«Es totalmente imposible que la transición a las energías renovables se produzca en cuestión de 15 ó 20 años»

Dado el actual consumo energético mundial, que aunque se ha estabilidado relativamente en algunos países desarrollados no ha parado de crecer a escala global, el pensar que en los próximos 15 ó 20 años se pudiera producir una transición de las energías fósiles a las renovables sería un planteamiento equivocado, o «totalmente imposible», como lo define Vaclav Smil, científico checo, profesor de la Universidad de Manitoba (Canadá) y experto en medio ambiente, economía global e ingeniería energética.

Considerado por la publicación estadounidense Foreign Policy como uno de los 100 pensadores globales más importantes, el autor interviene hoy en el Ene.Museo Nacional de la Energía en Ponferrada (León) en un coloquilo sobre el pasado, el presente y el futuro de la energía, un elemento necesario para «todo» lo que ocurre en el mundo actual y sobre el que se tiene que reflexionar y decidir de forma seria, no superficial, según ha trasladado a DiCYT en una entrevista.

 

Para el científico, es erróneo debatir sobre la conveniencia de un modelo basado exclusivamente en energías limpias o en energías fósiles, pues la civilización actual se sostiene en las segundas y sería inviable pensar en un cambio total hacia las renovables en un periodo tan corto como una generación. «Está muy bien buscar energías nuevas, pero ninguna va a desarrollarse tan rápidamente como para cubrir todas esas necesidades y la demanda. De manera que en los próximos 5 ó 10 años lo mejor que se puede hacer es adoptar medidas para incrementar la eficiencia de las energías que ya tenemos. Es la mejor oportunidad que tenemos y, por desgracia, hasta la fecha no hemos sido demasiado buenos haciéndolo, pero es la mejor opción de futuro y la más barata», ha expuesto.

 

Autodefinido como «interdisciplinario incorregible», el profesor ha expresado su convicción de que a largo plazo se deberá promover una disminución del consumo de energía, un esfuerzo que, sin embargo y aunque occidente lo plantee y lo consiga en su interior, ha visto difícil que sea secundado por los países en desarrollo. «Realmente no hay una solución fácil porque no se puede ejecutar una política común, ya que los países tienen distintos grados de desarrollo y cada uno tiene sus intereses particulares y sus fuentes de energía más accesibles». Además, «nadie se va a poner de acuerdo» en que «hay que parar», cuando quizá el que lo plantee «esté consumiendo 60 veces más» que otro, ha destacado.

 

Difícil solución

 

Mientras potencias mundiales como Estados Unidos han logrado equilibrar su consumo energético y, en el caso de Alemania, disminuirlo, en países como China se ha incrementado consumo en los últimos años. Y el de zonas en desarrollo, como África Subsahariana, es previsible que se multiplique en las próximas décadas.

 

Un ejemplo a este respecto es que «en 2003 Estados Unidos producía y consumía mil millones de toneladas de carbón» anuales. «China, en aquel momento, consumía 2.000 millones de toneladas. Cinco años después, Estados Unidos seguía consumiendo lo mismo y China había incrementado su consumo en 1.000 millones. Es «imposible» frenar esta tendencia, si ello conlleva el desarrollo del país, ha afirmado.

 

Smil ha asegurado que existen proyectos destinados a aminorar los efectos sobre la biosfera del uso de combustibles fósiles que son viables técnicamente, como el de captura de dióxido de carbono (CO2) llevado a cabo por la Fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN). Sin embargo, ha llamado a analizar estas técnicas de forma «realista», pues aún están en fase experimental y sus resultados se verán muy a largo plazo. Plantean, además, el debate de quién va a sufragar toda la inversión que se destine a ellos y el, quizá más importante, de cómo almacenarlo.

 

«Cuando esto empiece a crecer estaremos hablando de millones de toneladas de CO2 que hay que almacenar, de cientos de millones en un futuro relativamente próximo. Sólo si se capturara el 20 por ciento de los gases que se emiten estaríamos hablando de unas 5.000 millones de toneladas al año. El problema es, ¿quién está dispuesto a decir almacénalo aquí, debajo de mi casa?», ha señalado. En el futuro, esto puede ser un motivo de descontento muy similar al que se plantea hoy con la energía nuclear y dónde almacenar los residuos que genera, ha añadido.

 

«Explotación» de los recursos de la Tierra

 

Entre los diversos proyectos en los que Smil trabaja, se encuentra uno denominado Cosechar la biosfera, que pretende analizar todo lo que el hombre ha consumido de la naturaleza a lo largo de la historia, un proceso que afirma que está «al alza» y que da una idea de que nada en el planeta ha escapado a la mano del ser humano.

 

Para el profesor, es importante tener en cuenta que esta explotación va a llevar al hombre «por mal camino», pues cada vez está utilizando más combustibles fósiles o minerales. «Tiene que darse cuenta de que el principal recurso de la biosfera es lo que hay vivo y se podría vivir sin aluminio o sin oro, pero no sin la biosfera», por lo que es necesario «cuidarla y explotarla de manera más racional», ha concluido.

http://www.dicyt.com/

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