En el norte de Perú, entre raíces de mangle, barro húmedo y calor de más de 30 ºC, un equipo está sacando muestras de suelo como quien busca una pista bajo tierra. La pista no es oro ni petróleo, sino carbono azul, una forma de carbono almacenada en ecosistemas costeros que podría convertirse en financiación para proteger el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes.
La idea es sencilla de contar, pero difícil de demostrar. Si el carbono que guardan los manglares se mide bien, se verifica y supera los filtros legales, puede convertirse en créditos de carbono para empresas que quieran compensar emisiones. Pero aún no es un cheque en blanco. El proyecto sigue atado a datos, permisos y confianza.
Qué están midiendo
Jhon Puse introduce un barreno en la tierra húmeda y extrae el sedimento a un metro de profundidad. Después, Dely Ramos segmenta la muestra y la prepara para laboratorio, donde se analizará cuánto carbono se encuentra bajo el bosque de manglar.
No se elige cualquier punto. Antes de tomar la muestra, el equipo marca la zona y trabaja en sectores concretos del santuario, porque en este tipo de proyectos un error de muestreo puede cambiar toda la cuenta. Y aquí la cuenta importa mucho.
Por qué importa el carbono azul
El carbono azul es el carbono orgánico capturado y almacenado por ecosistemas costeros con vegetación, como manglares, marismas y praderas marinas. La Agencia Internacional de Energía Atómica recuerda que estos hábitats están presentes en todos los continentes salvo la Antártida y cubren unos 50 millones de hectáreas.
La clave está bajo los pies. En los manglares, buena parte del carbono queda guardada en sedimentos con poco oxígeno, donde la materia orgánica se descompone lentamente. Es como una caja fuerte natural, aunque si el ecosistema se destruye esa caja puede abrirse y devolver carbono a la atmósfera.
Un santuario clave
El Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes tiene 2.972 hectáreas y conserva la mayor extensión de manglares del país, según el Ministerio del Ambiente de Perú. Además, muchas familias locales dependen de recursos como el cangrejo del manglar, los langostinos y las conchas negras.
Desde 2017, el SERNANP mantiene un contrato de administración con el Consorcio Manglares del Noroeste del Perú, formado por asociaciones locales. Ese modelo de cogestión es importante porque no se trata solo de guardar árboles, sino de sostener una forma de vida. Y eso se nota en el terreno.
Las cifras sobre la mesa
El estudio de 2023 «Estimación de Biomasa y Carbono Azul en los Manglares de Tumbes», liderado por Dely Ramos, calculó un promedio de 366,61 megagramos de carbono por hectárea en los manglares de Tumbes. Dentro del santuario, la cifra sube a 458,72 megagramos por hectárea.
En total, la investigación reporta alrededor de 1.786.486,35 megagramos de carbono almacenado en los manglares de Tumbes. Traducido a CO₂ equivalente, son unos 6,55 millones de toneladas que no están en la atmósfera. No es poca cosa.
Restaurar también cuenta
Una parte delicada del debate es que conservar y restaurar no significan exactamente lo mismo en carbono. Un manglar sano guarda mucho carbono, pero un manglar degradado que vuelve a crecer puede absorber más durante su restauración.
Ramos lo resume con una idea muy clara. «Un bosque en crecimiento puede absorber mayor cantidad de carbono». En la práctica, esto explica por qué los inversores suelen mirar con especial interés las zonas degradadas que pueden restaurarse.
Del barro al mercado
El Consorcio Manglares explica que desde finales de 2022 comenzó el trabajo de campo para estimar el stock de carbono azul. En 2023 inició el proceso de certificación con el estándar Plan Vivo y elaboró una Nota de Idea de Proyecto, aprobada en noviembre de ese año, además de avanzar en el Documento de Diseño del Proyecto.
Plan Vivo mantiene el proyecto de Tumbes en su cartera de proyectos en proceso, bajo el nombre «Strengthening the resilience of Peru’s largest mangrove forest». El documento técnico plantea un área de 5.213,37 hectáreas con potencial de expansión y contempla protección del bosque y restauración en áreas de conservación ambiental.
El reto legal
Aquí empieza la parte menos vistosa, pero quizá la más importante. Para vender créditos de carbono no basta con medir sedimentos y prometer conservación. También hay que demostrar adicionalidad, derechos claros sobre el carbono, seguimiento y una metodología aceptada. Plan Vivo recuerda que los proyectos PV Climate deben usar metodologías aprobadas.
Según la información periodística más reciente disponible, el estándar Plan Vivo aún debía encajar con el Registro Nacional de Medidas de Mitigación del Ministerio del Ambiente peruano. Por eso el proyecto no puede leerse como una venta inmediata de bonos, sino como un camino técnico y regulatorio todavía abierto.
Quién debe beneficiarse
Los mercados de carbono han recibido críticas en América Latina por falta de transparencia, acuerdos confusos y comunidades que no siempre entienden cómo se negocian sus territorios. En Tumbes, esa sombra está presente. Nadie quiere que la conservación termine convertida en un contrato lejano que no mira a quienes viven del manglar.
Osvaldo Saavedra lo plantea de forma directa. Un proyecto de carbono debe estar «al servicio de la población local». Si los ingresos llegan, la promesa es financiar actividades del contrato de administración, proyectos económicos sostenibles y programas de inclusión social en el ecosistema manglar.
Lo que viene ahora
El siguiente paso es comprobar con más muestras lo que ya indican los cálculos. El equipo empezó en 2025 un plan de investigación para recolectar suelo y calcular no solo el carbono almacenado, sino también la tasa de captura a 10, 20 y 30 años.
La diferencia es enorme. No es lo mismo decir que el manglar guarda carbono que demostrar cuánto captura, cuánto puede perderse si se degrada y cuánto puede recuperarse si se restaura. Ahí se decidirá si Tumbes se convierte en un referente real de carbono azul en Perú o en un proyecto prometedor que aún necesita más pruebas.
La información oficial del proyecto ha sido publicada por el Consorcio Manglares del Noroeste del Perú.












