La anguila europea está en peligro crítico de extinción desde 2008, según la UICN. Su población se ha desplomado alrededor de un 90 % en apenas cuatro décadas, pero su pesca —incluida la de las exclusivas angulas— sigue abierta mientras las comunidades autónomas bloquean su mayor nivel de protección.
Más amenazada que el oso panda o el águila imperial, la especie protagoniza ahora un choque entre ciencia y política. Los expertos advierten que seguir capturándola puede empujarla hacia una extinción funcional de la que quizá solo nos demos cuenta cuando ya sea irreversible.
Durante décadas, la especie ha sufrido una caída drástica. Las causas son múltiples: la sobrepesca —especialmente de las angulas o ejemplares juveniles—, la construcción de presas que bloquean sus rutas migratorias, la contaminación de ríos y estuarios, los parásitos introducidos y el impacto del cambio climático en las corrientes oceánicas.
La anguila europea posee un ciclo vital extraordinario: nace en el mar de los Sargazos, viaja miles de kilómetros hasta los ríos europeos donde crece durante años y después regresa al océano para reproducirse. Cualquier interrupción en ese viaje puede resultar fatal para la especie.
La anguila europea está en peligro crítico de extinción y la ciencia pide cero capturas
Las comunidades frenan la protección de una especie cuya población ha caído un 90 % desde los años 80 y que la ciencia recomienda dejar de pescar.
Se trata de un animal escurridizo, lejos de los focos que suelen recibir otras especies amenazadas más populares como el lince, el oso pardo o el lobo. Pero la anguila ha saltado a la palestra estos días, después de que las comunidades frenaran la pasada semana el tercer intento del Gobierno de proteger la especie y prohibir así tanto su pesca como la de sus alevines, las exclusivas angulas.
Todo ello a pesar de que la anguila europea, la que vive en nuestras costas, se encuentra «en peligro crítico de extinción» desde 2008, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más amenazada, por tanto, que el oso panda o el águila imperial.
Un desplome del 90 % desde los años 80
Su población se ha reducido alrededor de un 90 % desde los años 80, época en la que se disparó su consumo a raíz de la globalización y popularización del sushi y la cocina japonesa, donde es un ingrediente básico.
«La situación es insostenible, no tiene sentido pescar anguila», señala a RTVE Noticias Miguel Clavero, científico de la Estación Biológica de Doñana del CSIC y uno de los mayores expertos en esta especie en nuestro país. Considera que es «imprescindible protegerla» o de lo contrario, su desaparición podría estar cerca.
Esta es la gran incógnita. Con una especie marina como esta no hay un umbral crítico que cale en el imaginario colectivo, tal y como ocurrió con el lince ibérico. Hace unas dos décadas su población cayó por debajo de los 100 ejemplares, el fin se vio cerca, saltaron las alarmas y se agilizaron las medidas para salvar a este felino.
Pero es muy difícil cuantificar cuántas anguilas quedan y dónde estaría este umbral. Quizá el equivalente a los 100 linces son 100 millones de anguilas, «porque hacen falta muchas para que funcione su ciclo», apunta Clavero.
Un ciclo vital único que complica su recuperación
Su largo y «alucinante» ciclo vital, en palabras de Félix Rodríguez de la Fuente, es precisamente la clave para entender el tiempo que le queda a la especie si se sigue pescando.
Este animal nace, desde hace 140 millones de años, en el misterioso mar de los Sargazos, una zona del Atlántico cercana a Cuba y Florida, y migra hasta Europa en forma de larva arrastrada por las corrientes en un periplo que puede durar dos años. Una vez aquí, primero como angulas y después como anguila ya madura, pasa varios años en costas, desembocaduras de ríos y humedales.
Finalmente, cuando sienten la llamada de la naturaleza, vuelven al mismo lugar en que nacieron para desovar y morir. Sus crías comienzan de nuevo entonces el periplo, sin parangón con otras especies. En total, el ciclo vital dura una media de entre 11 a 13 años.
Por este ciclo tan largo, «podría darse el caso de que la anguila esté funcionalmente extinta» y aún no lo sepamos. Es decir, que no queden suficientes animales para seguir alumbrando a una nueva generación, algo que solo comprobaríamos cuando tengan que volver a Europa en unos años.
Comunidades frente a Gobierno: quién asume el coste político
Para Clavero, como para el Ministerio de Transición Ecológica —quien propuso elevar la protección de este animal—, el voto en contra de las comunidades terminará perjudicando a los propios pescadores, que seguirán viendo cómo se reducen sus capturas de angulas y anguilas.
«No se trata de un debate político, sino de estar con la ciencia o contra la ciencia», lamentaba tras la reunión del pasado martes el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán. «Contra la ciencia, lo único que vamos a hacer es extinguir algunas de las oportunidades de desarrollo económico que tiene este país». Morán también avanzó que el Ministerio volverá a la carga con un cuarto intento de proteger la especie, después de los fracasos de 2020, 2024 y el actual.
En esta lucha han encontrado un aliado inesperado: algunos chefs más prestigiosos de la alta cocina española, como Andoni Luis Aduriz, Pedro Subijana, Joan Roca o Ángel León, que a través de la organización Euro-Toques impulsaron antes de Navidad la campaña «Angulas no, gracias» para promover el fin de su pesca.
Del lado contrario se sitúan las comunidades que votaron en contra de incluir a la anguila en el catálogo de especies protegidas —Galicia, Asturias, Cantabria, Murcia, Comunidad Valenciana y Baleares— y otras que pidieron recabar más información sobre la situación de la especie antes de abordar la prohibición de su pesca, como Euskadi o Cataluña.
