Parece una catástrofe ambiental, pero es un hito científico: por qué talan miles de árboles sanos en este río británico

Publicado el: 13 de febrero de 2026 a las 15:29
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Trabajadores talan árboles sanos en la ribera del río Chew como parte de un proyecto de restauración fluvial en Reino Unido.

En el británico río Chew los vecinos ven algo que, a primera vista, suena a desastre ambiental. Equipos con chalecos reflectantes, motosierras en mano, cortan árboles aparentemente sanos en la ribera y empujan los troncos hacia el agua. La escena es chocante. La pregunta sale sola.

¿Se están cargando el río o lo están intentando salvar? Según explica la organización Bristol Avon Rivers Trust (BART), el Chew no es precisamente un río intocado. El seguimiento de macroinvertebrados que se realiza desde 2019 lo sitúa como el quinto río más estresado de una red de sesenta y uno monitorizados en Reino Unido, con problemas repetidos de sedimentos, nutrientes y episodios de baja calidad del agua aguas abajo del embalse del Chew Valley. En resumen, el sistema ya venía tocado.



A esto se suma un patrón que cualquiera en la zona reconoce. Lluvias intensas más frecuentes, avenidas rápidas, agua turbia color chocolate después de cada tormenta y orillas que se desmoronan poco a poco. El Chew lleva años recibiendo más presión de la que puede gestionar.

Árboles al agua para que el río vuelva a comportarse como un río

Lo que parece tala sin sentido es, en realidad, una técnica de restauración fluvial basada en la naturaleza. Los técnicos hablan de “madera muerta de gran tamaño”. Traducido al día a día, son troncos y ramas grandes colocados de forma estratégica dentro del cauce para que el agua deje de correr como por un canal liso y empiece a comportarse más como un río de bosque.



En un proyecto hermano en el arroyo Candlestick, un afluente del Chew en el distrito de Bath and North East Somerset, BART ha introducido árboles completos en puntos clave del cauce. El objetivo es muy concreto. Retener agua en los momentos de crecida, obligar al río a desbordarse hacia el bosque en algunos tramos, crear pozas y zonas de corriente lenta y favorecer que los sedimentos se queden atrapados río arriba en vez de bajar como una sopa marrón.

En la práctica, esto significa tres tipos de intervenciones que ya se están probando en el valle del Chew, según detalla el propio equipo en el terreno.

Por un lado se colocan troncos de gran tamaño que se mantienen en su sitio por su propio peso. A veces se apilan ramas y restos en “montones” compactos. Y en otros puntos se recurre al llamado “árbol articulado”, donde se tala el árbol pero se deja parte del tronco unido a la base para que la corriente no pueda llevárselo con facilidad. La idea es que esa madera funcione como un freno suave que rompa la velocidad del agua y reorganice el fondo del río sin llenarlo de hormigón.

Intervenciones ambientales en el río Chew | Vídeo: Mossy Earth

Estacas, alambres y lo que pasa cuando llega la primera gran lluvia

El papel lo aguanta todo. El río, no tanto. Después de una noche de lluvias fuertes, algunos de los troncos colocados en el Chew se soltaron y fueron arrastrados por la crecida. El problema no es solo estético. Madera suelta río abajo puede atascar puentes o generar nuevos puntos de erosión.

Por eso, el siguiente paso fue asegurar los troncos con estacas clavadas en las orillas y alambres que los fijan al terreno. En proyectos anteriores en el Chew, como el de Candlestick, se ha optado por postes de castaño y anclajes naturales para minimizar el uso de metal y mantener la intervención lo más cercana posible a un bosque de ribera que deja caer sus árboles de forma espontánea.

Se trata de encontrar el equilibrio incómodo entre dos miedos distintos. El miedo al río “limpio” pero erosionado, rápido y cargado de sedimentos. Y el miedo al tronco mal colocado que pueda suponer un riesgo en una riada.

Un río bajo lupa científica

Todo este movimiento con motosierras y troncos no se hace a ciegas. El Chew cuenta desde 2023 con un plan específico de recuperación de peces que prioriza actuaciones para aumentar la biodiversidad de agua dulce y mejorar los hábitats de freza a lo largo de todo el río. Ese plan se apoya tanto en datos biológicos como en mapas de proyectos concretos que se irán desplegando en los próximos años.

Además, el valle forma parte de un proyecto de “recuperación del paisaje” financiado por Defra y liderado por la ONG Avon Needs Trees. Bajo el paraguas de ese programa, se está creando el nuevo bosque Lower Chew Forest, con unas ciento setenta hectáreas, cien mil árboles nativos, humedales y praderas de alto valor ecológico, dentro de una intervención de casi ochocientas hectáreas que busca recuperar la naturaleza y reforzar la resiliencia frente a inundaciones y sequías.

En el fondo, todo encaja en la misma lógica. Más bosque y más madera en el cauce significan más capacidad del valle para retener agua, frenar las riadas y depurar parte de los nutrientes y sedimentos que hoy degradan el río.

Cómo sabremos si cortar árboles ha merecido la pena

La respuesta no vendrá de una foto bonita, sino de medidas repetidas con el tiempo. Los técnicos del Chew hablan de varios indicadores claros.

Si la intervención funciona, deberían aparecer más pozas y cambios de profundidad en tramos que antes eran casi un canal uniforme. Las zonas de baja velocidad deberían crecer, junto con barras de grava y sedimento estable que protejan las orillas. Y, muy importante, la cantidad de material fino en suspensión después de las tormentas debería reducirse en buena parte del tramo.

En paralelo se seguirán midiendo macroinvertebrados, calidad del agua y presencia de peces, igual que se viene haciendo en el Chew desde hace años, así como proyectos piloto con ADN ambiental que ya se han ensayado en el propio río y sus afluentes.

Para quien pasea por la ribera, los cambios visibles llegarán antes. Más troncos semisumergidos, pequeñas islas de grava, agua menos “en canal” y algo más de luz en puntos concretos del bosque de ribera donde se han abierto claros controlados. Puede que al principio resulte raro ver un árbol sano tumbado dentro del río. Pero el objetivo declarado es justo el contrario de la destrucción. Que el Chew deje de ser uno de los ríos más estresados del país y vuelva a parecerse un poco más a un río vivo.

La explicación técnica de estas actuaciones con madera y soluciones basadas en la naturaleza en el entorno del río Chew se recoge en detalle en el proyecto “Nature Based Solutions on the Candlestick Stream”, cuya nota de proyecto ha sido publicada en la web de Bristol Avon Rivers Trustl.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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