Un ejido de Chiapas, en el sur de México, acaba de comprometer 1.398 hectáreas de selva durante 99 años. Es Las Nubes, en el municipio de Maravilla Tenejapa. Ha recibido de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) el certificado del Área Destinada Voluntariamente a la Conservación La Caverna, una selva en Chiapas que nadie le obligó a proteger.
Lo curioso es quién da el paso. Las Nubes es famoso dentro y fuera del país por sus cascadas turquesa en el río Santo Domingo. En sus tierras vuelan loros, guacamayas y otras aves de colores muy vivos, y ahora sus vecinos han decidido blindar el bosque que lo hace posible.
Un saltarín en el logotipo
La nueva área tiene imagen propia, y no es un jaguar ni un tucán. Su logotipo oficial lleva al saltarín cabecirrojo norteño (Ceratopipra mentalis), un pájaro pequeño de cabeza roja. La Conanp lo presenta como el ave emblemática del lugar.
Según el comunicado, en La Caverna viven también el loro corona azul (Amazona farinosa) y el mosquero real (Onychorhynchus coronatus). A ellos se suma la guacamaya roja (Ara macao), una de las aves más vistosas del continente. Para quien observa pájaros, la lista dice bastante.
Debajo crece una selva alta perennifolia, de las que no pierden la hoja en todo el año. Hay caoba, cedro, ramón, chicozapote, guanacastle, tecomate, amate dorado y matapalo. También abundan las palmas, las epífitas y las formaciones rocosas.

La puerta de la Lacandona
En este caso, la ubicación pesa tanto como las especies. La Caverna está en la entrada a la Selva Lacandona, uno de los grandes bosques tropicales de México. Además, linda con los ejidos Gallo Giro, Santa Margarita, Plan de Santo Domingo y San José.
Por eso la Conanp habla de un «corredor biológico clave». Ayuda a unir la conservación de la Selva Lacandona con la Reserva de la Biosfera Montes Azules. Los animales necesitan pasillos de bosque para moverse, y una mancha aislada de selva sirve de poco.
El certificado, eso sí, solo se ha entregado al ejido Las Nubes, no a sus vecinos. Lo que hace La Caverna es tender un puente entre manchas de bosque que, sin ella, quedarían algo más sueltas. Es una pieza pequeña dentro de un mapa enorme, pero está bien colocada.
Agua guardada bajo la roca
Por sus características geológicas, el área tiene un papel prioritario en la captación de agua. Según el organismo, la guarda en los mantos freáticos y ayuda a regular el clima de la región. Es un servicio que no sale en las fotos de las cascadas, pero sin él el paisaje sería otro.
¿Qué supone eso para quien vive allí? La nota no lo concreta, pero el agua que se guarda bajo la selva es la misma que usa la región. El propio nombre de La Caverna da una pista de lo que pasa bajo tierra, aunque la nota no detalla cuevas concretas.
Cacao, milpa y acahuales maduros
Proteger la selva no significa cerrar la puerta a la gente. La delimitación incluye zonas de amortiguamiento con acahuales maduros de entre 10 y 15 años. Así se llama en México al monte que vuelve a crecer después de un desmonte.
Esos acahuales hacen de bisagra con las parcelas de la comunidad. Allí hay cacao cultivado bajo árboles, milpas tradicionales y ganadería de bajo impacto mezclada con arbolado. Y está el ecoturismo, claro, que en Las Nubes es casi una seña de identidad.
La Conanp quiere con este certificado «dignificar el esfuerzo comunitario» por cuidar el patrimonio natural. También busca asegurar alimentos y recursos para la población local. La educación ambiental completa la lista.

Cascadas turquesa y 400 vecinos
En el ejido viven cerca de 400 personas de origen tojolabal, chol y mame, según el comunicado oficial. Su fama viene de un río que baja en escalones de agua turquesa. La Conanp lo describe como un referente del turismo comunitario, en la línea del ecoturismo comunitario que mejora la vida de familias en Latinoamérica.
Ahí está la clave de la historia. Quien vive de los visitantes que llegan a ver el río tiene buenos motivos para cuidar la selva de alrededor. Y 99 años son casi cuatro generaciones.
Ni censo de aves ni presupuesto
Con todo, la nota de la Conanp deja preguntas abiertas. No da cifras de cuántas aves o árboles hay en las 1.398 hectáreas. Tampoco dice si el ejido recibirá dinero ni cómo se vigilará que nadie tale dentro.
Queda en el aire, además, qué pasaría si la comunidad cambiara de planes dentro de unos años. Lo que sí está claro es que la decisión salió del propio ejido. Para una comunidad que vive de su selva, no es poca cosa.
Todos los datos proceden del comunicado oficial de la Conanp del 13 de octubre de 2026. El organismo publicó también una galería de fotos de la entrega del certificado en Las Nubes.
Foto: Liliana Villeda Ruiz / Conanp













