidos más densos y soportar fuerzas mayores. En la jerga de la ecología se habla de cambio de nicho ontogenético, un desplazamiento del papel que desempeña el animal en el ecosistema a medida que crece y que se refleja con claridad en su dentición.

El tiburón blanco reemplaza sus dientes de manera continua y mantiene varias hileras en la mandíbula que avanzan como una cinta transportadora cuando una pieza se rompe o se desgasta. Este sistema permite que la forma media de los dientes vaya cambiando a lo largo de la vida sin dejar al animal sin herramientas de caza en ningún momento. Las investigaciones recientes sobre tiburones han demostrado que una docena de rasgos dentales se pueden utilizar como indicadores de tamaño corporal, tipo de presa y modo de alimentación, lo que convierte a los dientes en un archivo muy preciso de la historia natural del depredador y también del ecosistema en el que vive.

Responder a la pregunta de qué revela esta transformación sobre la relación entre los grandes depredadores y la disponibilidad de presas exige mirar más allá de la anatomía. El hecho de que el tiburón blanco modifique su dentadura y su forma de morder a medida que crece indica que el ecosistema ofrece distintos recursos para cada etapa vital y que el animal explota ese abanico mediante cambios funcionales en su cuerpo. La existencia de juveniles que consumen presas pequeñas y adultas que dependen de mamíferos marinos implica que distintas comunidades de presas sostienen a un mismo depredador a lo largo de su vida. Desde el punto de vista ecológico, los dientes cuentan la historia de cómo el diseño del depredador se acopla a la oferta de presas y de cómo las alteraciones en esa oferta, ya sea por sobrepesca o por el calentamiento del océano, pueden repercutir en la capacidad de los grandes tiburones para cumplir su papel de reguladores en la cúspide de la cadena trófica.El estudio ha sido publicado en la revista científica Ecology and Evolution.

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Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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