El increíble efecto mariposa de China: planta un bosque para frenar el desierto y acaba provocando sequías en África

Publicado el: 13 de febrero de 2026 a las 12:28
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Reforestación masiva en el norte de China para frenar el desierto del Gobi dentro del proyecto de la Gran Muralla Verde.

China frena el Gobi a costa del agua mientras África rediseña su Gran Muralla Verde
La gran muralla forestal china ha contenido la arena pero ha alterado el ciclo hidrológico según un estudio reciente y sirve de advertencia a la iniciativa africana que apuesta por mosaicos de restauración gestionados por las comunidades

Durante décadas China ha plantado millones de árboles en su frontera norte con un objetivo doble que parecía incuestionable contener el avance del desierto de Gobi y fijar carbono en el suelo. La operación ha creado un cinturón forestal visible desde el espacio y se ha presentado como ejemplo mundial en la lucha contra la desertificación y el cambio climático.



Ese megaproyecto conocido como Gran Muralla Verde de China ha impulsado el programa de los Tres Nortes con decenas de miles de millones de árboles plantados desde finales de los años setenta a lo largo de la franja septentrional del país para frenar las tormentas de arena que parten del Gobi y del Taklamakán. Los datos oficiales muestran que las superficies cubiertas por bosques han aumentado y que las grandes nubes de polvo que alcanzaban Pekín se han reducido en frecuencia y en intensidad.

La otra cara del proyecto ha tardado más en hacerse visible. Diversos trabajos científicos centrados en el programa de los Tres Nortes y en la reforestación masiva del norte chino señalan que los nuevos bosques han incrementado de forma notable la evapotranspiración y han modificado el balance hídrico regional. El agua que sube a la atmósfera desde estas masas arboladas se convierte en lluvia lejos de donde se captó y deja aún más expuestas a la escasez a las provincias semiáridas donde se concentra buena parte de la población y de la agricultura del país, precisamente las zonas donde la presión sobre el recurso ya era más crítica.



La competencia por el agua se ha hecho visible en los acuíferos en los ríos y en los suelos agrícolas. Plantaciones de especies de crecimiento rápido con alto consumo hídrico han secado galerías freáticas han reducido caudales locales y han obligado a algunos territorios a reforzar trasvases y grandes infraestructuras de transporte de agua. Este tipo de impactos está en el centro de los debates internacionales sobre desertificación y sequía que ya afectan a miles de millones de personas en todo el planeta.

Al mismo tiempo África ha ido reformulando su propia respuesta frente al avance del Sahara en la franja del Sahel. La Gran Muralla Verde de África nació como una línea de árboles que debía recorrer de oeste a este el borde del desierto pero con los años ha evolucionado hacia un mosaico de proyectos de restauración paisajística. En lugar de una barrera continua de monocultivos de rápido crecimiento los países implicados apuestan por recuperar funciones ecológicas del suelo por combinar pastoreo agricultura y arbolado y por reforzar la resiliencia de las comunidades rurales.

En esta región once estados trabajan para restaurar hasta cien millones de hectáreas degradadas capturar cientos de millones de toneladas de carbono y crear empleo verde en las zonas más vulnerables. La llamada Gran Muralla Verde africana se concreta sobre el terreno en iniciativas de agroforestería en regeneración natural asistida en cosecha de agua de lluvia y en árboles autóctonos adaptados a la aridez un enfoque que medios especializados han descrito como la mayor movilización de restauración ecológica del continente.

Poner en paralelo ambas historias revela que la reforestación es una herramienta poderosa pero también una ciencia de precisión. No basta con plantar millones de plántulas en el mapa. Es necesario elegir especies adaptadas al clima y al suelo gestionar el agua con cuidado planificar densidades de plantación y combinar los árboles con usos agrícolas y ganaderos. De lo contrario se corre el riesgo de que la propia reforestación agrave los problemas que se pretendían mitigar y acentúe la presión sobre acuíferos y cultivos.

Los especialistas recuerdan que la experiencia china encaja en una tendencia más amplia. La deforestación mundial se ha ralentizado en la última década pero la superficie de bosques sigue disminuyendo y muchos de los nuevos proyectos forestales son monotónicos poco diversos y vulnerables. Al mismo tiempo la demanda de tierra fértil de agua dulce y de alimentos aumenta con el crecimiento demográfico lo que eleva el riesgo de conflictos en regiones áridas y semiáridas.

Las lecciones que deja el choque entre árboles y agua en el norte de China también se observan en otras latitudes. En España las sequías prolongadas y el calor extremo ponen al límite sistemas agrícolas y masas forestales. Organismos científicos y administraciones alertan del riesgo de desertificación acelerada mientras crece el interés por la regeneración del suelo degradado y por modelos de producción que restauran materia orgánica y humedad en el terreno.

Tanto en el Sahel como en el norte de China se comprueba que un mapa más verde puede ocultar territorios más áridos. El éxito de una gran muralla de árboles ya no se mide solo en hectáreas plantadas sino en agua disponible en suelos vivos en cosechas estables y en comunidades capaces de resistir choques climáticos extremos.

El estudio que ha puesto cifras a estos cambios en el ciclo del agua se ha publicado en la revista científica Earth’s Future.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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