China está terminando en la meseta tibetana algo que suena a ciencia ficción pero ya es muy real. Junto a la ciudad de Golmud se levanta la mayor batería de aire líquido del mundo, un sistema de 60 megavatios de potencia y 600 megavatios hora de capacidad de almacenamiento conectado a una planta solar de 250 megavatios. En conjunto puede entregar electricidad durante unas diez horas seguidas y producir unos 180 millones de kilovatios hora al año, suficiente para decenas de miles de hogares según los datos oficiales del proyecto.
Detrás de esta obra hay una pregunta muy cotidiana. Qué pasa cuando el sol se pone, llegamos a casa, encendemos luces, cocina y calefacción, y la producción solar cae casi a cero. Qinghai ya sufría cortes y desperdicios de energía renovable porque no había dónde guardar tantos kilovatios al mediodía y faltaban reservas por la noche.
Aire líquido para que el sol no “desaparezca” por la noche
El sistema, apodado por los ingenieros como un super banco de energía de aire, lo opera el grupo estatal China Green Development Investment Group junto con el Instituto de Física y Química de la Chinese Academy of Sciences. Su núcleo es sencillo de explicar aunque la ingeniería sea compleja. Durante el día, cuando sobra electricidad solar, se usan compresores para purificar y comprimir aire y enfriarlo hasta unos menos 194 grados centígrados, temperatura a la que se vuelve líquido y se almacena en grandes tanques criogénicos.
El calor que se genera al comprimir el aire no se tira. Se guarda en depósitos térmicos. Más tarde, cuando la demanda sube o el sol ya no llega a los paneles, el aire líquido se vuelve a calentar con ese calor almacenado y otros fluidos fríos del sistema. Al pasar otra vez a gas se expande cientos de veces y mueve turbinas que devuelven electricidad a la red. Según los técnicos del proyecto, la idea es “transformar el aire en un portador de energía bajo frío extremo” y reutilizar al máximo cada grado de calor y de frío que entra en juego.
El aire tiene aquí una ventaja clave. Cuando se licua su densidad aumenta unas 750 veces respecto al estado gaseoso, lo que permite acumular mucha energía en poco espacio y a presión atmosférica, sin embalses ni cavernas subterráneas. Y al usar aire como único fluido de trabajo no se generan emisiones de CO2 ni residuos químicos durante la operación según los responsables del proyecto.
Un mar de paneles y ovejas que reverdece el desierto
Esta batería no está sola en mitad del desierto. Forma parte de un complejo enorme de energía limpia. El parque fotovoltaico de Talatan, en el desierto de Gobi, ocupa unos 609 kilómetros cuadrados y supera los 8,4 gigavatios de potencia instalada con más de siete millones de paneles según datos de Xinhua recopilados por medios internacionales.
Hace apenas unas décadas el área estaba desertificada en un 98,5 por ciento. Hoy, bajo las estructuras metálicas, crece hierba y pastan miles de ovejas. La sombra de los paneles reduce el viento, baja la evaporación del agua del suelo y favorece un microclima más húmedo. Estudios del propio parque apuntan a una reducción de la velocidad del viento de la mitad, una caída de la evaporación de un treinta por ciento y una cobertura vegetal cercana al ochenta por ciento.
Para controlar esa vegetación sin herbicidas se ha optado por algo tan simple como dejar entrar rebaños. Los pastores locales hablan ya de “ovejas fotovoltaicas” que mantienen a raya la hierba, fertilizan el terreno y aportan ingresos extra a las familias. El resultado es un ejemplo de cómo una infraestructura solar bien pensada puede ayudar a frenar la desertificación y sostener la economía rural al mismo tiempo.
Por qué no todo se resuelve con baterías de litio
En teoría, los mismos picos de producción solar se podrían guardar en baterías de iones de litio. En la práctica, cuando hablamos de centenares de megavatios y muchas horas seguidas, los números se complican. Estas baterías necesitan minerales escasos, pierden capacidad con los ciclos y funcionan peor en climas muy fríos como los inviernos de Qinghai.
El almacenamiento con aire líquido, en cambio, se construye con equipos industriales ya conocidos compresores, turbinas, tanques criogénicos y puede instalarse casi en cualquier sitio. Un estudio publicado en la revista Energy y liderado por el MIT concluye que este tipo de sistemas puede alcanzar un coste de almacenamiento por megavatio hora inferior al de las baterías de litio en muchos mercados, siempre que haya apoyo inicial a la inversión.
No significa que el aire líquido sea una varita mágica. La eficiencia de ida y vuelta todavía es menor que la de otras tecnologías y el proyecto chino sigue en fase de demostración. Si la planta rinde como está previsto y logra entregar las diez horas completas de electricidad con fiabilidad, será una señal muy potente para otros países que buscan alternativas para almacenar renovables a gran escala.
Qué supone para la red y para el clima
El contexto ayuda a entender la apuesta. Qinghai genera tanta electricidad limpia que a veces tiene que apagar parte de sus plantas solares varias horas al día, mientras en las noches frías compra electricidad de centrales de carbón de otras provincias a un precio muy superior. Diversos análisis internacionales señalan además que la electricidad de origen solar y eólico en la provincia ya se produce en torno a un cuarenta por ciento más barata que la procedente del carbón, lo que está atrayendo centros de datos y fábricas de materiales para paneles solares.
Si la batería de aire de Golmud logra reducir esos apagones y esos “vertidos” de energía, cada kilovatio hora renovable que se genere allí tendrá más valor. En el fondo se trata de algo muy sencillo guardar parte del sol y del viento de las horas baratas para utilizarlos cuando más falta hacen y desplazar así generación fósil.
El movimiento encaja también con una tendencia más amplia. Gobiernos y operadores de red están buscando soluciones de almacenamiento que duren muchas horas, no solo dos o tres, que no dependan de litio ni de grandes embalses y que puedan construirse cerca de los grandes polos de renovables. El aire líquido aún tiene que demostrar que puede ser fiable y rentable a gran escala, pero proyectos como el de Qinghai convierten esa promesa en algo medible, con cifras sobre la mesa.
El comunicado oficial más reciente sobre este proyecto de almacenamiento con aire líquido se ha publicado en la web de CGTN.




