En la reunión terminó imponiéndose esta última opción: Ministerio y comunidades acordaron crear un grupo de trabajo que siga analizando las tendencias de la población de cara a una futura decisión.
Para Clavero, el resultado de la reunión es más bien «una patada al balón para adelante». Las comunidades que se oponen a la protección de la especie se basan en tres argumentos: el primero, que no tiene sentido actuar solo en España ante una especie que se distribuye por gran parte de Europa.
«Si se tiene que hacer algún tipo de actuación, debería ser en el marco del Mediterráneo o en el marco de la Unión Europea (UE)«, decía tras la reunión el director de Política Marítima y Pesca Sostenible de la Generalitat catalana, Antoni Espanya.
La inclusión de la especie en el listado en nuestro país «simplemente llevaría a la prohibición de pesca en España, en Galicia, mientras en otros territorios limítrofes como Francia o Portugal podrían seguir pescándola y comercializándola», exponía por su parte la conselleira gallega de Mar, Marta Villaverde.
El segundo argumento que esgrimen es que la pesca es uno de los problemas que afectan a la especie, pero no el único, por lo que la veda a la pesca tendría además un «impacto socioeconómico» en el sector pesquero; y el tercero, que es necesaria más información sobre la evolución de la población.
Coinciden en todo ello desde el sector de la pesca. «España solo supone aproximadamente el 5 % de la biomasa [de la anguila]», explica el presidente de la Federación Nacional de Confederaciones de Pesca, Basilio Otero, por lo que «si no se toman acciones a nivel global», no va a haber un efecto visible respecto a su recuperación.
Recuerda asimismo que la pesca de angulas y anguilas está sometida ya a «una regulación estricta», la mayor de todas las especies, y solamente se puede pescar 30 días al año. Andalucía impuso una moratoria a su captura de diez años en 2010 —renovada en 2020— y en el País Vasco hay una veda en vigor esta temporada. En todo el territorio de la Unión Europea la pesca recreativa de la especie está prohibida desde 2023.
Otero calcula que toda la cadena de valor de la angula, no solo su pesca, mueve en torno a unos 500 millones de euros al año en nuestro país, mientras que hay unas 500 personas que dependen de su pesca. Reconoce, eso sí, que no hay nadie en España que viva exclusivamente de la angula ni de la anguila. En el caso de la angula, sobre todo, cuyos precios rondan los 600 o 700 euros el kilo, su pesquería sirve para complementar ingresos.
ICES y UICN coinciden: fuera de límites biológicos seguros
Su largo y «alucinante» ciclo vital, en palabras de Félix Rodríguez de la Fuente, es precisamente la clave para entender el tiempo que le queda a la especie si se sigue pescando.
Para el científico del CSIC Miguel Clavero, los argumentos de las comunidades no se sostienen. Sí que hay información suficiente sobre la evolución de su población, recalca. Según los datos del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES), organismo asesor de la UE en temas de pesca, la especie se encuentra ya fuera de sus límites biológicos de seguridad, por lo que desde 2021 este organismo recomienda «cero capturas».
Mientras, una evaluación científica específica para España de la UICN elaborada en 2025, y basada precisamente en los datos de las comunidades que ahora se oponen a su protección, insistió en que la especie está en peligro crítico, lo mismo que un dictamen de 2024 del Comité Científico del Miteco, organismo compuesto en su mayoría por expertos propuestos por las autonomías.
Sobre el argumento de la poca eficacia de una regulación nacional ante un problema global, Clavero admite que la decisión de España tendría una relevancia «limitada» y que tendría que «dejar de pescarse en toda su área de distribución», fundamentalmente la UE, Reino Unido y Marruecos.
Pero cree que no legislar, porque no lo hacen los demás, es una «excusa» de las comunidades y «un razonamiento perverso». «En esta situación tienes que asumir tu responsabilidad y después exigirles a los demás que cumplan con la suya», defiende.
La razón real por la que las autonomías no quieren prohibir la pesca de la especie es que no quieren ser ellas las que carguen con el «peso» de esa decisión, porque se «mancharían» ante el sector primario, y prefieren pasarle la responsabilidad a Europa.
En cuanto al peso de la pesca dentro del declive general de la anguila, explica que, aunque no sea el único factor, sí es con toda probabilidad el principal. «El derrumbe de la anguila ha sido repentino y muy intenso y se produce justo en el momento en el que se intensifica mucho la explotación«.
Pero además, aunque haya otros culpables en la ecuación, la especie nunca se podrá recuperar si se siguen capturando ejemplares.
La anguila es solo una más de la interminable lista de especies llevadas al borde del precipicio por el ser humano, quien está provocando la sexta extinción masiva de especies de la historia de la vida en la Tierra. En una situación normal, veríamos desaparecer una especie cada cientos de años, pero la tasa de extinción actual se estima que supera por cien o mil veces este ritmo, y en el lapso que dura una vida humana podemos ver cientos de especies desaparecer.
Si la anguila europea, una especie con un periplo vital único y de la que todavía sabemos poco, se une a la larga lista de animales extintos junto al dodo o el bisonte europeo, dependerá, con toda probabilidad, de las acciones que se tomen ahora.
La situación de la anguila europea simboliza un reto mayor: proteger una especie migratoria que atraviesa fronteras, ecosistemas y normativas distintas. Su supervivencia dependerá de políticas coordinadas, restauración de ríos, control real del comercio y una reducción efectiva de la presión pesquera antes de que su viaje milenario desaparezca definitivamente. Seguir leyendo en NATURALEZA.

















