Las dos mayores eléctricas de Alemania, E.On y RWE, se van de España. Por qué

Por otro lado la aún mayor RWE, que no quiere seguir con Repsol en los proyectos de exploración petrolífera en Canarias. Justo cuando esos proyectos acaban de ser autorizados por el Gobierno español, en medio de un rechazo social y político sin precedentes.

¿Por qué RWE, la mayor eléctrica alemana, abandona a Repsol justo cuando el Gobierno le ha concedido la licencia para explorar pozos en Canarias? Seguramente Merkel y Rajoy han hablado de ello durante sus seis kilómetros de paseo por el Camino de Santiago, junto con el otro abandono, el de E.On, que también se quiere ir de España.

Nada menos que las dos mayores eléctricas de Alemania, E.On y RWE, han dicho que quieren deshacerse de sus negocios en España. ¿Por qué?

Por un lado E.On, que en su día quiso comprar Endesa en lo que fue el culebrón energético de la primera década de este siglo en nuestro país, y que terminó con la eléctrica española en manos de la italiana Enel, con la condición de que Endesa debería desprenderse de un trocito, aquel que en su día era Viesgo, que quedó en poder de E.On. Muchos de esos activos eran térmicas de carbón, como la de Los Barrios (Cádiz) que Endesa querría ampliar. De eso es de lo que E.On ahora se quiere desprender.

Por otro lado la aún mayor RWE, que no quiere seguir con Repsol en los proyectos de exploración petrolífera en Canarias. Justo cuando esos proyectos acaban de ser autorizados por el Gobierno español, en medio de un rechazo social y político sin precedentes.

¿Cómo es que los gigantes energéticos alemanes no quieren seguir en un país como España, donde sus actividades gozan del beneplácito del Gobierno? ¿Es que no se fían?

Pues parece que no, y motivos no les faltan. Estas dos grandes eléctricas ignoraron durante décadas las señales políticas y económicas que indicaban que el sistema energético estaba cambiando. Como explica el informe de Greenpeace “Atrapados en el pasado”, estas compañías decidieron mantener su negocio ligado a la energía nuclear, al carbón y al gas, cuando en su país las renovables cogían cada vez más fuerza.

Tal vez pensaban que un gobierno conservador como el de Merkel volvería a poner las cosas en su sitio, donde querían las eléctricas, pero fue al revés: tras la catástrofe de Fukushima, el Gobierno alemán puso en marcha su reforma energética definitiva, la llamada “Energiewende” (“transición energética”), que pone fecha de caducidad a todas sus centrales nucleares (la última cerrará en 2022) y dirige el país a un sistema 100% renovable.

Hoy en día, las eléctricas alemanas han reconocido su error, como dijo el propio presidente de RWE tras la presentación del citado informe de Greenpeace: “Sí, también cometimos errores. Empezamos a invertir en renovables tarde, ¡probablemente demasiado tarde!”. Y mientras, los recortes a las renovables en España están denunciados ante el Banco Mundial, por entidades vinculadas, entre otros, al banco alemán Deutsche Bank.

En ese contexto de “gato escaldado” se entiende las empresas alemanas no se fíen de un país como España, donde el Gobierno pone un lecho de rosas a las inversiones en energía sucia y pone alambradas de espinas a todo lo que tenga que ver con renovables. Las eléctricas alemanas saben, por propia experiencia, que un gobierno al servicio de las eléctricas pero contrario al signo de los tiempos no se puede sostener, y que tarde o temprano la revolución energética que ya está viviendo Alemania y que, no olvidemos, ya empezó a conocer España antes de Rajoy, se acabará por imponer.

Y en esa situación, aquellas empresas que hayan centrado su negocio en la búsqueda de más combustibles fósiles, como Repsol en Canarias, o en la explotación a toda costa de sus centrales nucleares y térmicas, como Iberdrola o Endesa, se acabarán encontrando con la horma de su zapato: la inseguridad jurídica que ellas mismas han promovido contra las renovableshace que cualquier inversión en energía en este país tenga demasiado riesgo. Incluso aquellas que el Gobierno quiere impulsar.

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